domingo, 24 de marzo de 2024

Telegram

 Es muy gracioso todo esto que está pasando. De pronto va un juez de esos que les gusta mucho estar en el candelero y, a instancias de unos otrora poderosos grupos mediáticos, manda cerrar la plataforma de mensajería Telegram. Una menudencia, claro está, ya que Telegram solo tiene nueve millones de usuarios en España y novecientos millones en todo el mundo. Pues nada, el juez ese que tanto sale fotografiado en el ¡Hola! y demás revistas del corazón ha decidido que se jodan los nueve millones entre los que me encuentro. ¡Vana pretensión! Ayer mismo había en YouTube cientos de vídeos explicando cómo se puede seguir usando esa plataforma por medio cien mil subterfugios de fácil implementación. Es lo que tiene el invento internáutico, que ofrece multitud de caminos para ir a Roma, de tal forma que hace materialmente imposible controlar siquiera una mínima parte de ellos. 

La cuestión aquí es que Telegram es una plataforma que no colabora con las autoridades competentes en la cosa de controlar lo que dicen sus usuarios. Por eso, cuando lo de la famosa pandemia, los que recurríamos a ella nos pudimos enterar de qué iba el pastel. Que no por otra causa fue que se debatiese por muchas horas en los parlamentos de Alemania e Inglaterra, entre otros, sobre la conveniencia de cerrar esa plataforma. Lo que pasó es que ingleses y alemanes, un poco más avisados que los españoles en el asunto tecnológico, comprendieron pronto que tal medida era de todo punto impracticable. 

En realidad, lo que ha hecho ese juez del ¡Hola! no ha sido otra cosa que hacer propaganda a Telegram para que, de ésta, doble los usuarios que tiene en España. Gente que no sabía que ahí te puedes enterar de muchas cosas que en otros medios ocultan, ahora lo van a saber y se van a apuntar al invento. Todo ello no son más que los estertores de un poder que hace agua por todas las partes. Como dice Milei, ellos, los políticos, creen que la gente los ama, pero la realidad es que la gente sabe que son una mierda y les desprecia. 

En fin, así corre el mundo en estos albores de un nuevo orden propiciado por los avances tecnológicos. Siempre, todos los que hubo en el pasado, estuvieron en el centro de todas las revoluciones. El poder intentó utilizarlos para dar una vuelta de tueca a su capacidad opresora y la ciudadanía se sirvió de ellos para desatar unas cuantas ligaduras de las que pone el poder para mantenerse. La típica dialéctica de los cojones... ¿a ver quién tiene más? Bueno, yo diría, pecando de optimista, que la ciudadanía va ganando poco a poco en libertad... aunque eso de la libertad, juraría, es algo muy personal. Siempre hubo gente libre y siempre la habrá esclava porque cada uno nace como nace y si naciste sin cojones, pues, a lo que el señor guste mandar. Y Telegram, ni me lo mientes. Cosa de conspiranoicos. 

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