Christine Anderson es una eurodiputada alemana que según la narrativa oficial es de extrema derecha. ¡Vaya por Dios, con lo que a mí me gusta lo que dice! ¿Será que también yo soy de extrema derecha? Extrema derecha, qu'est-ce que c'est que ça. Se lo diré: decir algo sensato. En estas estamos; va Christine y dice que solo la mentira necesita del apoyo del Estado para mantenerse en pie y, ¡zas!, se produce una catarata de declaraciones para explicar que esa señora dice eso porque es de extrema derecha. Parecerá que estoy haciendo un chiste, pero nada más lejos, estoy describiendo la más candente realidad. Así de gracioso es el mundo actual. A lo mejor siempre había sido así y lo que nos pasaba es que no nos dábamos cuenta. Podría ser.
El caso es que Christine, como el otro día les decía de Alexandra Henrion Caude, es bastante titán a lo Prometeo. Madre de familia con los hijos ya criados, decidió tomar cartas en el asunto ante una realidad que le disgustaba y por eso fue que se presentó a diputada en el parlamento europeo. Sacó una plaza y, desde entonces, no para de decir las cosas tal como son y no como les gustaría que fuesen a la mafia que se ha hecho con el control de las instituciones. Explicó perfectamente todo aquello de la pandemia y el paso del tiempo no hace otra cosa que darle la razón. Y es que la verdad, como a ella le gusta decir, no tiene necesidad de que la defiendan. Siempre acaba por salir a la luz; lo único que hacen las parteras como Chistine es acelerar el alumbramiento.
Anda ahora Christine con lo de la libertad de expresión. Ya saben que los políticos de lo que un día se dio en llamar mundo libre, andan muy preocupados porque la gente del común tiene medios técnicos -las redes sociales- para hacer resonar en el ambiente lo que piensan. Una osadía a todas luces, porque ese privilegio, hasta hace cuatro días, estaba reservado a cuatro gatos que compartían mesa con los mentados políticos. Así que, tan inteligentes ellos, han pensado que, a grandes males peores remedios, y por eso ha sido que se hayan puesto a legislar sobre lo que es verdad y lo que es mentira. Como dice Christine, son las típicas cosas que hacen los tiranos cuando están desesperados porque ven que su nave hace agua por mil sitios.
Salvando las diferencias, todo esto me recuerda mucho a los últimos tiempos del franquismo, cuando todo lo que hacían y decían los políticos del Movimiento nos sonaba a chiste. Porque los estertores de un sistema tienen todos los ingredientes de la comedia. Una mentira se trata de tapar con otra más gorda y, así, en una huida hacia ningún sitio se da en el esperpento... que es en lo que estamos.
La Christine esa (que, por cierto, está bastante bien para la edad que tiene) es de Hesse, un territorio famoso por el mujerío de bandera. No me importaría conocerla de cerca (de lo más cerca posible). Veo que está encargada de la cosa de la salud y de la seguridad en la alimentación. Salud ella se ve que tiene a raudales. Para que la mantuviera yo le daría todos los días un alimento natural, muy bueno para el cutis de las hembras: por vías oral, cutánea y otras varias vías que no estaría bien que pusiera aquí, porque sé que este blog lo leen también menores y jovencitas vírgenes aún no maleadas, que conservan intactos su pudor, su inocencia y su recato natural de fábrica.
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