martes, 31 de diciembre de 2024

HRom


Lo que le ha pasado al youtuber HRom es muy indicativo de que el sistema político en curso está dando sus últimas boqueadas. Ha sido el típico palo de ciego. HRom es un mago de la comunicación científica. Sabe contagiar su entusiasmo. Hace experimentos de todo tipo en el prado que tiene al lado de su casa. Física, química, matemáticas: todo lo hace accesible. Por todo lo cual a nadie le puede extrañar que tenga millones de seguidores.

El que alguien tenga millones de seguidores es algo que un régimen político comunista no puede soportar. Por eso ha sido que han acusado a HRom de enseñar a fabricar explosivos. Se presentaron en su casa a detenerle dieciocho guardias civiles de los dedicados a la lucha antiterrorista. Pronto se dieron cuenta de que todo era un bluf, pero para entonces el gobierno ya había mandado una nota a todos los medios de comunicación con la patraña. A los medios de comunicación, por supuesto, ni se les paso por la mente la idea de comprobar por ellos mismos la veracidad de la noticia. Igual que cuando la falsemia, siguieron las instrucciones del que paga. ¡Qué más da hacer una vez más el ridículo si la chusma traga! Todo hay que decirlo: esa chusma que traga tiene por lo general más de cincuenta años. Por debajo de esa edad ya es raro el que lee un periódico o ve una televisión de las que llaman generalistas. 

El final de las tiranías siempre es igual: dar palos de ciego y poner puertas al campo. Y mucha corrupción. ¡Pilla lo que puedas que esto se acaba! En definitiva, no se puede sostener porque es el gobierno de los peores en todos los sentidos, pero, sobre todo, en el intelectual... dan hasta risa; hay por ahí un tipo al que llaman Patxi, cuyos únicos méritos para mandar es el haberse matriculado en preparatorio de perito industrial y el tener unos cuantos miles de discos de vinilo. Es un poema cada vez que habla. Y ahí andan todos que no hay día que pase que no saquen una nueva normativa con la que pretenden controlar la información. No se les alcanza que internet es sobre todo eso, libertad de información, es decir, libre circulación de las ideas. Si tu cierras una plataforma, yo abro otra. No hay forma humana de impedirlo. Por eso el poder ya nunca podrá ser lo que fue, porque ha perdido su principal arma: el monopolio de la información. 

Así que, permanezcan atentos a la pantalla porque todo indica que este 2025 viene fino. De los que montaron la falsemia -última boqueada- no va a quedar ni uno. Y habrá que ver en dónde acaban todos, pero yo que ellos me andaría con cuidado porque la gente anda muy necesitada chivos expiatorios para calmar su rabia. No sé, pero para mí que lo de la caída de la Unión Soviética va a quedar en cosa de niños. 

lunes, 30 de diciembre de 2024

Cada día que pasa

El porqué del odio a los judíos es un asunto que nunca me lo he podido sacar de la cabeza. Ese odio es algo que viene de la noche de los tiempos hasta nuestros días sin que nunca haya decaído un ápice. Ayer mismo veía a una cantante andaluza, que ha conseguido un muy merecido reconocimiento, envuelta en una bandera palestina y echando una soflama antijudía. Demasiado joven para cosa buena, pensé. Siempre he estado convencido de que dar con las claves de ese odio sería una gran aportación al conocimiento de los intríngulis de la condición humana. Aunque, por otro lado, nunca dejé de sospechar que es absurdo buscarle tres pies al gato; la cosa, me decía, es mucho más sencilla de lo que parece: son las reacciones típicas del hombre primigenio, recién bajado de los árboles. ¿Por qué se odia? Fundamentalmente por envidia. 

Sobre el particular escuchaba el otro día a Thomas Sowell, un intelectual estadounidense que entre otros muchos méritos tiene el no menor de haber hecho la guerra de Corea. Pues bien, sostenía el Sr. Sowel que lo que no soportamos los humanos es el éxito ajeno, sobre todo cuando ese éxito no está fundado en estar provisto de dones especiales concedidos por el cielo, sino en algo tan prosaico como el trabajo y la vida ordenada. Por así decirlo, los judíos vienen a ser un espejo en el que no nos gusta contemplarnos porque nos vemos muy feos... sobre todo si no hemos podido con los estudios. 

Esto de no poder con los estudios es otra de las cuestiones que tiene sus perendengues. Recuerdo cuando se decía de algún niño: no sirve para los estudios. Y se quedaban tan anchos. Nunca nadie parecía preguntarse por el porqué de que no sirviese. Se dejaba al chaval tirado de por vida y con propensión natural a odiar a los judíos o a cualquiera que se les pareciese por sus logros. Personalmente, pienso que lo de no poder con los estudios, en el sentido amplio del sintagma, es algo más que nada debido a la actitud de algunos padres hacia sus hijos: la mala educación, en definitiva. Creo firmemente en aquello que decía Gracián de que todo chichirimundi tiene su "realce rey"; es decir que todos estamos dotados para algo en especial y lo único que tenemos que hacer es encontrar ese algo y cultivarlo. Pero eso, claro, es muy difícil cuando los padres están muy ocupados con sacarse la mugre de encima. 

Trabajo y vida ordenada, les decía. Se me olvidaba añadir, la autocrítica. La patria de los judíos es un libro, la Biblia, que destila autocrítica por todos los poros. Aprender a reconocerse en lo que realmente se es, es la tarea primordial de la vida. Nunca se acaba con eso, pero, mientras estás en ello, no estas tan propenso a correr tas las veleidades. 

En fin, sea como sea, lo único que les puedo decir es que cada día que pasa me siento más judío.   

domingo, 29 de diciembre de 2024

Eclesiástico


"Si haces bien, mira a quién". Esto es lo que nos dice Jesús Ben Sirá, autor del Eclesiástico, uno de los libros de que se compone la Biblia. Ya ven lo que son las cosas, porque si hubo un refrán que escuché hasta la saciedad en todas las catequesis a las que asistí hasta que me empezó a apuntar a edades muy tardías el uso de la razón, ese fue: "haz el bien y no mires a quién". 

Al parecer, el Eclesiástico se llama así porque fue muy leído en las iglesias durante los primeros siglos del cristianismo. Es una lástima, pienso, que se dejase de leer porque todo el libro en su conjunto es un canto al uso de la razón, esa prerrogativa de que disponemos los humanos por el querer de los dioses... por más que la inmensa mayoría no hagan uso de ella o lo hagan a edades muy avanzadas... cuando ya no les sirve para nada, como nos aseguraba el padre de un amigo que tuve en la juventud.  

El uso de la razón es sinónimo de pérdida de la inocencia, ese estado angelical que nunca se debiera prolongar más allá de los siete años como nos enseñaron los espartanos. En Esparta, a la que el niño cumplía siete años venían dos hombres del saco a casa, arrancaban al niño de los brazos de su madre y hasta no más ver. Por así decirlo le sacaban de la caverna platónica para que dejase de ver sombras y se empapase de realidad. 

La dura realidad, eso es lo que es el Eclesiástico, el antiidealismo por antonomasia. A partir de ahí ya no sé a qué más se puede aspirar como no sea el Oráculo Manual, Arte de Prudencia de Gracián. Sí, "dichoso aquel que piensa en la Sabiduría y pretende la Prudencia", nos dice Ben Sirá. Y Gracián nos lo corrobora.  

sábado, 28 de diciembre de 2024

Mohína

El gran problema que tienen los idiotas es que no alcanzan a comprender que es imposible sortear las leyes de la naturaleza. O, dicho de otra manera, que no se puede querer una cosa y su contraria. Y eso es, justamente, lo que hacen esas ideologías idealistas que llaman ecologismo que, por cierto, se han apoderado del imaginario popular. Claro, es comprensible: ¿a quién no le va a gustar el estar calentito en casa viendo por los ventanales una naturaleza en su estado primigenio? 

Ustedes conocen alguna escuela en la que se haga leer a los niños la Teogonía de Hesíodo. Yo desde luego no. Ese libro lo leí cuando ya andaba por los cuarenta y fue un shock que cambió radicalmente mi idealista percepción de la realidad. Ahí, en ese libro, está perfectamente explicado el mito fundacional de nuestra cultura. Algo tan sencillo, e antiidealista, como que es imposible robar fuego a los dioses y no pagar por ello. 

Pues nada, ahí sigue la humanidad empecinada en seguir robando fuego sin querer reconocer que por ello tiene los hígados carcomidos. Quizá es que ese sea el destino que nos tocó en suerte como especie, seguir robando fuego hasta que ya no nos quede hígado suficiente para mantenernos con vida. Bueno, no pasa nada; continuamente se están extinguiendo especies y la tierra sigue girando alrededor del sol como si nada. 

Les comentaba estas obviedades porque me he enterado de que, a causa de haber tenido un otoño muy poco ventoso, andan por los países del norte europeo que se les llevan los diablos. Se había fiado el robo de fuego a los favores de Eolo y resulta que Eolo, por lo que sea, se ha tumbado a la bartola. Ni al demonio se le ocurre semejante ingenuidad, ¡cómo si Eolo no hiciese lo mismo cada dos por tres! Ahora, claro, cuestiones de oferta y demanda, el precio de estar calentito en casa contemplando por los ventanales los bosques primigenios se ha multiplicado hasta por seis en algunos lados. Y el hígado de esas gentes está que ya no resiste más. 

Ya digo, tiene que ser que éste es nuestro destino: necesitar robar cada vez más fuego. Podríamos, acaso, pararnos a pensar si no sería posible vivir igual, o incluso mejor, con menos, pero se ve que eso es un imposible metafísico. Desde que tengo uso de razón no he oído otra cosa que cantar loas al progreso. Progreso, bien es verdad, en el sentido material del término. ¡No hay saber como el tener! Nunca nos saciamos, por más que nos mate la flatulencia. 

