lunes, 27 de mayo de 2024

Aplanar la curva

Conocido es de cualquiera que no esté enfermo de ideología que la primera víctima de toda guerra es la verdad. Esto ha sido lo primero que me ha venido a la cabeza cuando he visto la noticia de lo que, dicen, está pasando en Ukrania. Los pocos hombres que se aventuran a salir a la calle son inmediatamente atrapados, llevados a una instalación militar para un breve periodo de entrenamiento, tras el cual son enviados al frente en donde por término medio tienen una supervivencia de tres horas. Tal es lo que cuentan los ucranianos refugiados en Hungría, en donde también viven escondidos por miedo a ser secuestrados por los servicios secretos ucranianos. Bueno, Santander, no digo lleno, pero hay ucranianos para dar y tomar. Los rusos, por lo visto, se amontonan en Valladolid. Eso es lo que me ha dicho el que limpia la escalera que es moldavo. 

En definitiva, no sabemos más que una cosa, que en estos momentos, lo mismo en Ukrania que en Palestina, hay gente atrapada que pierde la vida como si fuesen moscas. Porque esa es la cruda realidad, que para la gente que está en los despachos del poder el pueblo llano es, poco más o menos, como un enjambre de moscas que hay que liquidar para que dejen de molestar. Es lo que tiene alcanzar ese status que en cuatro días trastoca de tal modo la cabeza que la hace pensar que se es Dios. Y claro, para las moscas de a pie, los designios de Dios son inescrutables.  

Cuando uno lee a Heródoto, el primer historiador, por así decirlo, se da cuenta de que siempre ha sido así: gente muriendo como moscas porque la gente que está en los despachos tiene unos designios inescrutables. Quizá no sea más que lo que decía Malthus, o sea, que hay que aplanar la curva, como cuando lo de la famosa pandemia. Y es que cuando el crecimiento exponencial de las moscas se acompaña de un crecimiento aritmético de la mierda, las cosas no pueden funcionar. Fue el matemático Verhulst el que puso fórmula al conflicto de la naturaleza que describió Malthus. Una fórmula bellísima. Sal Khan dedica uno de sus vídeos a explicar su génesis. Hasta el más tonto lo puede entender a poco cálculo infinitesimal que sepa. Porque esa es la cuestión, que sin conocer el cálculo infinitesimal se pueden entender muy pocas cosas y todas irrelevantes. 

En fin, gracias infinitas a los dioses por haberme concedido una vida en la que a nadie se le ocurrió querer aplanar la curva por donde yo andaba. Aunque hace unos cuatro años hubo amagos, pero tan burdos que fue fácil escaquearse con solo conocer los rudimentos de ese cálculo que les decía. ¡Qué mundo éste, por Dios! 

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