Tenemos una primavera bastante cabrita, con vientos frescos del oeste, sol entre nubes y luvias intermitentes. No inspira deseos de lanzarse a los caminos. Veo a los peregrinos que van a Santiago y no les envidio la ganancia. Porque es que, además, no tiene pinta de ir a mejorar en, por lo menos, a una semana vista. Aunque, tampoco es que haga caso de mis presentes querencias, porque estoy ya tan viejo que ni siquiera la primavera me inspira deseos de romper la monotonía. Santiago, ¡por Dios!, qué lejos se me hace.
No sufro por ello, porque cada edad tiene lo suyo y en la que estoy suele vencer el escepticismo respecto a las expectativas que generan los desplazamientos. Mi vida, ahora, es fundamentalmente hacia dentro. Mis recuerdos. Repaso lo escrito a lo largo de los años y lo revivo con redoblada intensidad. ¡Tantas páginas emborronadas! ¡Tantos jubileos en tantos Santiagos!
En fin, que cosa más rara es esto de la vida de los humanos. Sabemos que todo es nada y, sin embargo, no nos queremos ir de aquí sin dejar algo. Un amable recuerdo de nosotros, quizá.
No hay comentarios:
Publicar un comentario