En la homilía que me manda hoy Santi se extiende sobre la sintaxis y la imposibilidad de desentrañar el misterio que encierra en sí. Siempre que he pensado en la sintaxis he acabado creyendo en Dios. Es un decir. Busco y no encuentro nada en la creación que me parezca más sorprendente. Algo tan maravillosamente sofisticado que nos viene dado por pertenecer a una determinada especie. Quizá eso que llamamos inteligencia no sea más que un afinamiento del don de la sintaxis. El que de forma innata coloca las palabras en su lugar exacto es el que entiende y se hace entender mejor. Es, en definitiva, el inteligente.
Y así es como llegamos a las matemáticas. Sigo escuchando la conferencia de Villani sobre Pascal. Las matemáticas en el corazón de la humanidad. Las matemáticas y la inteligencia van de la mano. Las unas sin la otra es un imposible metafísico. La precisión sintáctica de un enunciado es lo que sirve en bandeja la solución. Por esa precisión, privilegio de unos pocos, supongo que será que se dice que las matemáticas es el lenguaje con el que se entienden los dioses entre sí.
Por cierto, que de la mano de esa conferencia he llegado a los Pensamientos de Pascal, uno de los libros de mi magra biblioteca que apenas ojeé, u hojeé, en su día y con el que espero pasar muy buenos ratos en un futuro que por imperativo categórico, o biológico si mejor quieren, tiene que ser inmediato. Ya les iré contando.
Sí, creo que es así. Quizá el misterio más importante del ser humano sea el misterio del lenguaje, y, dentro de este, el de la interconexión de la sintaxis y la semántica. Son sistemas enormemente complejos —como la matemática, la física, la economía...— de los que solo podemos vislumbrar destellos de verdad, pero esos destellos son, quizá, lo más valioso de la existencia humana.
ResponderEliminarComo le pasaba a Feynman, siempre he sentido pena por aquella gente que nunca ha tenido valor para enfrentarse a ningún sistema complejo. No creo que haya un mayor desperdicio de la vida que ese. Desde mi punto de vista muy personal, es la mayor prueba de cobardía que puede dar un ser humano.
Quizá esto que llamamos carreras universitarias no sea más que iniciarse en el estudio de un sitema complejo. Te sienta las bases para que luego, si eres valiente, te adentres en él. Cosa que no es muy frecuente, entre otras razones, supongo, porque el diletantismo es mucho más rentable a efectos sociales. En fin, también los efectos sociales son complejos donde los haya.
EliminarCreo que has dado en el blanco: dominar, digamos, un manual de Física, amén de un conocimiento suficiente de Cálculo, requiere una inversión enorme de tiempo y esfuerzo intelectual. Con una fracción de ese tiempo puedes leer un montón de libros de divulgación, media Wikipedia, las cuatro novelas policíacas de moda, las críticas pertinentes de restaurantes y vinos y, además, te sobrará para visitar la playa y el chiringuito a los que quiere ir todo el mundo, decorar tu casa como si fuera la mansión de Silvestre Stalone y ver las todas las series culturetas de Netflix. A la hora de la socialización y hasta del ligoteo el diletante gana por goleada.
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