jueves, 12 de diciembre de 2024

Qohelet

 Con constancia de adicto, reincido una y otra vez: vuelvo al blog que escribió Qohelet hace veintitrés o veinticuatro siglos. Es la reflexión diaria de un viejo sobre su dilatada experiencia. Reflexión que, como no puede ser de otra manera, está condicionada por el estado de ánimo del momento. Y en eso estriba su riqueza, en ser muchos en uno. Como somos todos, por cierto. 

Muchos, pero viejos todos. Por eso todo está trufado de desengaño y escepticismo. Y es que es muy difícil, por no decir imposible, llegar a viejo con otra filosofía que no sea esa porque te has cansado de ver triunfar al malvado y fracasar al justo. ¿Dónde está la justicia de Dios, entonces? Así y todo, tiene una cierta confianza en la sabiduría, aunque no todos los días. El sabio, dice, prefiere la casa en duelo; el necio la casa en fiesta. Porque más vale sufrir que reír, pues dolor por fuera cura por dentro. 

Dice otro día: "Me puse a indagar a fondo buscando sabiduría y recta valoración, procurando conocer cuál es la peor necedad, la necedad más absurda, y descubrí que es más trágica que la muerte la mujer cuyos pensamientos son redes y lazos y sus brazos cadenas. El que agrada a Dios se librará de ella, el pecador quedará cogido en ella". Aquí su desengaño todavía conserva un atisbo fe en la la justicia divina. 

Aunque al día siguiente va y dice: dejémonos de leches; aquí lo único que merece la pena es comer y beber y disfrutar en los brazos de la mujer amada. Aunque, al cabo de un rato, se lamenta: "¡Ay del país donde reina un muchacho y sus príncipes madrugan para sus comilonas! Dichoso el país donde reina un noble y los príncipes comen cuando es hora y no ponen su valentía en el beber. La holgazanería derrumba el techo y brazos caídos derriban la casa". 

E insiste: "Tanto mirar los vientos, que no se siembra; tanto mirar las nubes que no se siembra. Si no entiendes cómo un aliento entra en los miembros en un seno preñado, tampoco entenderás las obras de Dios, que lo hace todo". En definitiva, que el que no se arriesga, no pasa la mar. 

Y remata: "Disfruta mientras eres muchacho y pásalo bien en la juventud; déjate llevar del corazón y de lo que atrae a los ojos; y sabe que Dios te llevará a juicio para dar cuenta de todo. 

Acuérdate de tu Hacedor durante tu juventud, antes de que lleguen los días aciagos y alcances los años en que dirás: No le saco gusto. 

Vanidad  de vanidades -dice el Predicador-, todo vanidad".

Y todavía le queda el epílogo: "En conclusión, y después de oírlo todo, teme a Dios y guarda sus mandamientos, porque eso es ser hombre; que Dios juzgará todas las acciones, aun las ocultas, buenas y malas". 

Es lo que tiene ser viejo, que uno se repite. Seguro que es una treta para autoconvencerse de que se va a ir de este mundo con la lección aprendida. Pura vanidad.

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