En fin, buenas ganas de preocuparse por lo que no puede ser de otra manera de como es. De esta siesta que se está pegando Eolo pudiera ser que lo que se conoce como Comunidad Europea saltase por los aires, porque los idealistas, por la propia naturaleza de sus mentes, no pueden entender que si algo escasea inmediatamente sube su precio. Ya lo decía mi madre, que donde no hay harina, hay mohína.  

jueves, 26 de diciembre de 2024

Entre bobos anda el juego

Por lo que he podido colegir de los rumores que me llegan, hay por ahí uno más de esos rifirrafes infantiles, esta vez, a propósito de las Navidades. La cosa va de que los unos, los que se dicen de derechas, están a favor y, los otros, los que se consideran de izquierdas, como no podía ser menos, en contra. El caso es tener motivo de discordia, los unos, que no pueden hacer oídos sordos a palabras necias y, los otros, que no pueden dejar de chinchar a la primera de cambio. Entre bobos anda el juego. 

El caso es que uno va por ahí y se da cuenta de que hay instalados muchos belenes. Yo diría que más que los años precedentes. Aunque también pudiera ser que parecen más porque uno se fija a causa de la polémica en curso. El otro día entré en una tienda a ver uno y estuve hablando con sus propietarios. Por lo que me dijeron, me pareció entender que habían decidido instalar aquel belén con la finalidad de chinchar a los chinchadores habituales. Algo así como lo que les contaba el otro día de la fiesta de los toros, que se vio revitalizada con la aparición de los antitaurinos. 

Sea como sea, la media docena que me he parado a contemplar, me han parecido muy de este mundo sin chicha en el que vivimos. Para empezar, en ninguno de ellos he visto el caganer; sin el toque de humanidad que da esa figurita el belén no es lo mismo. Por no hablar de la desaparición de la matanza de los inocentes. Los soldados romanos sosteniendo a un bebé por los pies y asestándole puñaladas eran figuras claves -tenía que haber tres o cuatro delante del palacio de Herodes- para dar coherencia al relato. Al fin y al cabo, si Jesús nació en un pesebre es porque sus padres andaban huyendo a causa del edicto de Herodes que mandaba matar a todos los niños que naciesen ese año. 

En fin, chinchadores y chinchados, y viceversa, el caso, ya digo es que a todo le falta chicha. Eso sí, en el que han puesto en la biblioteca central, aquí al lado de casa, encima del pesebre han colocado unos paneles solares. Se ve que el funcionario socialdemócrata encargado del asunto ha querido darle un toque personal; algo así como, yo hago esto porque me han mandado, pero aquí dejo mi firma para que se sepa lo que pienso.  

Marxismo cultural

Después de larga e intensa conversación, ayer por la tarde, con mi amigo en Noruega, di en pensar sobre los mecanismos por los cuales, yo, y en general mi generación, habíamos caído prisioneros del marxismo cultural, esa aberración del espíritu que limita la vida a poco más que la de una planta. ¿Cómo pudo ser? De mis padres, poco probable. Todavía recuerdo el día en el que discutiendo con ellos -andaría yo por los catorce o quince- me dijeron al unísono: pero hijo, eso que estás diciendo es el comunismo. Lo más probable, pienso ahora, es que aquella infiltración me viniese de los colegios de religiosos a los que me habían enviado a educarme. Aquellos curas, a los que muy sabiamente los niños tildábamos de desertores del arado, sin duda estaban corroídos por la envidia y el rencor. Originarios la mayoría de ellos de aquellos pueblos miserables de la Meseta habían venido a dar en educadores de los hijos de la burguesía provinciana. Nada bueno podía salir de eso. 

El caso fue que, cuando Franco dio la estocada final con los sistemas públicos de salud y educación, estábamos todos preparados para asumirlo sin rechistar. Aquellas mesnadas de religiosos salidos del cinturón de incienso salmantino, pasaron, una vez secularizados, a hacerse cargo de los numerosos centros de enseñanza pública, pretendidamente laica, que en menos de una década tenían ya copada toda la educación. Hay que tener en cuenta que justo por aquellos años fue cuando lo del Concilio Vaticano Segundo, un aggiornamento de la Iglesia que se tradujo en que, a partir de entonces, los curas ya nunca más se encaramarían en los púlpitos para recordar a los filigreses cuáles eran sus obligaciones, sino, que, haciendo alarde de camaradería, con el brazo por encima del hombro, les hablaban de sus derechos. Fue aquello que se conoció como movimiento de los curas obreros, teología de la liberación y mandangas por el estilo que, en el fondo, y en la superficie también, no era otra cosa que marxismo cultural. 

Uno se da cuenta ahora de lo fácil que es caer en esa trampa cuando andas rebelde. El marxismo cultural es una ideología que cambia el Dios omnipresente que todo lo ve por otro dios que solo ve lo que pasa en los sitios vigilados con cámaras de seguridad. Osease, que donde no hay cámaras puedes hacer lo que te venga en gana. Así es que, con la nueva religión, la noción del bien y el mal se limita a que te pillen o no te pillen haciendo lo que no debes. Como ven, es todo muy infantil. 

Ese es el asunto, que el marxismo cultural infantiliza. La gente, a la que se da cuenta que no hay cámaras vigilando, hace travesuras, pero, a la hora de la verdad acude dócil a que papá Estado le solucione todos los problemas. Y así corre el mundo, y así le hemos corrido, sin sentir necesidad de hacernos responsables de nuestra propia vida.  Una vida que, bien es verdad, ha sido bastante miserable, pero como ha habido tanto "soma" al alcance de la mano pues casi que ni nos hemos dado cuenta.    


miércoles, 25 de diciembre de 2024

Saturnales


El periodista Sostres sostiene, o sostenía, que es de mal gusto acudir a la cena de Noche Buena sobrio. Si nos atenemos a tal premisa, tendríamos que concluir que, en esta ciudad al menos, hay un buen gusto que es que no se puede aguantar. Ayer, a las seis, María y yo, ya estábamos cenados, habíamos intercambiado algunas felicitaciones con amigos que también lo estaban y, después de descansar un rato, nos fuimos a dar un paseo. María quería ir al centro, porque decía que seguro que estaba muy tranquilo. Las mujeres, ya se sabe, inventan cualquier escusa con tal de estar en medio de la socialización masiva; no entiendo que buscan en ello. Efectivamente, el centro estaba que no cabía un alfiler. Y la juventud, en general, con pinta de estar ebria. O sea, siguiendo las instrucciones para el buen gusto del periodista Sostres. 

Todo esto viene de lejos; de los romanos. En realidad, nuestra cultura es la griega vulgarizada por los romanos. Ellos celebraban a lo grande el que los días empezasen a ser más largos. Se tiraban siete días despendolados, comiendo, bebiendo, haciéndose regalos los unos a los otros y encendiendo velas por todos los lados. Lo de la Navidad cristiana, en realidad, no fue más que un aprovechamiento de que el Pisuerga pasa por Valladolid. Metemos aquí, en estas fiestas de la luz, el nacimiento de Jesús, y queda como de molde, debieron pensar los jerarcas cristianos. Y, efectivamente, en el plano simbólico tiene mucho sentido. 

En cualquier caso no quiero ni imaginarme los sicodramas que habrán tenido lugar anoche en multitud de hogares a los que los hijos en perpetua adolescencia llegaron cargados de vino y razones. Es un clásico. En la apoteosis dionisiaca se liberan todos los demonios interiores que en aras de una convivencia civilizada se habían ido encadenando. Dicho en román paladino, se sacan a relucir los trapos sucios. Entonces, los cabreos son morrocotudos y el colofón es una tristeza generalizada: a mi no me pescan un año más en una de estas, dice la gente. Por eso los romanos llamaban a estas fiestas Saturnales, o sea, fiestas de lo telúrico, de lo de comerse a los hijos, para que nos entendamos. Goya lo vio claro.  

martes, 24 de diciembre de 2024

A Mathematician´s Lament



Las matemáticas se han convertido en el centro de nuestros bavardeos mañaneros. Seguir el rastro a su evolución es, muy posiblemente, la mejor manera de entender algo de lo que ha sido la historia de la humanidad. En los primeros asentamientos que trajeron causa del haber descubierto que, si metías debajo de la tierra aquellos granitos que solías comer, al cabo de un tiempo tenías un montón de granitos. Entonces, asentados ya, pronto cayeron en la cuenta de que había que repartir las tierras que había alrededor del asentamiento porque era imposible ir todos a una. No hay nada que más le fastidie a cualquiera que ver como el vecino se aprovecha de tu trabajo. Para repartir las tierras fue preciso aprender a medirlas para evitar que unos recibiesen más que otros. Así inventaron la agrimensura que vendría a ser la madre de la geometría. De ahí a empezar a acumular, todo fue una. Y lo acumulado había que administrarlo. O sea, que fue necesario inventar la contabilidad, madre a su vez de la aritmética. 

Con la geometría y los números en la cabeza y, por ende, el ocio que viene aparejado con la vida asentada, ya tenemos los ingredientes necesarios para la lucubración sin fin. Y sin objetivo concreto; simplemente por ver a dónde se puede llegar. 

Más de una vez les he comentado acerca de los vídeos de Tibees; no son los al uso entre los matemáticos. Ella siempre trata de convencernos de que el interés de las matemáticas no reside en su utilidad práctica, sino, sobre todo, en su belleza. Es un arte, nos dice. Como la música o la pintura. Hoy, al abrir YouTube, he visto un vídeo suyo titulado "A Mathematician's Lament" (El Lamento de un Matemático). El video es una glosa del libro en el que Paul Lockhart se lamenta de la forma en la que se enseñan las matemáticas, que viene a ser la misma en la que se enseña todo, es decir, memorizando reglas. Lockhart, un matemático brillante, decidió dejar su catedra para ir a enseñar matemáticas a los chavales de una escuela de New York. Y allí sigue. Dice: los estudiantes se quejan de que las clases de matemáticas son estúpidas y aburridas, y tienen razón. La primera cosa que hay que entender es que las matemáticas son un arte. La única diferencia con otras artes, como la música o la pintura, es que nuestra cultura no la reconoce como tal. Y sigue: si niegas la oportunidad de iniciarse en esta actividad poniéndose uno mismo los  problemas, haciendo las propias conjeturas y descubrimientos, equivocaciones, frustraciones creativas, inspiración y ensamblaje de las propias explicaciones y pruebas, estás negando las matemáticas. Recuerda mucho a lo que decía Feynman que consiguió tener métodos propios para todo. 

