viernes, 8 de marzo de 2024

Tragicomedia

El Dr. Coleman es un vejete que sigue en la brecha. A lo largo de su vida ha vendido muchos millones de libros dedicados a la divulgación médica. Libros que, por cierto, siempre fueron considerados de gran calidad, tanto en el plano literario como en el científico. Y en esto llegó la pandemia y al Dr. Coleman no se la pegaron. Desde el primer momento puso negro sobre blanco y no tardó ni dos días en ser demonizado y relegado a los márgenes de la información. Pero dio igual porque sus vídeos en las plataformas malditas siguieron estando visitados por millones de personas de todo el mundo. Y, justo ahora, acaba de poner la guinda al pastel de su éxito: nada más ni nada menos que la mismísima Casa Blanca ha pedido abiertamente a las plataformas digitales que boicoteen sus vídeos. Me imagino que esta es exactamente la propaganda que necesitaba para que las visitas de sus vídeos pasen de ser contadas en millones a serlo en billones. ¡Pero mira que se vuelven necios los poderes púbicos cuando están en las últimas! Entonces parece que todo lo que hacen es para favorecer a sus oponentes. 

Leía ayer la parte de las memorias de Casanova en la que cuenta sus andanzas por España. Corría la segunda mitad del XVIII y el poder de la Iglesia era omnímodo. La Inquisición era una barrera que pretendía ser infranqueable a las ideas ilustradas que imperaban por doquier. Como siempre que se intentó poner puertas al campo los resultados obtenidos tuvieron más de cómicos que de trágicos, aunque, a los que les tocó la china, pocas bromas sobre el asunto. Todavía, siendo yo niño, pude experimentar en carne propia las delicias del remedo de Inquisición tras el que Franco buscaba parapetarse. No duró mucho porque Franco, que era un tipo listo, rápidamente cayó en la cuenta de que era mucho más práctico y rentable parapetarse tras la religión comunista. Entonces fue cuando sacó a todos aquellos curas del cinturón de incienso de Salamanca y los puso a dar clases en los institutos de enseñanza media que desparramó con generosidad por toda la nación. Total, de Jesucristo a Marx solo había que dar un pasito al alcance de los más lerdos. 

Pues sí, en esas estamos, que la Inquisición, como aquel dinosaurio del cuento de Monterroso, al despertar, todavía estaba allí. Y estará por los siglos de los siglos, porque todo poder terrenal siempre se sustentó en la verdad de ayer convertida en la mentira de hoy. Y hay que evitar por todos los medios que corra por ahí la voz de esa transformación.  inevitable. Es como una maldición que los poderes tratan de conjurar recurriendo al arte del birli-birloque: nada por aquí, nada por allá. Es la tragicomedia en que consiste la vida: los peores tratando de parar los pies a los mejores. En definitiva, un imposible metafísico. ¡Y qué le vamos a hacer! 

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