domingo, 26 de mayo de 2024

Trapaza

 "No hay mujer, por humilde que sea, que, si ha nacido con razonable cara, no tenga por ella alguna vanidad que la dé presunción"

Está aquí el autor, Alonso de Castillo Solórzano, describiendo a la madre del bachiller Trapaza. Justo ayer comencé a leer por primera vez en mi vida las aventuras de este bachiller y pienso que me voy a divertir. Es un libro publicado el año1637, en pleno siglo de oro de la literatura española, y quizá por eso haya pasado un tanto desapercibido, entre tanta excelencia. 

Me pregunto cómo describiría un autor actual los ciertos peligros que acechan a toda mujer cuando la naturaleza le da un físico agraciado. Al respecto, Gracián se explaya en el Criticón advirtiendo de lo infelices que suelen acabar siendo cuando la hermosura no se hace acompañar por una inteligencia superior a la normal, cosa que, por desgracia, suele ser la excepción. Supongo que no por otro motivo fue que el pueblo llano se inventase lo de que la suerte de la fea, la guapa la desea. Pero no era a esta evidencia a la que me quería referir, sino a la precisión del lenguaje con la que se describe esa evidencia. Mi percepción es que del siglo de oro para acá no hemos hecho otra cosa que ir perdiendo precisión. No en todos los casos, claro está, que siempre hubo gente que fue a Salamanca a estudiar las lenguas clásicas, pero también son la excepción. La inmensa mayoría de la literatura contemporánea que he tratado de leer me aburre a las pocas páginas y pienso que es por eso precisamente, porque el lenguaje es anodino, sin destellos de lucidez. En definitiva, lo que el periodista Sostres definió tan magistralmente cuando la llamó literatura para chachas... aunque, también, pienso, se podría decir, para comunistas, es decir, esa gente que a todo lo que acude es siempre en búsqueda de afinidad ideológica, cosa que, por cierto, es bien conocida por los literatos de cámara del poder en curso. 

Uno nunca sabe, porque, aunque el profesor García Maestro diga que la opinión es el virus de la ignorancia -él no para de opinar- y, Nietzsche opine que opinión es sinónimo de situación, el caso es que quizá no haya síntoma que mejor exprese la decadencia de la especie -el progresivo tránsito de la condición de individuo a la de miembro del rebaño-, que el empobrecimiento del lenguaje. La ausencia en él de los  destellos que iluminan y espolean a la inteligencia. En fin, mera opinión.  

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