Personalmente, lamento mucho no haber tenido de por vida el hobby de las matemáticas. Acabado el bachillerato las perdí de vista. Quizá mi mayor error, porque la profesión que escogí sin saber matemáticas es lo más parecido al trabajo de un robot rudimentario: saber aplicar unas cuantas reglas en el momento preciso. La muerte en vida como quien dice. Afortunadamente, un día decidí retomarlas y estoy convencido de que fue la mejor decisión que tomé en la vida. Ahora es mi mayor consuelo. Se me van las horas tratando de encontrarle las tres patas al gato de la geometría, el álgebra, los logaritmos, los números complejos, el cálculo... el infinito, ese número al que nunca se llega, como al último decimal de los números irracionales; o como las asíntotas que, por más que prolongues su decrecer, nunca llegan a tocar el eje de abscisas. 

 

lunes, 23 de diciembre de 2024

¡Albricias!

Me he enterado de una cosa realmente sorprendente y, sobre todo, de muchas albricias por sus maravillosas consecuencias. A lo mejor ustedes ya lo saben y les estoy descubriendo aquí el Mediterráneo, pero, aunque así fuese, merece un comentario. 

Por la propia experiencia no hay ser humano que no sepa que su aparato digestivo tiene dos puntos débiles que son motivo de sufrimientos sin cuento a lo largo de la vida. Son las puertas de entrada y de salida; la boca y el culo; los dolores de muelas y las hemorroides, también conocidas como almorranas. Pues bien, parece ser que en lo relativo a las muelas se está a punto de encontrar una solución respecto de su regeneración. Los artífices del descubrimiento son unos japoneses que ya han hecho crecer nuevas generaciones de dientes en animales. Todos los humanos reponemos los primeros dientes, los de leche, que caen hacia los siete u ocho años, por otros definitivos. Si se te caen estos, o te los tienen que sacar por lo que sea, te quedas sin ellos para siempre y tienes que recurrir a las prótesis. Pues bien, al parecer, no crecen otros nuevos porque hay una proteína que lo impide, Y esa proteína, y la forma de inhibirla, es lo que han descubierto esos investigadores japoneses. Se te cae un diente o muela, tomas el medicamento que inhibe esa condenada proteína, y te vuelve a crecer el diente. ¡Imagínense como deben de tener el culo de prieto todos los dentistas del mundo mundial ante semejante descubrimiento!

Dicen que el experimento en animales ha sido un éxito sin paliativos y que, ahora, se está probando en humanos, como se hace siempre, antes de lanzar el medicamento al mercado que, calculan, será hacia el año 2030. Pero esto no es todo, porque, también, alguien ha inventado un chicle que impide el desarrollo de la flora bacteriana que produce las caries y la retracción de las encías. Bueno, todo esto habrá que verlo, porque respecto de las drogas milagrosas ya estamos curados de espanto ya que, la inmensa mayoría de ellas resultaron ser, a la postre, pócimas de las que vendía el hombre del carromato que iba por los pueblos del lejano oeste. 

En fin, cosas de la evolución del ser humano; toda su historia ha consistido en ir reduciendo los dolores físicos sin, por ello, dejar de sufrir a causa de los trastornos mentales. Pareciera que cuanto más se controlan los unos más crecen los otros; pero esto no pasa de ser una pura especulación. 

domingo, 22 de diciembre de 2024

I will be vegetarian


 una vez elegido me haré vegetariano

Es difícil que se pueda sintetizar mejor lo que es la democracia. Es prometer imposibles metafísicos. Por muchas vueltas que se le dé a la imaginación nunca podremos ver a un lobo paciendo en un prado. Ni siquiera en una película de Walt Disney, lo que ya es decir.  

Ahí tenemos al profesor García Maestro desgañitándose para denunciar el idealismo, ese cáncer del intelecto que transforma a los seres potencialmente racionales en corderos. Lo siento por él, porque es predicar en el desierto. Lo mismo que predicó Cervantes y ya ven de qué le sirvió. ¿Quién lee hoy día El Quijote? Es muy difícil, dicen los corderitos. Ni siquiera pueden con una versión ya deglutida que circula por ahí.  

No hay droga psicotrópica que cree más adicción que el idealismo. Bellos prados en los que poder pacer protegidos de todo peligro por el pastor y sus mastines, esos perros tan nobles. A ninguna oveja se le pasa por la cabeza que los pastores tienen la costumbre de celebrar la Pascua comiendo corderitos.

¿Por qué creen ustedes que triunfó el cristianismo sobre el paganismo y luego el islamismo sobre el cristianismo para ir a dar todos en el comunismo? Pues muy sencillo, porque cada nueva religión era más idealista que la anterior, es decir, exigía menos esfuerzo intelectual. En el comunismo, el electroencefalograma es prácticamente plano: hay muy poca diferencia entre una sociedad comunista y un camposanto. 

Así que ya saben, el día de los muertos vivientes toca ir a votar al lobo que te va a comer. Eso sí, antes de comerte te obligará a vacunarte para que sepas mejor. 

sábado, 21 de diciembre de 2024

Misa de Gallo

Me contaban ayer que una de las causas, no menor, de la decadencia del imperio romano fue el gusto que se tomó por mezclar el vino con plomo para dulcificar su sabor. Así la gente disfrutaba más si cabe con la ingestión del vino sin darse cuenta de que a los dioses nunca les ha gustado que los mortales se pasen de listos. ¡Ay, pasarse de listo, cuántos quebraderos de cabeza! Así fue que aquel plomo dulcificador les dejó estériles entre otros muchos trastornos de la salud, de entre los cuales destacaré por su letalidad la pérdida de memoria y la falta de concentración. ¿Y qué es una persona sin memoria y capacidad de concentración? Pues un muerto viviente. 

Siempre ha sido igual, todos los imperios han decaído por el mismo procedimiento: tratando de perfeccionar los mecanismos que proporcionan placer. Y es que, cuanto más perfectos son esos mecanismos, más inevitable se hace el convertirse en muerto viviente. Y esa es toda la historia de la humanidad. Y no hay forma de que aprendamos. Y no es porque no estemos avisados; se podría decir que todos los textos que han sido capaces de atravesar los milenios sin desgastar su valor no tratan de otra cosa que no sea ponernos en guardia contra esa propensión natural a perfeccionar los mecanismos del placer a nada que te sientas un poco seguro.

Unos necesitan llegar a viejo para caer en la cuenta de estas cosas tan evidentes. Otros, ni siquiera eso. Y supongo que también los habrá a los que los dioses les concedieron el don de apercibirse a edades tempranas. Yo no he conocido a ninguno de ellos más que en la ficción cutre. 

En fin, perdonen que traiga a colación estas cuestiones tan macabras, pero es que no puedo evitarlo al observar la realidad circundante en estas fechas entrañables. No sé, pero estoy tentado a celebrar estas felices fiestas yendo a la Misa de Gallo...   

viernes, 20 de diciembre de 2024

Las corridas

Seguimos hablando sobre los prejuicios a propósito de los comentarios que ha suscitado una pava, muy mona ella, por lo visto, que ha tenido a bien presentarse ante el respetable de Facebook vestida de torero. De asesina para arriba lo que ustedes quieran. Desde luego que, si hubo alguien que infiltró las mentalidades del populus durante el siglo pasado, ese fue Walt Disney. Da igual todo lo machaques a un humano, sobre todo si es macho, pero, ¡Dios te libre de maltratar a un animal, ya sea de palabra ya de obra! De inmediato te ganas el oprobio de la concurrencia. Es preceptivo quererlos como si fuesen carne de nuestra carne... aunque, luego, cuando las ganas de comer aprietan, nos olvidamos por un rato de nuestros amores y echamos a la cazuela cualquier cosa que corra o vuele. Y es que, ya lo dicen los catalanes, que una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa. 

A mí me cuesta discernir en donde hay más estupidez, si entre los taurinos o los antitaurinos. Se diría que la única justificación que tiene ese ritual, a mi juicio anacrónico, es dar al populacho otro motivo de división. De hecho, estoy convencido de que, si no hubiesen aparecido los antitaurinos en escena, ya hace tiempo que las corridas de toros serían historia. Pero aparecieron, instigados por vete tú a saber qué mentes malévolas, y los amantes de la polémica decidieron hacerse aficionados. Porque la realidad es que, allí, por los ochenta del siglo pasado, los toros parecían ser una tradición amortizada.  

Desde mi punto de vista, la fiesta de los toros es un ritual que se pretende religioso, es decir, con un gran contenido simbólico. Quizá, en un pasado no muy lejano, cuando no era infrecuente que los toreros la palmasen mientras oficiaban, tuviese algo de eso. Lo de inmolar víctimas a los más diversos dioses siempre tuvo, tiene y tendrá, mucho tirón entre el pueblo llano. Pero ahora se pasan años sin que un torero la palme en el ruedo y eso le resta credibilidad al ritual. A la gente le cansa ver perder siempre a los mismos; en este caso a los toros. 

Lo que tiene todo lo que huele a religioso es que cuando se reflexiona sobre ello se destruye. Creo recordar que fue Goethe el que dijo: religión razonada, religión muerta. O, si mejor quieren, misterio desvelado, interés perdido. Eso de echarle un par está muy bien, pero hay retos en la vida que necesitan mucho más que un par y que, además, son  infinitamente más estéticos: esos chicos que se devanan los sesos aprendiendo cosas difíciles y luego se van por el mundo con su bagaje en bandolera a buscarse la vida. En fin, yo lo que veo es que hay muy poca chicha en fiar el desarrollo personal, o proyecto de vida, al riesgo innecesario. Y más cuando se ha comprobado que ese riesgo no es tanto como parece. Hoy se va a la escuela de toreo a aprender el oficio como se va a cualquier otra escuela. Y, luego, eso de las esencias patrias que se quiere ver en ese supuesto oficio es solo una cuestión de haber leído muy poco; un asunto de prejuicios, en definitiva. 

