domingo, 8 de septiembre de 2024

Ciencia y religión

No recuerdo cual fue el sabio que lo dijo, pero, en cualquier caso, cuanto más pienso en ello más me convenzo de su transcendente importancia: lo peor que puedes hacer en esta vida es convertirte a la religión que estudias. Me costó mucho entenderlo, porque parece una boutade, pero pienso que ya he dado con el quid de la cuestión. Salvo las matemáticas, cuyo estudio sirve más que nada para afinar el pensar, el resto de las materias que te pongas a estudiar son tan escurridizas como la misma realidad, es decir, que o tomas distancia de ellas o acabarás convirtiéndolas en religión por medio de la fe. A partir de ahí, ya solo te queda el hacer el ridículo. 

Y así es como estamos ahora en la pleamar del ridículo gracias a esto que se ha dado en llamar redes sociales. Millones de personas que han leído dos libros a los que no tenían derecho, aprovechan esas herramientas de difusión para decir la suya. Repiten hasta la saciedad su opinión hasta que la convierten en convicción. A partir de ahí, ya no dejan de dar la matraca hasta que un batacazo, si es que llega, les saca del error. 

Como decía el padre de unos viejos conocidos, en lo único que se puede creer es en Dios y en el bicarbonato. La gente joven, ya, ni en el uno ni en lo otro. No saben lo que se pierden. En aquel entonces, cuando, en los restaurantes, junto al convoy de los aliños, había un bote de bicarbonato que era mano de santo para las digestiones pesadas. 

De estas cosas sé yo un montón porque estudie la más escurridiza de todas las ciencias. Es una ciencia que dicen sirve para curar. Y sí, estoy convencido de que en ocasiones cura, pero no menos convencido estoy de que por cada uno que cura mata a cien. Y es que la inmensa mayoría de los que la estudiaron la convirtieron en su religión, lo cual viene a ser el equivalente a la absoluta pérdida del sentido común o, si mejor quieren, sentido crítico. Claro que, también hay que comprender que es muy difícil para el que leyó dos libros a los que no tenía derecho saber separar el trigo de la paja y la realidad del modus vivendi. 

En fin, qué mundo éste en el que el que no corre, vuela en pos de quimeras. ¡Ya te digo, la ciencia! ¿O era religión?

2 comentarios:

  1. Las religiones tienen su miga: fíjate el antiguo testamento, lleno de guarrerías (en todas sus páginas, si se sabe leer). Recuerdo que en mi lejana juventud había uno que hizo el preu conmigo que se hacía cochinadas a sí mismo de forma inmisericorde y continuada después de excitarse leyendo las partes más subidas de tono de "El cantar de los cantares". Y qué me dices de Mahoma, eso de que "conoció" a la señorita preferida de su harén cuando ella había cumplido los nueve años (y el 45, creo recordar). Pocas cosas más viciosas que las religiones cuando se les coge el punto filipino...

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  2. El Cantar de los Cantares en traducción de Fray Luis es tela marinera. Respecto a lo de Mahoma, tengo entendido que por aquel entonces, allí, bajo las jaimas, en mitad del desierto, eran los padres los que desfloraban a las niñas a la que tenían siete años. Por lo visto Mahoma escribió el Corán para retrasar el asunto hasta los nueve años.

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