La Dra. Karina Acevedo Whitehouse es una científica mexicana dedicada a la cosa de las terapias génicas. Lo primero que hace cuando la entrevistan es explicar lo que es una terapia génica y lo que es una vacuna. O sea, que para empezar, insiste, lo fundamental es llamar a las cosas por su nombre para que todos nos podamos entender. Porque esa es la cuestión, que aquí nadie se ha vacunado contra el Covid, cualquier cosa que eso sea, por la sencilla razón de que no existe vacuna contra tal cosa. Aquí lo que han hecho miles de millones de personas ha sido someterse a una terapia génica que es algo de lo que no se tiene ni idea respecto de las consecuencias que pueda tener a medio y largo plazo. La gente ha sido engañada por el viejo truco del almendruco, es decir, dar gato por liebre. Manipular el lenguaje, en definitiva. Dice Karina: ¿hubiesen corrido las gentes a los dispensarios su hubiese sabido que lo que les iban a meter era una terapia génica? Ustedes, ¿qué piensan al respecto?
Entonces, Dra, ¿usted que recomienda -en México todavía usan el usted-, vacunarse o no vacunarse?, insiste el entrevistador. Yo no recomiendo nada, solo informo, contesta Karina. Lo fundamental, añade, es que las personas adultas se responsabilicen de sus propias decisiones. Por mucho que el poder político se haya empeñado en tergiversar el lenguaje y manipular la información, ha habido desde el principio de la pandemia multitud de voces autorizadas que han explicado con exactitud de qué iba el asunto. En Telegram han tenido toda la información necesaria. El que no ha accedido a ella ha sido porque no ha querido. Y yo comprendo que decir esto crea malestar en muchas personas porque no quieren enfrentarse con la realidad de que han hecho dejación de su propia responsabilidad en un asunto, no baladí, por cierto, de su sola incumbencia; las consecuencias para muchos han sido terribles y, para todos, imprevisibles.
Y, mientras tanto, como Telegram era cosa de fachas, tampoco se enteraba el personal de que los políticos, y responsables sanitarios, andaban de juerga -sex partys- por las cancillerías. Ellos sabían perfectamente que todo era un cuento porque habían sido precisamente ellos los que lo habían montado. Recuerdo que el año veinte, recién comenzadas las mal llamadas vacunaciones, en la fiesta de fin de año en la Puerta del Sol pudimos ver una gran pancarta en la que se pedía a la gente que se informase por Telegram. Se lo comente a algunas personas y, sin excepción, sus comentarios fueron despectivos. Para esas fechas ya hacía meses que estaban publicados en Telegram los estudios estadísticos de Mattias Desmet, por no hablar de las advertencias sobre la terapia génica de Alexandra Henrion Caude o, los no menos autorizados análisis de la jugada del Dr. Perrone. Y eso por poner unos pocos ejemplos de voces que, hasta que comenzó el circo, eran lo más de lo más en sus respectivas materias a nivel mundial.
Enfrentarse a la propia realidad y reconocer las vergüenzas: eh ahí la catarsis necesaria para poder sosegar un poco. En fin, allá cada cual, pero que nadie me venga con cuentos porque, a medida que la verdad se abre paso, cada vez se nota más la procesión que llevan por dentro los que en su día se dejaron embaucar. Ese nerviosismo ambiental ¿a qué puede ser debido si no? ¡Tanto confiar en la Virgen y no correr! En la Virgen socialista, por supuesto.
¡Virgen y socialista! Me he quedado de piedra... Creo que ya en los setenta no quedaba ninguna. De los sesenta no hablo, porque entonces ni había ni una socialista...
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