Lo dicho, quítale a los toros la polémica entre taurinos y antitaurinos -entre tontos anda el juego- y en dos días se convertirían en historia... ¡porque mira que son aburridas las corridas! A las de toros me refiero. 

jueves, 19 de diciembre de 2024

La del avestruz

La cosa va de la rana a la que la meten en un recipiente con agua que se va calentando poco a poco. La pobre no se entera de que la están achicharrando. Así son por lo general todas las decadencias, un puro no enterarse hasta que ya no hay nada que hacer. Y se lo traigo a colación porque existe un problema del que yo no era consciente hasta hace muy poco: la cuestión del autismo. ¿Sabían ustedes que, a principios del siglo XX se detectaba un autismo cada cien mil niños? Pues bien, a principios del XXI ya era un niño cada ciento cincuenta o doscientos. Ahora, en dos mil veinticuatro, la proporción es de uno cada treinta y seis. Todo esto, en EEUU. No sé a ustedes, pero a mí me parece un problema morrocotudo. Y el caso es que se ha estado viendo avanzar el mal con los brazos cruzados. Al parecer, todo eso de las cuestiones del género y demás construcciones de la ingeniería social era mucho más importarte. 

Sea como sea, ahí está el dato y, a la familia que Dios se la da, San Pedro se la bendice. Por lo menos, así ha sido hasta ahora, cuando un presidente electo ha puesto el asunto en el centro de sus conferencias de prensa. Y es que, como siempre pasa, los problemas parecen no existir hasta que se habla de ellos. Y no es que no se viniese hablando, pero el mundo oficial tuvo bastante con tachar de frikis y conspiranoicos a los que lo hacían... por no hablar de negacionistas que es un calificativo que gusta mucho a los poderes en curso porque remite a los nazis. Ya se sabe que una forma muy ladina de tapar las propias vergüenzas es acusar a los demás de lo que tú eres. 

El caso es que los frikis, conspiranoicos, negacionistas -como más les guste llamarlos- han accedido al poder y han puesto encima de la mesa sus preocupaciones y sospechas, entre las cuales no es la menor las vacunas y, por extensión, la industria farmacéutica. Rápidamente se les ha tachado de antivacunas. Otro de los calificativos que se puso muy de moda cuando lo del famoso Covid-19. Bueno, lo que dicen los arteramente tachados de antivacunas es que se investiguen todas las posibilidades señaladas como tales. Y hay por ahí algunos estudios que dan pie a pensar que determinadas vacunas no son todo lo trigo limpio que dicen que son los que las fabrican y su ejército de esbirros. ¡Oye, de algún lugar tiene que salir la causa de este suicidio colectivo que es el que haya un autista por cada treinta y seis niños! ¡Y creciendo la proporción!

Otra de las posibles causas que ha señalado el presidente entrante es la agricultura intensiva. Ya lo he mencionado repetidas veces en mis blogs, que hay multitud de estudios estadísticos que señalan que la gente que vive en el campo tiene diez veces más de posibilidades de tener un cáncer que la que vive en las ciudades. ¡Fíjense que curiosidad! Pero, luego, se van ustedes a vivir al campo, observan, y de inmediato caen en la cuenta que de curiosidad nada; más bien, pura lógica: detrás de esos mares cerealeros impolutos hay millones de toneladas de sustancias químicas, todas ellas venenosas. 

Así les podría contar un montón de realidades que obviamos metiendo la cabeza debajo del ala. Y la más importante de todas es la maldición prometeica: vivimos encadenados a una roca porque a los dioses no les gusta que nos creamos que somos como ellos. Hemos dado en la locura de creer que tenemos soluciones para todo y no la tenemos para nada, como demuestra el hecho de una de cada treinta y seis familias en los EEUU tiene que apechugar con el arduo problema de un hijo autista. Por no hablar del incremento de muertes, de hasta un 20%, que se está produciendo en la actualidad en los países que se dicen desarrollados, y del que nadie quiere saber nada porque pudiera ser que fuese debido al haber querido prevenirse de una enfermedad irrelevante con terapias génicas que, muy ladinamente, se tildaron de vacunas.  

En fin, son, todos estos, asuntos muy interesantes para ser comentados en familia aprovechando estas fiestas que se avecinan. Aunque, por otra parte, si a ti no te ha tocado la china, buenas ganas de sacar la cabeza de debajo del ala para amargarte los turrones.    

miércoles, 18 de diciembre de 2024

Curiosidades

Por lo visto en Madrid, Barcelona, Valencia, y supongo que en más ciudades, han abierto cines cuya peculiaridad consiste en que los espectadores permanecen desnudos durante la proyección. Como ven, es una cosa de una originalidad tremenda, pero, sobre todo, de un mérito innovador apabullante. ¡Lo que habrán tenido que devanarse los sesos para dar con la fórmula mágica! Son cosas del mercado, que allí donde hay una necesidad de inmediato surge un empresario que la detecta y pone manos a la obra para dar satisfacción a los necesitados. Porque, como bien es sabido, hay gente pa to, incluso, como ahora se ha comprobado, para disfrutar el doble si ven las películas estando desnudos que no vestidos. 

Siguiendo con la racha innovadora, una chica, muy mona ella, ha decidido dar a conocer al mundo lo que se siente echando cien polvos en un día. Ha preparado el experimento cuidadosamente y se ha hecho filmar durante su realización; luego, como no hubiera podido ser menos, lo ha colgado en las redes sociales. O sea, todo ello, un paso más en el esclarecimiento de las más oscuras facetas de la condición humana. Y ahí no acaba la cosa, porque, de inmediato, ha surgido por ahí otra científica que ha dicho que ella se lo va a hacer con mil en un día. Se ve que quieren demostrar, sin dejar resquicios a la duda, que en lo que al asunto clave se refiere, la superioridad de la hembra sobre el macho no tiene límites. 

Todo este tipo de cosas tiende a producir la indignación de los sepulcros blanqueados, que dijo no recuerdo quién para referirse a los fracasados rencorosos, que dijo otro. Se indignan y sacan las trompetas para anunciar Sodomas y Gomorras que nunca existieron. Si pensasen un poco sabrían que las anécdotas no hacen categoría. El mundo siempre ha estado lleno de cosas así que vienen a ser el desagüe natural de las patologías, si es que así se las puede calificar, del espíritu. Los seres humanos, porque así lo dispone la naturaleza, necesitamos sobresalir para hacernos visibles so pena de no ser nadie. Nadie está libre de esa vanidad. Y cada cual trata de conseguir esa visibilidad en función de sus capacidades. Si tienes buena cabeza utilizas la cabeza. Si tiene buen chocho, utilizas el chocho. En eso consiste todo. Los problemas comienzan cuando se pretende hacer prevalecer la función de unos órganos sobre la de otros; la de la cabeza sobre la del chocho. Como si eso fuese posible. 

En fin, qué mundo éste. 


martes, 17 de diciembre de 2024

El origen del mundo

 



Si de pronto te has hecho un lío, aquí tienes un simple diagrama que te explica quién lucha contra quién en Siria.

Es el hombre vuelto al estado de naturaleza, es decir, sin normas morales que le frenen en su natural impulso de prevalecer a toda costa. Así es como se llega al todos contra todos, cual si aquello fuese un Serengueti cualquiera, con uno ojo puesto en que no te coman y el otro en comer al que se pone a tiro.  

Divagábamos ayer acerca de la gentuza que es incapaz de ganarse la vida con un trabajo honrado. Gente que prefiere arriesgar la vida buscando un golpe de suerte que se la solucione de una vez por todas. O, simplemente, personas poco dotadas que se dejan seducir por cualquier milonga que apela a los instintos más primarios: la patria, la religión, la igualdad... abstracciones todas sin una solución real. Y, eso, por no hablar de las pulsiones suicidas, ese desahogo natural de las situaciones desesperanzadas. No sé, porque es tan complejo el ser humano cuando pierde el temor de Dios... sí, sí, el temor de Dios, no se rían porque pondrán al descubierto su ignorancia. El temor de Dios, dicho de otra manera, es la civilización. Cualquiera que se haya preocupado de cultivar un poco el espíritu se da cuenta de que no hacen falta religiones para que te ayuden a creer en eso, solamente sensatez, el bien, por cierto, más escaso sobre la faz de la tierra. Y por eso es, como sostiene Shopenhauer, que sean tan necesarias las religiones, para suplir con el miedo la falta de sensatez. En fin, cuestiones teológicas, o metafísicas, si mejor quieren, que nos podrían tener aquí entretenidos hasta  bien entrada la noche sin por ello haber llegado al meollo de la cuestión. 

El problema, tal como yo lo veo, es cuando las circunstancias de la vida niegan a mucha gente la posibilidad de un trabajo horado. Entonces solo hace falta una chispa para tener montada una Siria o una Guerra Civil Española o, para simplificar, cualquiera de las guerras que en el mundo han sido y serán. Empiezan a faltar trabajos y, con las mismas, proliferan los políticos. Un político, por definición, es alguien que ofrece duros a cuatro pesetas, que es justo lo que la gente sin oficio ni beneficio quiere escuchar. Así se construyen liderazgos que no van a más mientras se pueda seguir extorsionando a los que trabajan. Pero, ¡ay como empiece a escasear la harina! Entonces el político llama a las armas citoyens y, en cuatro días, ya tenemos ahí otro bonito diagrama como el que les muestro al principio de estas divagaciones. 

Resumiendo, todo en este mundo es una concatenación de causas y efectos. Un pintor francés de la época impresionista tiene un cuadro que representa con un realismo epoustuflante un coño; lo tituló "el origen del mundo". Por tanto, ahí tenemos la causa primera de todos los males: la atracción fatal de los coños. Y luego pasa lo que pasa, que el mundo se llena de gente innecesaria. Lo demás, por añadidura. 

lunes, 16 de diciembre de 2024

Navajeros

Las dos epopeyas españolas más sobresalientes quizá sean la conquista de México y la primera vuelta a mundo. Ni la imaginación más calenturienta hubiera podido imaginar aventuras que se pudiesen comparar a lo que debió ser aquello si nos atenemos a los relatos que nos dejaron personas que lo vivieron. Aparte de la valentía, que se les supone, aquellos aventureros tenían dos características que estremecen: una, la tolerancia al sufrimiento; dos, la insidia. 

