He decidido publicar en Amazon el relato de los días aciagos del confinamiento de marras cuyas causas sigo sin entender. Lo voy a titular "Tiempos de pestilencia políticamente inducida". En realidad, no tengo que devanarme mucho los sesos ya que, por aquellos días, escribí largo y tendido sobre la miserable cotidianidad impuesta por la fuerza, no la de los acontecimientos, sino la del Estado opresor. El caso es que al releerlo me doy cuenta de que, si bien con un punto de amargura, me lo tomé bastante a chanza. Más o menos como pasa con los esperpentos, que, en la práctica, no otra cosa fue aquello.
Lo realmente maravilloso de todo esto es la parsimonia con la que una parte de la población, no sé hasta qué punto mayoritaria, sigue creyendo, que no pensando, que todo aquello fue conforme a derecho, a la ciencia y, sobre todo, al sentido común. Y no menos maravilloso es el soterrado y persistente status social de renegados que alcanzaron los que no se creyeron el embeleco. Aún hoy día, los que rehusaron la inmunización artificial, tienen grabado a fuego un label de patibularios con permiso carcelario. Ya saben, se les acepta porque la religión dominante tiene entre sus más queridos preceptos el de la tolerancia a "tota ultrança", por decirlo al modo caballeresco. Pero, ¡ay, el recelo! Eso, a duras penas se puede disimular. Yo lo entiendo, porque es muy doloroso reconocer el haber tenido una equivocación tan necia que te podía haber llevado por delante.
Lo voy a publicar, digo, convencido al casi cien por cien de que nadie lo va a leer, pero tampoco es que yo pretenda lectores; por lo que lo hago es porque pienso que en los tiempos venideros los investigadores de la historia recurrirán a los archivos de Amazon, más, incluso, que a los de las bibliotecas nacionales y a los de las demás instituciones estatales. Por así decirlo, Amazon desoficializa el sentido de la historia. Los Estados van a tener que inventar otros procedimientos para lavar el cerebro de las masas.
En resumidas cuentas, que voy a estar entretenido con este morbo unos cuantos días... o meses, siempre y cuando, si es que Dios quiere.