sábado, 25 de mayo de 2024

La peste

Me comentaba Santi esta mañana lo de la manipulación histórica como arma política de primera magnitud. Aquí, en la España actual, la cosa es de primera página de manual. Pero, en esto, pienso, tampoco es que aventajemos a nadie. La manipulación histórica es como las habas, que se cuecen a calderadas por doquier. El caso que nos ocupaba era el de esa ley de traca que ha promovido una de las partes en liza por el pastel que es la gerencia del Estado. Se llama ley de memoria histórica o, ya, rizando el rizo un poco más, ley de memoria democrática, que mira que hay que tener el cerebro podrido para inventar cosas así. Pero ellos, erre que erre, y no por nada, sino porque han hecho de la mentira su modus vivendi. 

En política todo se reduce a conseguir la mayor parte posible del pastel, por supuesto, sustrayéndoselo al adversario por medio de malas artes. Esas malas artes se sustancian en marcar diferencias que en la realidad no existen. Derechas e izquierdas es el tópico más utilizado. Formas de ser un perfecto imbécil que dijo Ortega. Porque a la postre es eso, cosa de imbéciles. Derechas e izquierdas, buenos o malos según desde qué lado lo mires, es todo comunitarismo, es todo antiliberalismo en vena. En suma son todos herederos de Franco, el antiliberal por antonomasia. Y como todos los que se dedican a la política son, por definición, mal nacidos, por eso no saben agradecer a Franco el pastel que les dejó en herencia para que se lo repartiesen civilizadamente. Yo no sé si habrán visto alguna vez a una manada de buitres disputándose el cadáver de una oveja. Tuve oportunidad de verlo varias veces en mis periplos en bicicleta por las estepas castellanas. Es impresionante como se disputan un pastel que es muy pequeño para tantos como quieren alimentarse con él. Y ese es todo el problema, que los carroñeros al no querer competir con otras especies se tienen que matar entre sí para sobrevivir. 

De todas formas, como no hay mal que cien años dure, y ya nos aproximamos a los cien, -aquella famosa guerra de marras ya hace ochenta y cinco años que acabó- es ley de la naturaleza que asome por lontananza el enemigo común que acabará con las disputas intestinas. En adelante izquierdas y derechas lucharán hombro con hombro para que no les quiten el pastel. Y comenzará un nuevo ciclo histórico. Está por ver ahora cuáles serán los nuevos epítetos con los que se tratará de descalificar al adversario. De momento ya tenemos el de zurdos de mierda para denigrar a los antiliberales. Y los zurdos de mierda insisten en llamar fascistas a los liberales, pero, es tan burdo, que es imposible que cuaje. Claro, un siglo de hegemonía debilita mucho el cerebro. Así es que Milei no tiene quien le tosa y el bitcoin ya va por los sesenta y tantos mil dólares. La cosa se pone interesante; las viejas mentiras están dejando de servir y todavía no se han inventado las nuevas.

De todas las formas, no sufran, porque para los avisados siempre hubo y habrá la única verdad que no falla: estudio y ahorro. Así, cualquiera se libra de la peste. 

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