Lo del sufrimiento es inconcebible desde el punto de vista actual. Tomar Tenochtitlan, capital de los aztecas, les llevó noventa días, mal comidos, peor dormidos, llenos de heridas que trataban con aceite hirviendo, calenturas, bubas... no les faltaba de nada. La insidia, por contra, es perfectamente concebible desde la perspectiva actual; de hecho es lo que estamos viendo a diario en el mundo de la política, es decir, de los navajeros. 

Si no la mitad, una buena parte al menos, del libro de Bernal Díaz del Castillo, lo ocupan las intrigas, las traiciones y demás miserias morales de quienes quieren solucionar su vida por medio de un golpe de suerte. Comparado con aquello, esas películas de mafias que tan acostumbrados estamos a ver son cosa de angelitos. Es la condición humana en su versión gentuza. Como estos políticos de ahora que se pasan la vida dándose navajazos los unos a los otros en el intento de hacerse con una parte del pastel. Yo veo al Sánchez y toda esa chusma que le rodea y me les imagino curándose las llagas por la noche para volver a la batalla al amanecer. Incapacitados para cualquier trabajo honrado, sobreviven como mejor pueden en medio de sufrimientos horrendos. 

En fin, siempre ha sido igual: a D.G. este tipo de gente, por lo general, se navajean entre ellos. Sin duda, el mundo sería infinitamente mejor sin ellos, pero, si ahí han estado, están y, al parecer, estarán por los siglos de los siglos, será porque no puede ser de otra manera por motivos que solo Dios, o la madre Naturaleza, o quién quiera que sea que dispone las cosas de este mundo, conoce.    

domingo, 15 de diciembre de 2024

La prueba

Veníamos conversando, de unos días para acá, sobre la importancia de la prueba.

You want the truth? Here is de proof. (¿quieres la verdad? Aquí está la prueba). Dicho en inglés es más fácil convertirlo en slogan. Un slogan que en buena ley debiera estar en el centro de toda actividad humana. Porque no hay verdad sin prueba. Eso es lo que nos enseña -perdonen que insista- Los Elementos de Euclides. Y por eso quizá sea que, después de la Biblia, haya sido el libro más leído en la historia de la humanidad. Todo lo que se dice en ese libro, se prueba. De hecho, no es otra cosa que un libro de pruebas. O demostraciones. 

Cuando andaba por los treinta y tantos, esa edad en la que tienes la cabeza tan ocupada con las cosas del fornicio que no te enteras de nada de lo que realmente te concierne y todo lo que es moda lo tomas por ley, conocí a un tipo de Vitoria que solo abría la boca para preguntar a su interlocutor que en qué se basaba para decir lo que estaba diciendo. El chaval tenía unos estudios anárquicos, unas asignaturas aquí y otras de allí, y, cuando llegaba el verano, se encaramaba, con un montón de libros bajo el brazo, en una torre de vigilancia forestal y se olvidaba del mundo. Lo recuerdo perfectamente porque aquella muletilla, ¿en qué te basas?, me llegó al alma. Quizá estaba empezando a darme cuenta de que me la estaban metiendo doblada a todas las horas y por todos los sitios. 

La vida social de baja calidad, esa que los socialistas llaman socialización y, los avisados, baile de vampiros, consiste fundamentalmente en intercambiar chascarrillos cuya veracidad se sostiene en la autoridad que le da la moda. Y la moda, como supongo que ya saben, está ahí para que los traficantes de lo innecesario se ganen la vida. Y es que, no se engañen al respecto, el comercio de lo necesario es una fracción casi marginal dentro del cómputo global de la economía de mercado. Así de complicadas se han hecho las cosas de este mundo a causa  de haber perdido, si es que alguna vez se tuvo, la costumbre de preguntarse por el porqué de las cosas. 

La prueba es el soporte de la verdad. Sin ella la verdad rueda por los suelos. Por eso la necesidad de exigirla nunca se nos debiera ir de la cabeza. Porque es que, además, es en la prueba en donde reside la belleza de la verdad. Si no se lo creen, cojan, agarren, y pónganse a indagar el Porqué de que factorial de 0 sea 1 (0! = 1). Algo absolutamente contraintuitivo. Pero, toda demostración matemática es bella por definición. Y ahí es donde reside el quid del gusto por ella. Para el que aplica las fórmulas de memoria no tarda en convertirse en un erial... como pasa con todo lo mecánico.  

En fin, lo dejo porque me doy cuenta de que me estoy yendo por los cerros. 

sábado, 14 de diciembre de 2024

Alemanes de Alemania

Al parecer en Alemania ya no tienen donde meter los coches que salen de las fábricas. Y eso a pesar de que han intentado parar el golpe poniendo unos aranceles brutales a los coches que vienen de china. Porque los chinos, según dicen, fabrican coches como si fuesen churros, de una excelente calidad y a mitad de precio que los europeos. Sea como sea, chinos, alemanes, o la madre que los parió, la realidad es que las tres cuartas partes, si no más, del espacio público está ocupado por coches, la mayoría estacionados. Así ha sido que, en una ciudad cualquiera, ha venido una riada un poco mayor que lo habitual y se ha llevado por delante cientos de miles de coches. Claro que viendo la espectacularidad de las fotografías es lógico que se tienda a exagerar las cifras. En cualquier caso, supongo que los dueños de las fábricas de coches tendrán una hemorragia de satisfacción cuando ven esas fotos: tu desgracia es mi beneficio. 

Estoy acabando ya la lectura de La Verdadera Historia de Bernal Díaz del Castillo. Y hay una cosa curiosa que me llama mucho la atención: la velocidad con la que aumentan los caballos. A los tres o cuatro años de haber llegado allí con trece caballos, ya, da la impresión de que la mayoría de los conquistadores van a caballo. Hace treinta años que llegaron a las islas del Caribe y ya hay allí una producción de caballos considerable. Eso era por el año mil quinientos veintitantos; trescientos años después, según vemos en las películas de Hollywood, había en América manadas de caballos salvajes por todas las partes. Tengan en cuenta que un coche se hace en unos minutos y un caballo en unos cuantos meses. De todas maneras, el crecimiento exponencial es lo que tiene, que antes de que te des cuenta todo se convierte en plaga. 

Caballos o coches, para el caso es lo mismo: la obsesión del ser humano de abarcar más con menor esfuerzo. ¿Lo consigue o todo queda en ilusión? Cada vez me lo pregunto más. A veces me pongo a pensar en todo el tiempo que tiré a la basura sentado al volante de un coche con el único propósito de sacudirme de encima todas esas emociones negativas que acompañan a los estados depresivos. Desde luego que si hubiese conservado un atisbo de voluntad me las hubiera sacudido mucho mejor con cualquier actividad de un poco más de fuste. Porque no me engaño, las horas que he conducido por una necesidad real se podrían contar con los dedos de una mano. Y no es que no haya sentido esa necesidad tan humana de abarcar más territorio, pero podría jurar que las pocas veces que lo pudiera haber conseguido fue cuando me desplace andando o, todo lo más, en bicicleta... amén de, claro está, los traslados en sistemas públicos de trasporte mucho mas ligados a la necesidad. 

En fin, si así son las cosas es porque así lo quieren los dioses o, si mejor quieren, las leyes de la naturaleza, de entre las cuales sobresale por su infalibilidad aquella que dice que todo lo que sube baja... y no hay viagra que vaya a solucionar eso a los alemanes y sus famosos coches. 

viernes, 13 de diciembre de 2024

Prejuicios

Hablábamos esta mañana de los prejuicios y de cómo la educación tiene como principal misión acrisolar los prejuicios dominantes que son los que se supone dan estabilidad a las sociedades. Traíamos a colación el feminismo, algo que, a mi juicio, tiene que ver con el retroceso intelectual que supuso el cristianismo respecto del paganismo. Los paganos tenían una serie de deidades femeninas que representaban un amplio arco de caracteres, o arquetipos, en el que había de todo como en botica. Más puras, menos puras; más brujas, menos brujas. Pero llegó el cristianismo y mandó parar. Unificó todos los caracteres femeninos en el de la virgen María que concibió por obra y gracia del Espíritu Santo. Ya no se puede concebir mayor pureza. Y con esta milonga venimos bailando desde hace dos mil años para acá: la pureza de la mujer frente a la violencia y corrupción del hombre. Claro, así, ¿a quién le puede extrañar que salgan por ahí tías como esa Irene Montero que es para partirse el culo de risa cada vez que abre la boca? ¡Aunque mira que está buena la tía! En fin, Irene habla y los principios fundacionales del cristianismo se acrisolan. Y eso es lo que cuenta.

Otro prejuicio letal que mayormente tiene que ver, pienso yo, con la imposición de las filosofías idealistas y, su corolario. la creación del Estado omnipotente, es el de que las matemáticas son difíciles e innecesarias para una más correcta percepción de la realidad. De hecho, de hace cien años para acá, los estudios se dividieron en ciencias y letras: las ciencias para construir máquinas y las letras para el recto pensar. Los resultados de tan estúpida filosofía, a la vista están: el mundo disneylandia en que vivimos a punto de derrumbarse. Sin matemáticas, los deseos son la realidad. No por otra razón es que a la puerta de la Academia Platónica hubiese aquel famoso cartelón que pedía abstenerse de entrar allí al que no supiese matemáticas. Y es que, mis queridos, las matemáticas no son solo para hacer máquinas y puentes, son, sobre todo, el mecanismo natural del aprender a pensar. A pensar por sus pasos, con método. Por eso hasta que llegó esta mierda del idealismo comunista, todo aquel que tenía acceso a la educación tenía como principal manual Los Elementos de Euclides. Ya solo con leer las definiciones que da ese libro de los diferentes elementos de la geometría tienes para uno, o dos, años de cavilaciones. Bien que lo sabían eso los que se apresuraron a sacar ese libro de los planes de estudio. Y es que es muy difícil pastorear a gente que se ha educado con los Elementos. Y, no te digo ya, si a eso le añades la música. 

