miércoles, 25 de diciembre de 2024

Saturnales


El periodista Sostres sostiene, o sostenía, que es de mal gusto acudir a la cena de Noche Buena sobrio. Si nos atenemos a tal premisa, tendríamos que concluir que, en esta ciudad al menos, hay un buen gusto que es que no se puede aguantar. Ayer, a las seis, María y yo, ya estábamos cenados, habíamos intercambiado algunas felicitaciones con amigos que también lo estaban y, después de descansar un rato, nos fuimos a dar un paseo. María quería ir al centro, porque decía que seguro que estaba muy tranquilo. Las mujeres, ya se sabe, inventan cualquier escusa con tal de estar en medio de la socialización masiva; no entiendo que buscan en ello. Efectivamente, el centro estaba que no cabía un alfiler. Y la juventud, en general, con pinta de estar ebria. O sea, siguiendo las instrucciones para el buen gusto del periodista Sostres. 

Todo esto viene de lejos; de los romanos. En realidad, nuestra cultura es la griega vulgarizada por los romanos. Ellos celebraban a lo grande el que los días empezasen a ser más largos. Se tiraban siete días despendolados, comiendo, bebiendo, haciéndose regalos los unos a los otros y encendiendo velas por todos los lados. Lo de la Navidad cristiana, en realidad, no fue más que un aprovechamiento de que el Pisuerga pasa por Valladolid. Metemos aquí, en estas fiestas de la luz, el nacimiento de Jesús, y queda como de molde, debieron pensar los jerarcas cristianos. Y, efectivamente, en el plano simbólico tiene mucho sentido. 

En cualquier caso no quiero ni imaginarme los sicodramas que habrán tenido lugar anoche en multitud de hogares a los que los hijos en perpetua adolescencia llegaron cargados de vino y razones. Es un clásico. En la apoteosis dionisiaca se liberan todos los demonios interiores que en aras de una convivencia civilizada se habían ido encadenando. Dicho en román paladino, se sacan a relucir los trapos sucios. Entonces, los cabreos son morrocotudos y el colofón es una tristeza generalizada: a mi no me pescan un año más en una de estas, dice la gente. Por eso los romanos llamaban a estas fiestas Saturnales, o sea, fiestas de lo telúrico, de lo de comerse a los hijos, para que nos entendamos. Goya lo vio claro.  

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