El presidente Milei anda por España. Y ha sido presentado por Juan Ramón Rallo en un acto celebrado bajo los auspicios de la RAZÓN, un periódico del grupo Planeta que es el que, a su vez, edita los libros de Milei. En ese acto, Milei ha hecho un relato de su peripecia; de cómo de portero de futbol llegó a presidente de Argentina. En realidad, ningún misterio; solo estudio, sobre todo de las matemáticas. Las matemáticas, ya hemos quedado en que no solo son útiles, sino, sobre todo, imprescindibles para la comprensión de cualquier fenómeno complejo.
Con Milei, la política toma otra dimensión. Explica ese fenómeno complejo que es la economía de una forma tan brillante que consigue que el ciudadano normal, sin sentirse humillado, dé el primer paso necesario para adentrarse por el camino del conocimiento: el de saber que no sabe. Ustedes, viene a decir de una forma suave y elegante, mejor no opinen de esto porque no saben nada. Allí estaba Santiago Abascal, el de la extrema derecha que dicen los zurdos, que no sabemos en qué estaría pensando. Porque ¿qué le une a Santiago con Milei? ¿Acaso los conocimientos matemáticos aplicados a la economía? Sería maravilloso que así fuese.
Y es que lo verdaderamente grave y causa principal de todos los problemas, es que la gente del común tiende a creer que sabe de lo que no sabe. Sobre todo hay determinada materias que por tener un cierto componente esotérico se prestan más que otras a la simplificación, cual es el caso de la economía o la medicina. Las personas llegan a creer que se puede aprender de eso viendo telediarios. Y luego pasa lo que pasa, que votan para dirigir la economía del país a un sindicalista que domina el arte de la frase hecha.
Es que una cosa es la política y otra la economía, dicen los crédulos. No, miren ustedes, vayan apeándose del burro: la economía lo es todo. Cuando funciona la economía funciona todo lo demás. A todos los niveles, desde el individual al general. Porque el que no sabe aplicarse a sí mismo los principios básicos de la economía biológica está perdido. Qué ingresas y qué gastas. Un delicado equilibrio cuya adquisición no es fácil. Quizá haya que frecuentar la Academia para aproximarse a ese ideal.
En fin, sea como sea, es un placer percibir la inteligencia ajena y, más, cuando, como es el caso de Milei, es como el que no quiere la cosa. Así es como te das cuenta de lo limitado que estás y te lo piensas dos veces antes de meterte en camisa de once varas.
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