Lo de la música es otro de los prejuicios en boga: yo es que no tengo oído, se excusa, o justifica, el personal. ¡Vaya por Dios! También en eso hemos degenerado, porque hace un siglo no se concebía una educación que excluyese la música. La música no se estudiaba como una mera cuestión de adorno que es lo que piensan que es los corderitos. No, el aprendizaje de la música es quizá el mayor potenciador de lo que antiguamente se conocía como potencias del alma: memoria, entendimiento y voluntad. Y por eso estaba en los planes de estudios por aquel entonces y, por eso, se ha suprimido en los de hogaño. Claro está que en aquel entonces se estudiaba para ser élite y hoy se estudia para ser rebaño. 

En fin, no quiero seguir, porque insistir en lo obvio, aparte de mal gusto, delata la vaguería mental del que insiste. 

jueves, 12 de diciembre de 2024

Qohelet

 Con constancia de adicto, reincido una y otra vez: vuelvo al blog que escribió Qohelet hace veintitrés o veinticuatro siglos. Es la reflexión diaria de un viejo sobre su dilatada experiencia. Reflexión que, como no puede ser de otra manera, está condicionada por el estado de ánimo del momento. Y en eso estriba su riqueza, en ser muchos en uno. Como somos todos, por cierto. 

Muchos, pero viejos todos. Por eso todo está trufado de desengaño y escepticismo. Y es que es muy difícil, por no decir imposible, llegar a viejo con otra filosofía que no sea esa porque te has cansado de ver triunfar al malvado y fracasar al justo. ¿Dónde está la justicia de Dios, entonces? Así y todo, tiene una cierta confianza en la sabiduría, aunque no todos los días. El sabio, dice, prefiere la casa en duelo; el necio la casa en fiesta. Porque más vale sufrir que reír, pues dolor por fuera cura por dentro. 

Dice otro día: "Me puse a indagar a fondo buscando sabiduría y recta valoración, procurando conocer cuál es la peor necedad, la necedad más absurda, y descubrí que es más trágica que la muerte la mujer cuyos pensamientos son redes y lazos y sus brazos cadenas. El que agrada a Dios se librará de ella, el pecador quedará cogido en ella". Aquí su desengaño todavía conserva un atisbo fe en la la justicia divina. 

Aunque al día siguiente va y dice: dejémonos de leches; aquí lo único que merece la pena es comer y beber y disfrutar en los brazos de la mujer amada. Aunque, al cabo de un rato, se lamenta: "¡Ay del país donde reina un muchacho y sus príncipes madrugan para sus comilonas! Dichoso el país donde reina un noble y los príncipes comen cuando es hora y no ponen su valentía en el beber. La holgazanería derrumba el techo y brazos caídos derriban la casa". 

E insiste: "Tanto mirar los vientos, que no se siembra; tanto mirar las nubes que no se siembra. Si no entiendes cómo un aliento entra en los miembros en un seno preñado, tampoco entenderás las obras de Dios, que lo hace todo". En definitiva, que el que no se arriesga, no pasa la mar. 

Y remata: "Disfruta mientras eres muchacho y pásalo bien en la juventud; déjate llevar del corazón y de lo que atrae a los ojos; y sabe que Dios te llevará a juicio para dar cuenta de todo. 

Acuérdate de tu Hacedor durante tu juventud, antes de que lleguen los días aciagos y alcances los años en que dirás: No le saco gusto. 

Vanidad  de vanidades -dice el Predicador-, todo vanidad".

Y todavía le queda el epílogo: "En conclusión, y después de oírlo todo, teme a Dios y guarda sus mandamientos, porque eso es ser hombre; que Dios juzgará todas las acciones, aun las ocultas, buenas y malas". 

Es lo que tiene ser viejo, que uno se repite. Seguro que es una treta para autoconvencerse de que se va a ir de este mundo con la lección aprendida. Pura vanidad.

miércoles, 11 de diciembre de 2024

Huyen como ratas

No es que sea nuevo, ni mucho menos, pero mi impresión es que lo que era arroyo se ha convertido en torrente. Me refiero a la sensación de mentira que impregna a todo lo que tenga que ver con el mundo oficial. Escuchaba a una señora valenciana refiriéndose a unos ministros que habían salido por la puerta de atrás de la catedral al terminar el funeral por las víctimas de la catástrofe en parte propiciada por la incompetencia de las autoridades: escaparon como ratas que es lo que son. Del odio se está pasando al desprecio, lo cual vendría a significar una maduración que, como todo el mundo sabe, es la fase previa a la caída. , 

La política, por su propia naturaleza, siempre va trufada de mentira por la sencilla razón de que la verdad suele ser insoportable para los cobardes que, no nos engañemos, suelen ser la inmensa mayoría. Estamos acostumbrados a que sea así y lo llevamos de maravilla siempre y cuando se mantenga dentro de los límites, como les decía, del arroyo que baja sosegado. O rumoroso, como diría el poeta Garcilaso. El problema es cuando las lluvias inclementes transforman el arroyo en torrentera. Entonces es cuando se pasa de la política a la guerra que es, como dijo no recuerdo quién, la política por otros procedimientos. 

Y no es que ahora estemos en una guerra al uso como aquellas de hace un siglo. Eso ya solo pasa en lugares muy remotos a donde no ha llegado todavía el arma devastadora del cinismo. Es decir, que, so capa de normalidad, lo correcto es lo que a mí me conviene. Es la guerra del todos contra todos. La ausencia absoluta de principios. La psicopatía generalizada al estilo de las exitosas películas de Tarantino o los hermanos Cohen. 

Como siempre, estas cosas vienen de lejos; el deterioro de los principios morales lleva su tiempo y siempre va parejo con políticas que sustraen las responsabilidades individuales para diluirlas en las colectivas. El comunismo, sin ir más lejos. La pudrición así es tanta que, al final, del natural drama que es la vida, se pasa a la comedia: se huye hacia delante intentando tapar las mentiras a punto de ser descubiertas con otras más gordas. Y eso fue lo que llamaron pandemia, una mentira tan gorda que se les fue de las manos. Y en esas estamos, tratando de canalizar las aguas que bajan despendoladas y lo anegan todo. Ya pocos son los que se creen algo de lo que viene de arriba. Y, como no puede ser menos, los pescadores en río revuelto no paran de crecer. Se palpa la anarquía en su acepción manga por hombro. 

En muchos países los mandatarios se han dado cuenta de que todo esto va a ir de mal en peor hasta que no se dilucide la verdad de la pandemia. A tal efecto han montado comisiones parlamentarias que estudian el asunto. ¿Como si hubiese mucho que estudiar! La semana pasada el Congreso de los EEUU de América hizo público un informe que daba cuenta de las conclusiones de la comisión. Reconoce errores, pero sigue empecinado en la mayor. Dice que las vacunas, efectivamente, mataron a mucha gente, pero, también, salvaron la vida de muchos millones. Y esto, digo yo, ¿cómo lo demuestran? ¿Qué estudios avalan esos resultados que tanto les convienen para salvar el culo? Que yo sepa ninguno. Es, simplemente, wishful thinking. Así, no vamos a ninguna parte. 

En fin, como decía la señora de Valencia, las ratas huyen. Es un anuncio de que vienen mejores tiempos.

martes, 10 de diciembre de 2024

¿Descubrimiento o invención?

¿Hay alguien que tenga idea de cuáles son los oscuros resortes del movimiento histórico? Si uno coge, agarra, abre YouTube, y se pone a mirar los titulares, se diría que el mundo está lleno de versados en el asunto. Analistas les llaman, y largan y largan y largan y, de vez en cuando, como en la fábula del burro, la flauta suena por casualidad. La Historia, como pasa con el clima, a duras penas es previsible más allá de una semana. A partir de ahí el número de variables crece exponencialmente y ya todo queda en las manos de Dios que, como creían los antiguos, y supongo seguimos creyendo los modernos, nos premia o castiga en función de los sacrificios que le hemos ofrecido. Porque la cosa va de eso, que por mucho que echemos mano de la razón para intentar comprenderlo todo, como la realidad es tan inaprensible, al final tenemos que recurrir a lo irracional para calmar nuestro espíritu. 

Porque las cosas son así es por lo que algunos piensan que lo más sabio que se puede hacer en este mundo es meterse a monje y olvidarse en la medida de lo posible de que hay un mundo ahí fuera. Lo que tenga que ser, será. Digamos que es lo más sabio por egoísta, lo que, a la postre, también trae aparejado el castigo de los dioses. El ser humano haga lo haga no puede sosegar por más que todo el empeño de su vida sea intentarlo utilizando la herramienta de la razón.

 Aquellos hombres de las cavernas, aprendieron pronto que la naturaleza tiene ciclos y, de ahí, a inventar los números todo fue una. No le costó darse cuenta de que los números servían para un montón de cosas del cotidiano transcurrir. Aprender a sumar, a restar a multiplicar, a dividir, no creo que le llevase muchos siglos. Hay muchos problemas de la vida que solo se pueden resolver con números. Aunque, bien es verdad, son los problemas más fáciles. Cuando se complican un poco quedamos a merced del destino. Así todo, insistimos y tratamos de hallar soluciones manipulando los números. No de otra manera es como hemos construido ese fastuoso castillo en el aire que llamamos matemáticas. 

Los fundamentos de ese castillo, como no hubiera podido ser de otra manera, los pusieron nuestros antepasados los griegos. Seguramente en aquella Grecia fue el primer lugar del mundo en el que hubo una burguesía propiamente dicha. Gente comerciante que necesitaba las matemáticas para mejor navegar y llevar las cuentas de los intercambios que hacían. Y, luego, que los burgueses tienen hijos que como nunca tuvieron que preocuparse por la manduca, suelen propender al deporte conocido como pajeo mental, un vicio solitario que proporciona al que lo practica los placeres inherentes al descubrimiento de nuevos mundos. Burguesía y poner el mundo patas arriba a causa de los pasatiempos de sus hijos todo es una. 

