lunes, 6 de mayo de 2024

La alargada sombra

Aquel libro que publiqué en su día, «A la sombra de la Peña Pelada», estoy estos días revisándole para volverlo a publicar, esta vez en Amazón. ¿Por qué lo hago? Pues muy sencillo: por estar ocupado en algo. 

Estar ocupado es la única escapatoria que tenemos los humanos a la angustia vital. Un buen día a un mono se le mutó una neurona y comenzó a tomar conciencia de sí mismo y de que el tiempo pasa. Y todo se jodió. Desde entonces, ser humano y sufrimiento, todo es una misma cosa. El espectro de la muerte no nos abandona. 

No le den más vueltas, si no se ocupan en algo vivirán en el infierno. No otra es la razón por la cual el planeta está lleno de ciudades, puentes, carreteras y cachivaches hasta para cascársela. Mientras la gente ha estado construyendo todas esas cosas ha escapado por un rato a la angustia vital que les decía. Uno, a veces, se olvida de que las cosas son así y tiende a quejarse por las molestias que la actividad inútil nos produce.  De hecho, menos producir comida y refugios para protegerse de los elementos, todo lo que hacemos es inútil si no tenemos en cuenta que huir de la angustia es más importante que comer. Sin comer puedes resistir un tiempo mucho mayor de el que tardas en arrojarte por un precipicio si no consigues despistar al espectro de la muerte. 

En fin, ya ven que gracia nos hicieron, quienesquiera que fuesen, cuando nos mutaron una neurona. ¿Qué es lo que habíamos hecho tan mal para merecer esa mutación que nos expulsó del paraíso de la no conciencia de sí mismo? Bueno, voy a seguir con lo de la sombra que, por cierto, esta vez lo voy a llamar la alargada sombra, no sé por qué, quizá porque me acuerde de la sombra del ciprés que es alargada.  

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