Me mandan un vídeo realizado por medio de la IA (inteligencia artificial) en el que se ve a toda la dirigencia de un partido político trasladada a dos mil años atrás, actuando como se supone que actuaban los romanos. En realidad, no es más que lo que hemos visto tantas veces en las películas de Hollywood, con la única diferencia de la facilidad que dan los medios tecnológicos actuales para montar la simulación; hoy día, cualquier mindundi, bajándose una aplicación de IA se puede dedicar a tergiversar la realidad de modo que a la inmensa mayoría le resulte casi imposible darse cuenta del engaño. Una vuelta de tuerca más, en definitiva, de lo que siempre ha sido la habilidad de los tramposos.
La cosa, tampoco es que tenga tanta enjundia como nos quieren dan a entender los que venden el invento. Para engañar a la inmensa mayoría nunca hicieron falta grandes recursos porque la inmensa mayoría siempre está a falta de un buen engaño que la venga a sacar del muermo en el que vive. Y eso nunca va a cambiar porque en la condición humana está gravada a fuego la ley del mínimo esfuerzo. Recuerden aquel concurso de ideas que ganó Bartolo el Rey de los Vagos: él proponía una máquina que apretase el botón que había que apretar para que todas las tareas de la vida estuviesen resueltas.
Yo veo a la gente por ahí angustiada y, por añadidura, con los colmillos afilados. Se te acercan con la manifiesta intención de clavártelos en la yugular, pero, como uno tiene ya más escamas que un galápago, rápidamente saca el ajo o la cruz y el vampiro sale volando. En realidad, el ajo y la cruz consiste en llamarles putos vagos y sugerirles que pongan un poco de agonía en sus vidas. ¿Pero cómo se hace eso?, me contestan airados. ¿Has leído El Quijote?, les respondo. Es que me cuesta mucho, es muy difícil. Pues ya está, esa es la agonía que necesitas, ¡léelo!
¡Manda huevos, gente con una carrera a la que le resulta difícil leer El Quijote! Así está el patio. Ayer recomendé a otro vampiro, que, por cierto, se dedica a la enseñanza, que dejase de dar la vara y se pusiese a leer El Criticón. Me contestó que si así podría ganarse el cielo, cerrando la pregunta con muchos signos de interrogación a los que para redondear añadía una de esas mierdas que llaman stikers o algo así... los vampiros suelen ir de ingeniosos.
Pues bien, uno no sabe nada de nada, pero tiene sospechas, y una de ellas es que cuantos más inventos hay en e mundo mayor es la angustia de la gente. Porque los inventos no hacen otra cosa que desposeernos del consuelo supremo que es "la bendición del trabajo", o, dicho de otro modo, del olvido de sí mismo en "la tarea cotidiana". Así que, mis queridos, ojo al parche, porque ni es oro todo lo que reluce y sí por mucho madrugar Dios te ayuda.
No hay comentarios:
Publicar un comentario