¿Descubrimientos o invenciones? Ahora les ha dado a los hijos de los burgueses por ponerse a debatir sobre si las matemáticas avanzan por descubrimientos de algo que estaba ahí oculto o por invenciones de algo que no existía. ¡Esto sí que es paja mental! Descubrir como Cortés o inventar como Edison. Personalmente, no concibo otra cosa que el descubrimiento. Ayer, por ejemplo, estuve un buen rato maravillándome con la función de Lambert. Un truco ingeniosísimo para resolver ecuaciones que tienen la incógnita en el coeficiente y en el exponente. El tal Lambert fue un francés del siglo XVIII que descubrió el truco y todo el mundo se olvidó de él hasta que alguien a finales del XX cayó en la cuenta de que ese truco venía como de molde para resolver ecuaciones de la cosa cuántica. Ya ven, así son las cosas de este mundo. Aunque, por otro lado, cuando pienso en los números complejos me parece que son pura invención. O, mejor, intuición. Una de las más geniales. Pero es que, ¿acaso para descubrir lo oculto no hace falta también intuición? No sé si esto no será llevar la paja mental al puro barroquismo. 

lunes, 9 de diciembre de 2024

Monstruosidades

Hay cierto revuelo mediático con las decisiones que está tomando el presidente Biden en los últimos días de su mandato. Entre otras, ha querido mandar dinero a Ucrania para que se maten un poco más allí; afortunadamente el Congreso ha echado abajo tan absurda pretensión. Por otro lado, haciendo uso de una prerrogativa que tienen los presidentes de ese país, ha perdonado las tropelías cometidas por su hijo que debe ser un pájaro de cuenta a todos los efectos. Y ya, para redondear, y haciendo uso de la mentada prerrogativa, ha perdonado a una serie de personas que por el momento no han sido condenadas, ni, ni siquiera, están siendo juzgadas por más que haya un clamor público en que lo sean... por la cosa de la pandemia, más que nada. Entre ellas, el que fuera jefe del Estado Mayor a la sazón y el inclito Dr. Fauci, artífices, ambos dos, de las medidas coercitivas y anticonstitucionales que se tomaron por aquellos días. Porque es que, además, según dicen las malas lenguas, esta gente se forró con lo de la pandemia. Tengan en cuenta que las acciones de algunas compañías farmacéuticas pasaron de 18 a 330 dólares en unos pocos días gracias a las decisiones que ellos habían tomado, como la de obligar a vacunarse a todo Dios. 

Por si no teníamos ya bastante con la actitud perdonavidas de Mr. Biden, va un pistolero por la calle, en New York, y le descerraja tres tiros al CEO de UnitedHealthcare, una empresa de seguros que, también, proporciona servicios médicos a más de cuarenta millones de personas. De momento todos los ejecutivos de las empresas relacionadas con la salud han empezado a cagarse por la pata abajo. El pistolero, que anda huido, ha dejado un mensaje en los casquillos de las tres balas disparadas: delay, denay, defend. Por lo visto estas palabras constituyen el título de un libro aparecido hace dos años en el que se denunciaba la propensión de las compañías médicas a denegar tratamientos o postponerlos (para ver si, entretanto, el paciente la palma, supongo). Sea como sea, la gente ha sacado conclusiones de inmediato y se teme que cunda el ejemplo... el del pistolero, quiero decir.

Tiempos revueltos estos en los que las aguas subterráneas putrefactas pugnan por salir a la superficie. Sin duda la que llamaron pandemia, ¿lo fue?, fue el tiro de salida. Al menos nos sirvió para enterarnos -el que quiso- de que hay por ahí una casta satánica que tiene mucho más poder sobre nuestras vidas del que sería recomendable. Yo ya sé que al populus en general se la suda mientras pueda seguir yendo a la terraza a pasárselo pipa, pero, a D. G., no todo es populus; ciertas personas ya se purgaron -¿se acuerdan de aquello de "purgandus populus? del Boadella?-. Así es que, cada vez más, se oye por ahí la sonnette d´alarme: ¿qué coño es eso del gain of function? Ya era hora de que el asunto saliese a relucir porque, a mi juicio, es la típica monstruosidad hija del creerse dioses los hombres. ¿Por qué los gobernantes utilizan el dinero que arrancan de los bolsillos de la gente para hacer que virus que son inofensivos se conviertan en letales? ¿Qué sentido tiene eso? Y eso pasa delante de nuestras narices y a nadie le subleva. Es el triunfo absoluto del nihilismo: vivir abandonados a las pulsiones de muerte. 

Afortunadamente, cada vez más gente se está enterando. El libro de Robert F. Kennedy Jr. "The Real Anthony Fauci", donde se exponen pormenorizadamente todas estas cuestiones satánicas, ha tenido millones de ventas en todo el mundo. Y hasta el mismo Congreso de los EEUU, en el informe sobre la pandemia que sacó la semana pasada, se hace eco de la citada monstruosidad: los hombres creyéndose dioses; no por otra causa arrojaron a Lucifer a los infiernos. No es extraño que Biden se ha apresurado a dar un perdón preventivo al Dr Fauci, cabeza visible del monstruoso pecado de soberbia. Sin duda ese perdón supone un reconocimiento sin paliativos de la culpabilidad del perdonado. 

En fin, ya sé que me toman por chalado cuando escribo sobre estos asuntos; bien, sí, quizá lo esté, pero eso no quita para que de nada sirva esconder la cabeza debajo del ala... y seguir con la fiesta. 

domingo, 8 de diciembre de 2024

Los rankings literarios

Me contaban esta mañana que en una de esas estúpidas encuestas que hacen los periódicos entre el populus sobre quién es el que más de lo que sea, había dado como resultado que el mejor escritor español de todos los tiempos es Pérez Reverte. Y, el tercero, Cervantes. ¡El populus ha hablado, punto en boca!

Recuerdo que cuando mis hijas eran pequeñas me solían preguntar: ¿Papá, quién es tu mejor amigo? Siempre les contestaba que no tenía tal cosa y ellas se quedaban muy frustradas. No creo que aquella necesidad de jerarquizar la hubiesen aprendido en casa; más bien en el colegio que, como casi todos los de aquella época, tenía profesores comunistas. Desde luego que no habían ido allí por mi gusto, pero esto es otra historia. 

Lo del ranking, que dicen los ingleses, es otra de las tantas tretas con las que se educa al populus para tenerle idiotizado. Desde luego que un buen medio para calibrar la calidad de algo es su resistencia al paso del tiempo. Aunque tampoco creo que eso sea determinante por la sencilla razón de que nada lo es. 

Sea como sea la cosa, cada cual tiene sus preferencias, porque, además, no se hizo la miel para la boca de los asnos: la calidad no está al alcance de cualquiera. La Ilíada y la Odisea, no se pueden leer a palo seco so pena de quedarte a uvas. Para leer la mayoría de los libros que han resistido el paso del tiempo hace falta tener un cierto poso de los que no se adquieren acudiendo a eventos culturales. 

Así es que, para mí, comparar a Cervantes con Pérez Reverte es una boutade, pero comprendo que, para los que toman copas por los bares de moda, es mucho más rentable leer al Reverte. La moda siempre dio para más babardeo, lo que en absoluto es cuestión baladí: uno suele hacer las cosas buscando la rentabilidad inmediata del menor esfuerzo; es algo profundamente arraigado en la condición humana. 

Personalmente, Cervantes me parece el no va más, pero luego voy y agarro El Criticón de Gracián y flipo en colores. Y ya no digo si es el Oráculo Manual Arte de Prudencia, que es que no puedo vivir sin tenerlo siempre a mano. Sería incapaz de tener preferencias, porque es que, además, es de todo punto innecesario. Hay treinta o cuarenta o cincuenta libros que los quiero como se debiera querer a los hijos, es decir, a todos por igual. Y, a medida que me he ido haciendo viejo, más me he ido apoyando en ellos. En fin, ya digo, los rankings de todo tipo para los que toman copas por los bares de moda o, por decirlo de otra manera, van a los bailes de vampiros; en esos ambientes, con El Criticón, no te jalas una rosca.  

sábado, 7 de diciembre de 2024

Expectativas

Ayer, por razones que no vienen al caso, me vi en el centro del torbellino. Han llenado la ciudad de supuestas diversiones para los niños. Ahora tienen un mes por delante para dar rienda suelta a sus instintos. Es que los niños tienen derecho a divertirse, dicen los que se han arrogado el papel de organizadores de vidas ajenas. Yo no me meto en si tienen razón o no la tienen; buenas ganas a estas alturas, y más sabiendo que toda mi vida ha sido un rosario de equivocaciones. Pero ver ese bullicio, un día sí y otro también, me produce desazón. Y si no me está traicionando el recuerdo, pienso que me lo ha producido toda la vida. Lo cual no quita para que haya mordido el cebo mucho veces: las luces de colores, por razones que ignoro, producen expectativas a corto plazo. Y nada como las expectativas a corto plazo para generar frustraciones. Pienso que aprendí pronto esa lección: esa insistencia en que la diversión es algo prefabricado me parece una treta satánica. En fin, allá cada cual, que yo me vine para casa zumbando a seguir con lo mío que son las las expectativas a largo plazo, o por así decirlo, imposibles... las que producen una frustración difusa que apenas duele. 

Las navidades: ni hago regalos ni quiero que me los hagan. Me parece una práctica degradante. Lo mismo que festejar sin tener motivos para ello. Todo lo más dar gracias a los dioses por haberme concedido otro año sin sobresaltos. 

viernes, 6 de diciembre de 2024

¡Dios me oiga!

Por diciembre de 2022 el bitcoin cotizaba a 16.000 dólares la unidad; ahora anda rozando los 100.000. Hace un año, la onza de oro valía 1.800 dólares; ahora anda por los 2.600. Estos son hechos que analizados a la luz de la historia tienen su aquel de inquietante. Porque tanto el bitcoin como el oro son lo que se conoce como valores refugio, es decir, que aunque en esta vida, por definición, no haya nada seguro, sin embargo, unas cosas lo son más que otras, y a estos dos valores se les califica de refugio, precisamente, porque se les considera, por los entendidos, como el sitio más seguro para depositar el dinero. ¿Y cuándo se recurre a lo más seguro? Pues muy sencillo, cuando se piensa que hay que agarrarse porque vienen curvas. 

