sábado, 16 de marzo de 2024

Civilización

En mi nada humilde opinión no hay en estos momentos voz que más merezca la pena escuchar que la de Miguel Anxo Bastos. Es una voz de esperanza frente a todas las de muerte que dominan el panorama político. Y es que es inútil intentar apuntalar lo que se está derrumbando por sobrecarga de ornamento: todas esas leyes bonitas con las que se estaba pretendiendo construir el paraíso en la tierra. ¡Mira que hay que ser tontos todo el tiempo para creer que eso es posible! Al final lo que se ha conseguido es poner a la vida un corsé de hojalata que ni protege de nada ni deja respirar. 

En realidad, si bien lo consideramos, a quien más se parece Miguel Anxo es a Adolf Loos, el de Ornamento y Delito. Lo que quieren los dos no es más que lo que cualquiera que piense hace con su propia vida: desprenderse de lo inútil. O, si quieren, aquella exclamación socrática: ¡cuánto hay que no necesito!  

Escribe Adolf Loos:

 "Descubrí lo siguiente y lo comuniqué al mundo: La evolución cultural equivale a la eliminación del ornamento del objeto usual. Creí con ello proporcionar a la humanidad algo nuevo con lo que alegrarse, pero no me lo ha agradecido. Se pusieron tristes y su ánimo decayó. Lo que les preocupaba era saber que no se podía producir un ornamento nuevo. ¿Cómo no es posible para nosotros, hombres del siglo XIX, lo que sabe cualquier negro, lo que todos los pueblos y épocas anteriores a nosotros han sabido? Lo que el género humano había creado miles de años atrás sin ornamentos fue despreciado y destruido. No poseemos bancos de carpintería de la época carolingia, pero el menor objeto carente de valor que estuviera ornamentado se conservó, se limpió cuidadosamente y se edificaron pomposos palacios para albergarlo. Los hombres pasean entristecidos ante las vitrinas, avergonzándose de su actual impotencia. Cada época tiene su estilo, ¿sólo la nuestra carecerá de uno que le sea propio? Por estilo se quería entender ornamento. Por tanto, dije: ¡No lloréis! Lo que constituye la grandeza de nuestra época es que es incapaz de realizar un ornamento nuevo. Hemos vencido al ornamento. Nos hemos dominado hasta el punto de que ya no hay ornamentos. Ved, está cercano el tiempo en que las calles de las ciudades brillarán como muros blancos. Como Sión, la ciudad santa, la capital del cielo. Entonces lo habremos conseguido."

Pues sí, en eso consiste la esperanza para mí, en no acumular nada que no me sea útil, es decir, que no utilice a diario. Compro un libro y, tan pronto lo leo, me deshago de él. Y sí, hay dos o tres docenas de ellos que conservo porque los consulto de continuo. Y, así, con todo. Nadie verá adornos en las paredes de mi casa. Nadie me verá yendo a donde no se me ha perdido nada. Nadie me verá informándome de lo que no me concierne. Nadie me verá extasiándome ante la vitrina de cualquier museo. Nadie me verá acudir a cualquier baile de vampiros... ¡Mis queridos, leed Ornamento y Delito y escuchad a Miguel Anxo y os daréis cuenta de todo lo que os falta para estar un poco civilizados! 

6 comentarios:

  1. El apocalipsis. Imagínate que desaparece todo ornamento, que todas esas tiendas de cosas bonitas, con sus tenderos, desaparecen, que los camioneros que mueven el ornamento, junto a todo lo que hay alrededor de ellos (mozos de almacén, bodegueros, gasolineras, puticlubs...) también desaparece. Imagínate a todos esos millones de personas, que viven por y para el ornamento, encerrados en su habitación, subiéndose por las paredes y explotando en mil pedazos, sin saber qué hacer, sin tener qué gastar en bares, sin poder sacar a la mujer de casa en vacaciones, sin poder trasegar gin tónic y patatas fritas... Acabarían juntándose todos esos que no saben vivir sin el ornamento y, como ya hicieron antes, cogerían sus fusiles y acabarían arramblando con Polonia por enésima vez.
    Keynes lo entendió bien: el keynesianismo no fue sino un monumento teórico que no habría sostenido sin la piedra angular del ornamento.

    ResponderEliminar
  2. Sí, sería complicada la transición a un mundo sin ornamentos, pero el mundo de lo útil es infinito. Imáginate si la gente se gastase todo lo del ornamento en tener buenas casas, buena comida, buena educación... ¡anda que no hay tajo!

    ResponderEliminar
  3. La gente está convencida de que ya se gasta el dinero en buenas casas, en buena comida y en buena educación, pero la realidad es que vive en casas, come alimentos y recibe educaciones que son casi siempre meros ornamentos. Un ejemplo: antes en las escuelas se leía a Quevedo; hoy se lee a Pérez Reverte. Sin embargo, se repite que la juventud actual es la mejor preparada de la historia de España…

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Esa es la cuestión, que mientras el Estado se haga cargo de la educación se seguirá leyendo a Reverte y Quevedo será el de aquellos viejos chistes.

      Eliminar
  4. Bueno, no sé si eso será tan simple: fíjate que cuando el franquismo, donde el Estado, por activa o por pasiva, se hizo cargo de la educación, se leía a Quevedo y a Góngora, se estudiaban seis años de latín en el bachillerato y se explicaban en PREU las matemáticas que ahora muchas veces no sabe un estudiante de los primeros cursos de ingeniería…

    ResponderEliminar
  5. Sí, es verdad, quizá no sea el Estado, sino el Estado socialista. O vete a saber, porque con todas estas ortopedias tecnológicas algo tiene que estar pasando en las cabezas.

    ResponderEliminar