Me habla Santi acerca de la importancia de las matemáticas en el estudio de la lingüística. Yo bien que le creo porque no hay fenómeno natural, y lengua quizá sea el más sofisticado de todos, cuyo intento de comprensión no pase por la utilización de las matemáticas como herramienta imprescindible. Esto es algo que lo comprendí a la perfección cuando pretendía dedicarme a la fisiología; con mis conocimientos matemáticos de entonces nunca podría haber pasado de la condición de auxiliar de laboratorio. Así que lo dejé y me fui a ganarme la vida de practicón, que para eso solo se necesitan las cuatro reglas y un poco de picardía. Ya ven, con lo lógico que hubiera sido que me hubiese puesto a estudiar matemáticas cuando tenía a mi cargo todos aquellos sofisticados aparatos de medición. Pero no supe verlo, quizá porque, aunque andaba tratando de disimularlo, arrastraba la típica depresión de los que empiezan a hacerse conscientes de sus vergonzantes limitaciones.
Pero agua pasada, no mueve molino. Así es que, luego, cuando ya, en teoría, no me servían para nada, di en interesarme por las matemáticas y les puedo asegurar que nunca hice cosa que me proporcionase tanto gozoso entretenimiento. Es un continuo ir maravillándote con la potencia de la mente humana que fue capaz de llegar a tales desvelamientos. Sin duda hay algo como de divino en nosotros. Eso que tantas veces nos hace caer en el pecado de soberbia y, por tal, nos arroja a los infiernos.
Ayer mismo estaba viendo un vídeo sobre logaritmos. Los naturales concretamente, los que tienen como base el número e. Pues bien, el proceso que va desde que Nieper fabricase las tablas que permitían utilizarlos hasta que Euler descubre que la base de esos logaritmos es el número e dura más de un siglo. ¡Cómo pudo ser eso? Pues ese es el misterio que se desvela en el video que les comento. El número e: 2.718281828459045235360..., algo tan prosaico y que, sin embargo, encierra dentro de sí un mundo de posibilidades. Pocas revoluciones silenciosas tuvieron tanta trascendencia como el descubrimiento de ese número. Porque esa es la cuestión, que son las matemáticas las que lo trastocan todo.
En fin, totalmente de acuerdo con Santi en que eso de diferenciar los estudios en de letras y de ciencias es una barbaridad. Los estudios de filología deberían incluir las matemáticas. Y los de medicina, ya, ni te digo.
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