martes, 10 de diciembre de 2024

¿Descubrimiento o invención?

¿Hay alguien que tenga idea de cuáles son los oscuros resortes del movimiento histórico? Si uno coge, agarra, abre YouTube, y se pone a mirar los titulares, se diría que el mundo está lleno de versados en el asunto. Analistas les llaman, y largan y largan y largan y, de vez en cuando, como en la fábula del burro, la flauta suena por casualidad. La Historia, como pasa con el clima, a duras penas es previsible más allá de una semana. A partir de ahí el número de variables crece exponencialmente y ya todo queda en las manos de Dios que, como creían los antiguos, y supongo seguimos creyendo los modernos, nos premia o castiga en función de los sacrificios que le hemos ofrecido. Porque la cosa va de eso, que por mucho que echemos mano de la razón para intentar comprenderlo todo, como la realidad es tan inaprensible, al final tenemos que recurrir a lo irracional para calmar nuestro espíritu. 

Porque las cosas son así es por lo que algunos piensan que lo más sabio que se puede hacer en este mundo es meterse a monje y olvidarse en la medida de lo posible de que hay un mundo ahí fuera. Lo que tenga que ser, será. Digamos que es lo más sabio por egoísta, lo que, a la postre, también trae aparejado el castigo de los dioses. El ser humano haga lo haga no puede sosegar por más que todo el empeño de su vida sea intentarlo utilizando la herramienta de la razón.

 Aquellos hombres de las cavernas, aprendieron pronto que la naturaleza tiene ciclos y, de ahí, a inventar los números todo fue una. No le costó darse cuenta de que los números servían para un montón de cosas del cotidiano transcurrir. Aprender a sumar, a restar a multiplicar, a dividir, no creo que le llevase muchos siglos. Hay muchos problemas de la vida que solo se pueden resolver con números. Aunque, bien es verdad, son los problemas más fáciles. Cuando se complican un poco quedamos a merced del destino. Así todo, insistimos y tratamos de hallar soluciones manipulando los números. No de otra manera es como hemos construido ese fastuoso castillo en el aire que llamamos matemáticas. 

Los fundamentos de ese castillo, como no hubiera podido ser de otra manera, los pusieron nuestros antepasados los griegos. Seguramente en aquella Grecia fue el primer lugar del mundo en el que hubo una burguesía propiamente dicha. Gente comerciante que necesitaba las matemáticas para mejor navegar y llevar las cuentas de los intercambios que hacían. Y, luego, que los burgueses tienen hijos que como nunca tuvieron que preocuparse por la manduca, suelen propender al deporte conocido como pajeo mental, un vicio solitario que proporciona al que lo practica los placeres inherentes al descubrimiento de nuevos mundos. Burguesía y poner el mundo patas arriba a causa de los pasatiempos de sus hijos todo es una. 

¿Descubrimientos o invenciones? Ahora les ha dado a los hijos de los burgueses por ponerse a debatir sobre si las matemáticas avanzan por descubrimientos de algo que estaba ahí oculto o por invenciones de algo que no existía. ¡Esto sí que es paja mental! Descubrir como Cortés o inventar como Edison. Personalmente, no concibo otra cosa que el descubrimiento. Ayer, por ejemplo, estuve un buen rato maravillándome con la función de Lambert. Un truco ingeniosísimo para resolver ecuaciones que tienen la incógnita en el coeficiente y en el exponente. El tal Lambert fue un francés del siglo XVIII que descubrió el truco y todo el mundo se olvidó de él hasta que alguien a finales del XX cayó en la cuenta de que ese truco venía como de molde para resolver ecuaciones de la cosa cuántica. Ya ven, así son las cosas de este mundo. Aunque, por otro lado, cuando pienso en los números complejos me parece que son pura invención. O, mejor, intuición. Una de las más geniales. Pero es que, ¿acaso para descubrir lo oculto no hace falta también intuición? No sé si esto no será llevar la paja mental al puro barroquismo. 

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