viernes, 27 de septiembre de 2024

Tierra prometida

 Vuelvo a lo de ayer, al vídeo  en el que vera Vera Sharav, judía ella, nos da su visión sobre determinados aspectos del pueblo judío. El caso es que escuchándola, una vez más -ya van millones, no soy capaz de aprender-, me acordé de las palabras de San Agustín: "estando tanto tiempo persuadido de mí que sabía la certeza de la verdad, había parlado con liviandad y fervor de mancebo muchas cosas dudosas, como si fuesen averiguadas." Pues bien, he escrito muchas veces en este blog cosas de los judíos sin haberme preocupado antes de hacer las pertinentes averiguaciones. Aunque no todo lo que he escrito es humo de paja, ya que siempre he tenido una curiosidad, malsana por insaciable, por todo lo que se refiere a esa gente. Nunca se acaba de saber cosas nuevas sobre ella. Quizá, como un lejano día comentaba con mi madre, esa sea nuestra procedencia: tanto por vía materna como paterna, nuestra familia, desde que tenemos memoria de ella, cuatro o cinco generaciones, siempre se han dedicado a profesiones liberales, ya sea por la vía del comercio, ya por la del conocimiento. Incluso, el abuelo paterno, al parecer, se había licenciado en lenguas semíticas... aunque la verdad es que en lo que destacó fue como jugador de chamelo. 

Cuenta Vera que a principios del siglo XX había en Palestina 500.000 árabes, 70.000 cristianos y 50.000 judíos. En cualquier caso, en aquella época debió de haber un éxodo masivo de judíos hacia allí como lo atestigua que ya en los años veinte existiese Technion, el instituto de tecnología en Haifa y, luego, toda esa arquitectura tipo Bauhaus que hay por allí. Ese éxodo, sin duda, estuvo propiciado por el sionismo, un movimiento de corte nacionalista, tan de moda a finales del XIX, que se dio entre la gente judía y que preconizaba la creación de una nación judía en Palestina, la mítica "tierra prometida". Las imparables corrientes antisemitas que recorrían Europa, contribuyeron en gran medida a que la idea sionista tuviese éxito. 

Sin embargo, siempre según Vera, dentro de la población judía, sobre todo sus capas más evolucionadas, nunca se miró con simpatía lo del sionismo. Más bien todo lo contrario. Al fin y al cabo, el nacionalismo se compagina mal con las ideas liberales que siempre han sido el sustento del modus vivendi judío allí donde estuviesen asentados. Comercio y conocimiento son como agua para el fuego nacionalista. Por eso, dice Vera, los sionistas no entendieron el mensaje de Yahvé: la tierra prometida no es ningún territorio en concreto. La tierra prometida es un estado mental al que se llega después de haber andado cuarenta años vagando por el desierto. Así es que todo el montaje sionista viene de una interpretación literal de la Biblia que es un libro de ficción que incorpora leyendas con una muy lejana base histórica.   

En cualquier caso, "la tierra prometida", como muy bien nos ha explicado Jordan Peterson en un vídeo, es algo a lo que solo se puede acceder después de cuarenta años de desierto. En la ficción, el pueblo judío escapó de la esclavitud de Egipto y emprendió el camino de la libertad -la tierra prometida-; y ahí es donde reside toda la enjundia de este asunto, que los seres humanos no pueden pasar de un estado de esclavitud a otro de libertad por medio de una varita mágica. Se necesita un largo proceso de aprendizaje -con muchos coscorrones por el camino- para aprender a hacerse responsable de uno mismo. Algo así como pasar de la infancia a la edad adulta. 

En fin, sea como sea, se está demostrando que el sionismo, como todos los nacionalismos por otro lado, no fue muy buena idea. Como prueba de ello, ahí tienen ese conundrum que hay montado en Palestina que, al parecer, ni Dios puede resolver. Se hubiesen quedado los judíos por ahí, en su diáspora, siendo fermento de los pueblos en los que vivían incrustados, y todo hubiera sido mucho mejor. Aunque, claro, vete tú a saber toda la geopolítica que pudo haber en su día para crear ese estado. Inglaterra y EEUU sin duda tuvieron que ver en ello, porque se dio la circunstancia de que esa región del mundo, ¡oh, fatalidad!, estaba flotando sobre un mar del líquido elemento que todo el mundo necesitaba para poder desarrollarse. Ya digo, vete tú a saber.  

2 comentarios:

  1. Gran parte de la población judía de lo que hoy es Israel, hace cien años no aspiraba a un estado judío, sino que su modelo era Suiza, o sea, una federación de cantones, unos mayormente árabes, otros mayormente judíos, con población cristiana en todos y con Jerusalem como la Capital Federal. Esta solución habría sido aceptada también por los ultraortodoxos hashidim, que consideran a un estado judío un insulto a la voluntad de Dios.
    En el fondo, la constitución del estado de Israel fue un capricho principalmente de los aliados occidentales, que consideraron que era una forma de arreglar el "problema judío" lavando sus culpas porque todos ellos sabían lo que estaba pasando en Alemania y miraron para otro lado (el Vaticano entre ellos) y, sobre todo, de mantener una cabeza de playa en el corazón del mundo árabe, en un territorio importante por su petróleo. Por supuesto que los sionistas radicales poniendo bombas en hoteles y tal también contribuyeron, pero no hubieran hecho nada sin el apoyo de los británicos y los estadounidenses.

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  2. Al final el modelo suizo sería el mejor para todos. Cada uno en su cantón y la defensa de las fronteras en el de todos... si es que hay que defenderlas porque que yo sepa Suiza nunca tuvo problemas al respecto. El caso es que ahora estamos como estamos, allí, aquí, y en mil sitios, a causa de aquellos nacionalismos decimonónicos que soñaban con la homogeneización de los territorios.

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