El gran problema que tienen los idiotas es que no alcanzan a comprender que es imposible sortear las leyes de la naturaleza. O, dicho de otra manera, que no se puede querer una cosa y su contraria. Y eso es, justamente, lo que hacen esas ideologías idealistas que llaman ecologismo que, por cierto, se han apoderado del imaginario popular. Claro, es comprensible: ¿a quién no le va a gustar el estar calentito en casa viendo por los ventanales una naturaleza en su estado primigenio?
Ustedes conocen alguna escuela en la que se haga leer a los niños la Teogonía de Hesíodo. Yo desde luego no. Ese libro lo leí cuando ya andaba por los cuarenta y fue un shock que cambió radicalmente mi idealista percepción de la realidad. Ahí, en ese libro, está perfectamente explicado el mito fundacional de nuestra cultura. Algo tan sencillo, e antiidealista, como que es imposible robar fuego a los dioses y no pagar por ello.
Pues nada, ahí sigue la humanidad empecinada en seguir robando fuego sin querer reconocer que por ello tiene los hígados carcomidos. Quizá es que ese sea el destino que nos tocó en suerte como especie, seguir robando fuego hasta que ya no nos quede hígado suficiente para mantenernos con vida. Bueno, no pasa nada; continuamente se están extinguiendo especies y la tierra sigue girando alrededor del sol como si nada.
Les comentaba estas obviedades porque me he enterado de que, a causa de haber tenido un otoño muy poco ventoso, andan por los países del norte europeo que se les llevan los diablos. Se había fiado el robo de fuego a los favores de Eolo y resulta que Eolo, por lo que sea, se ha tumbado a la bartola. Ni al demonio se le ocurre semejante ingenuidad, ¡cómo si Eolo no hiciese lo mismo cada dos por tres! Ahora, claro, cuestiones de oferta y demanda, el precio de estar calentito en casa contemplando por los ventanales los bosques primigenios se ha multiplicado hasta por seis en algunos lados. Y el hígado de esas gentes está que ya no resiste más.
Ya digo, tiene que ser que éste es nuestro destino: necesitar robar cada vez más fuego. Podríamos, acaso, pararnos a pensar si no sería posible vivir igual, o incluso mejor, con menos, pero se ve que eso es un imposible metafísico. Desde que tengo uso de razón no he oído otra cosa que cantar loas al progreso. Progreso, bien es verdad, en el sentido material del término. ¡No hay saber como el tener! Nunca nos saciamos, por más que nos mate la flatulencia.
En fin, buenas ganas de preocuparse por lo que no puede ser de otra manera de como es. De esta siesta que se está pegando Eolo pudiera ser que lo que se conoce como Comunidad Europea saltase por los aires, porque los idealistas, por la propia naturaleza de sus mentes, no pueden entender que si algo escasea inmediatamente sube su precio. Ya lo decía mi madre, que donde no hay harina, hay mohína.
No hay comentarios:
Publicar un comentario