Una de mis nietas ha rodado un corto. Lo titula " Sin escrúpulos". Un par de amigas -mis hijas- descubren que sus maridos andan metidos en actividades terroristas y en vez de avisar a la policía, lo que les habría de traer grandes problemas a toda la familia, deciden recurrir a los oficios de una pitonisa -otra nieta- para liquidarlos sin dejar rastro. Ejecutada la maniobra se ve a las dos amigas solazándose en un chiringuito a la orilla del mar. Me ha parecido de una lógica aplastante. Un terrorista es un perturbado mental muy peligroso y, lo que es peor, sin cura posible. La experiencia al respecto es apabullante. Margaret Thatcher, la única líder europea, de la Segunda Guerra Mundial para acá, que, a mi juicio, no estuvo contaminada por las ideas marxistas, lo tuvo claro y por eso dijo: "Los he matado yo"; fue cuando se armó aquel revuelo porque la policía acribillo a balazos a tres terroristas del IRA en la calle a plena luz del día. ¡Por Dios Bendito, si era gente que iba por ahí poniendo bombas! ¿Qué otra opción racional te dejaban que la de eliminarlos? Claro, el marxista rápidamente te dirá que el ser humano es bueno por naturaleza y que si se convierte en terrorista es porque reacciona ante una sociedad que está podrida y necesita que la purguen. Ya se sabe la simpatía que todos los marxistas tienen por las purgas. Es para lo único que no tienen escrúpulos.
En fin, esto de matar terroristas me parece un buen asunto; y si son de la familia, doblemente bueno, porque, de no hacerlo, tienes muchas probabilidades de que te arrastren al abismo con su locura. Y es que ya va siendo hora de liberarse de prejuicios. La familia es maravillosa cuando funciona, pero hay que andar siempre alerta porque es una maquinaria muy sensible a la que si se le trastoca un engranaje puede saltar entera por los aires. ¡Jo, qué nietas tengo!
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