Veníamos conversando, de unos días para acá, sobre la importancia de la prueba.
You want the truth? Here is de proof. (¿quieres la verdad? Aquí está la prueba). Dicho en inglés es más fácil convertirlo en slogan. Un slogan que en buena ley debiera estar en el centro de toda actividad humana. Porque no hay verdad sin prueba. Eso es lo que nos enseña -perdonen que insista- Los Elementos de Euclides. Y por eso quizá sea que, después de la Biblia, haya sido el libro más leído en la historia de la humanidad. Todo lo que se dice en ese libro, se prueba. De hecho, no es otra cosa que un libro de pruebas. O demostraciones.
Cuando andaba por los treinta y tantos, esa edad en la que tienes la cabeza tan ocupada con las cosas del fornicio que no te enteras de nada de lo que realmente te concierne y todo lo que es moda lo tomas por ley, conocí a un tipo de Vitoria que solo abría la boca para preguntar a su interlocutor que en qué se basaba para decir lo que estaba diciendo. El chaval tenía unos estudios anárquicos, unas asignaturas aquí y otras de allí, y, cuando llegaba el verano, se encaramaba, con un montón de libros bajo el brazo, en una torre de vigilancia forestal y se olvidaba del mundo. Lo recuerdo perfectamente porque aquella muletilla, ¿en qué te basas?, me llegó al alma. Quizá estaba empezando a darme cuenta de que me la estaban metiendo doblada a todas las horas y por todos los sitios.
La vida social de baja calidad, esa que los socialistas llaman socialización y, los avisados, baile de vampiros, consiste fundamentalmente en intercambiar chascarrillos cuya veracidad se sostiene en la autoridad que le da la moda. Y la moda, como supongo que ya saben, está ahí para que los traficantes de lo innecesario se ganen la vida. Y es que, no se engañen al respecto, el comercio de lo necesario es una fracción casi marginal dentro del cómputo global de la economía de mercado. Así de complicadas se han hecho las cosas de este mundo a causa de haber perdido, si es que alguna vez se tuvo, la costumbre de preguntarse por el porqué de las cosas.
La prueba es el soporte de la verdad. Sin ella la verdad rueda por los suelos. Por eso la necesidad de exigirla nunca se nos debiera ir de la cabeza. Porque es que, además, es en la prueba en donde reside la belleza de la verdad. Si no se lo creen, cojan, agarren, y pónganse a indagar el Porqué de que factorial de 0 sea 1 (0! = 1). Algo absolutamente contraintuitivo. Pero, toda demostración matemática es bella por definición. Y ahí es donde reside el quid del gusto por ella. Para el que aplica las fórmulas de memoria no tarda en convertirse en un erial... como pasa con todo lo mecánico.
En fin, lo dejo porque me doy cuenta de que me estoy yendo por los cerros.
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