¿Ustedes qué piensan al respecto? Servidor, lo reconozco, anda muy mosca. Aunque también esperanzado. Porque la experiencia demuestra que, si bien los nubarrones en el horizonte son el preludio de la tormenta, tras la tormenta siempre viene la calma. 

No sé qué pensar de todo esto, porque, desde allí a donde alcanzan mis recuerdos, vengo escuchando a los agoreros las más negras premoniciones. Y alguna vez los nubarrones descargaron aguaceros, pero nunca las tormentas que nos anunciaban. Podríamos decir que a la tormenta morrocotuda que descargó hace ochenta años le siguió una larga calma que de unos años para acá ha ido acumulando tensiones que piden ser descargadas so pena de estallar. Ya se verá en qué acaba la cosa; de momento, cada día que pasa se ven más tramposos con el culo al aire: es una buena señal. Y, por otra parte, tampoco podemos fiarnos de las precauciones que toma el dinero ya que, sabido es de sobra, el dinero es patológicamente miedoso. Yo quiero creer que estamos en aquello que un día dijo un poeta: una gran nube mental está descargando su rayo sosegado. Cada vez más gente se está percatando de que las cosas no son como le habían hecho creer. Es probable que haya que meter a unos cuantos tramposos en la cárcel y, por lo demás, el vocerío de la turba descomunal quedará en un puro alarde de la nada. ¡Dios me oiga!

jueves, 5 de diciembre de 2024

El desconstitucionalizador que la desconstitucionalice...

Mañana es el Dia de la Constitución. Se podría decir que es el Día de Solón que como supongo todos ustedes sabrán es el padre de todas las constituciones, por así decirlo, democráticas. Antes de la de Solón hubo otras en Atenas, como la de Dracón, que no es que no funcionasen, pero a la gente no le iba el rollo y por eso le pidieron a Solón que, como también supongo que saben, fue uno de los siete sabios de Grecia, que les hiciese una más a su gusto: así nació la primera constitución democrática de la historia, es decir, al gusto del populus. 

Entonces, con aquella constitución en marcha, la gente empezó a disfrutar de la vida de lo lindo. Tanto que, a los cuatro días ya había gente echando de menos a Dracón. Solón hizo mutis por el foro y se fue por ahí a aconsejar a los tiranos que no presumiesen de dicha hasta ver en qué acababa la cosa. Resumiendo, que los atenienses, hasta las pelotas ya de tanto pasárselo bien decidieron salir a la calle en masa a vitorear a Pisistrato, con motivo de haber pegado éste un golpe de estado. Pisistrato estuvo cuarenta años en el poder y dejó Atenas que no la conocía ni su madre. Todo eso que van a ver hoy día los turistas se hizo durante su mandato. A la muerte de Pisistrato volvió la democracia y, sí duró unos cuantos años, más bien creo yo que fue gracias a los persas. Ya saben que un enemigo a las puertas es un gran aglutinador de voluntades. Derrotados los persas, cambiaron de enemigos, los espartanos, tan aristocráticos ellos, y perdieron. De hecho perdieron todos, porque quedaron tan debilitados que vino Filipo de Macedonia y se les merendó a todos en dos días. Y entonces fue cuando, realmente, Grecia fue grande: llegó hasta la India. Es la Grecia de Aristóteles, Euclides, Eratóstenes, Diofanto... la lista es interminable. 

Personalmente, la constitución me la suda. Es una pantomima. Los que mandan se la pasan por el forro siempre que les conviene y, luego, cuando un tribunal montado al efecto, se lo echa en cara, se fuman un puro. Yo no es que tenga nostalgia del franquismo, si de algo la tuviese sería de cuando era joven, que sí, entonces mandaba Franco y también cocían habas, pero, como era joven, me las comía, tiraba dos pedos y a disfrutar de la vida. Ahora, yo no sé si cuecen más o menos, yo diría que más, pero, en cualquier caso, ya no las puedo comer porque me pongo a morir. Cosas de la edad, que te enteras mucho más de todo sin apenas mirar. ¡Uf, qué duro es todo esto!

miércoles, 4 de diciembre de 2024

Semitas


A Doctor's Testimony: The Reality of Gaza's Suffering by Dr. Tanya Haj Hassan

Dr. Tanya Haj Hassan, a pediatric intensive care doctor with Medical Aid for Palestinians (MAP), shared a harrowing account of her experiences working in Gaza, where she ..

(El testimonio de una médico: la realidad del sufrimiento en Gaza por el Dr. Tanya Haj Hassan

La Dr. Tanya Haj Hassan, una intensivista pediátrica de la ayuda médica a los palestinos, comparte el espantoso relato de sus experiencias en Gaza, donde ella...)


En World Doctors Alliance (Telegram) se aceptan todo tipo de noticias y mensajes. Ayer había éste que les he transcrito acompañando un video que por supuesto ni ciego de grifa miraría. Ya he leído cien veces las encarnizadas luchas entre israelitas y filisteos y no es cosa de insistir. Yo comprendo que Tania tiene un gran corazón y quiere ayudar a los palestinos a paliar las consecuencias de sus actos. Ayudar por todos los medios, incluidos los de la propaganda. Está en su derecho y, a buen seguro, encontrará cumplida resonancia a sus esfuerzos porque si algo no falta en el mundo son los devotos de las causas perdidas. Es esa gente incapaz de aceptar que Goliat nunca podrá derrotar a David por muchas razones, empezando por la de que Goliat está podrido. Siempre está podrido Goliat, por definición. ¿Conocen ustedes a algún Goliat que no lo esté? Pero, esta es otra historia.

Ayer me mandó Manolo una versión de "All things you are" de Jerome Kern, grabada en la sinagoga central de Nueva York. Cosas de judíos. Tendrían que pasar más de mil años, muchos más, antes de que un semita no judío pudiese hacer algo semejante. Siento mucho que las cosas sean así, pero así son. Y no tienen pinta de cambiar. Y mejor sería que la Dr. Tanya Haj Hassan se preguntase por las razones de que así sea antes de lanzar a las ondas sus lamentos jeremiacos.

¿Por qué insisten los semitas no judíos? ¿Es que no han tenido ya bastante? Recuerdan mucho a aquella puta del Patio de Monipodio a la que le iba la marcha. Es evidente que lo mismo que hay personas que no pueden vivir sin meterse en líos de imposible solución para tener, luego, motivos de queja, también hay colectividades que se entregan a ese juego macabro. Y es que, ¡ay, la queja! Ya se lo decía Rosaura a Clarín:

"No quise darte parte
en mis quejas, Clarín, por no quitarte,
llorando tu desvelo,
el derecho que tienes al consuelo;
que tanto gusto había
en quejarse, un filósofo decía,
que, a trueco de quejarse,
habían las desdichas de buscarse.

Claro que también parecería como que los judíos a todo lo largo de la historia hubiesen estado buscando las desdichas, porque, ¡madre mía, la leña que han recibido! Siempre que la gente necesitaba un chivo, ¡hale, a por los judíos! Y es que jode mucho tener vecinos a los que les va bien cuando a ti te va mal. En esa situación lo que menos quieres es preguntarte por las causas de esa diferencia, aunque, bien pensado, para que vas a preguntarte si ya lo sabes de antemano que al que le va bien es porque usa malas tretas... otro gran consuelo de los desgraciados.

Esa es la cuestión, ¿por qué les va bien a los judíos? O, si no bien, siempre mejor que a sus vecinos. Nadie parece preguntárselo. Y ya va siendo hora, Tanya.


martes, 3 de diciembre de 2024

Lobos esteparios




Reflexionábamos esta mañana sobre la imagen que les traigo a colación. Quizá, a la mayoría, esta imagen, ni fu ni fa. Pero, a los que la estábamos comentando, sí que nos había, no solo llamado la atención, sino que, incluso, nos había hecho gracia. Hacer gracia, ¿se han parado a pensar lo que hay detrás de esa expresión? Pues la gracia es el mayor favor que los dioses pueden conceder a los humanos; por eso es que a sus preferidos les proveen de lo que llamamos sentido del humor, un sexto sentido que penetra los significados ocultos de las cosas. 

Bien es verdad que, si nos había hecho gracia el chiste, no había sido por casualidad, más bien, supongo, que por identificación, ya que ambos dos reflexionantes gozamos, a D. G., de una cierta condición de lobos esteparios. Lo de lobos esteparios viene del título de una novela de Hermann Hesse, un escritor, creo que austriaco, aficionado a las filosofías orientales, que estuvo muy en boga por mis años jóvenes. Mucha gente se quedó enganchada de sus teorías. Concretamente, mi amigo Matos de Salamanca, las siguió toda su vida al pie de la letra y, uno nunca sabe, pero yo diría que he conocido a muy pocas personas más ecuánimes y, sobre todo, agradables, que él. Era un lobo estepario de libro. En fin, perdonen la digresión. 

El caso es ese, que la señora del chiste es un lobo estepario y, los lobos, por lo que sea, incomodan. Bueno, por lo que sea no; todo el mundo sabe que los lobos se comen a las ovejas. ¡Y qué le vamos a hacer si cada uno es como es! Lo de comer, claro, supongo lo habrán entendido, lo digo en sentido figurado: la señora del chiste está obligando a hacer un pensamiento a las parejitas que la rodean. Más o menos, todos sabemos lo que es arrastrar la condición de parejita consolidada por múltiples fornicaciones en un trance de tête a tête un sábado por la noche en un restaurante branché... sin comentarios. 

Ya no recuerdo la de millones de veces que me habrán comentado por ahí lo importante que es lo de socializar. ¡Por supuesto, cómo no voy a estar de acuerdo! Siempre di una prioridad absoluta a la amistad sobre cualquier otro afecto. Podría decir, incluso, que la amistad fue mi gran educadora. Pero, madurar es, entre otras cosas, ir haciendo cada vez más apolíneo el componente dionisiaco de la amistad. Y es que, como decía Pla, si una amistad no me enseña nada, no me interesa. No hay forma mejor de definir la madurez. 

Esa es la cuestión, que, si maduras, irremisiblemente te conviertes en lobo estepario. Y es verdad que sueles aullar las noches de luna llena, pero solo para dar un toque estético al paisaje.