sábado, 7 de diciembre de 2024

Expectativas

Ayer, por razones que no vienen al caso, me vi en el centro del torbellino. Han llenado la ciudad de supuestas diversiones para los niños. Ahora tienen un mes por delante para dar rienda suelta a sus instintos. Es que los niños tienen derecho a divertirse, dicen los que se han arrogado el papel de organizadores de vidas ajenas. Yo no me meto en si tienen razón o no la tienen; buenas ganas a estas alturas, y más sabiendo que toda mi vida ha sido un rosario de equivocaciones. Pero ver ese bullicio, un día sí y otro también, me produce desazón. Y si no me está traicionando el recuerdo, pienso que me lo ha producido toda la vida. Lo cual no quita para que haya mordido el cebo mucho veces: las luces de colores, por razones que ignoro, producen expectativas a corto plazo. Y nada como las expectativas a corto plazo para generar frustraciones. Pienso que aprendí pronto esa lección: esa insistencia en que la diversión es algo prefabricado me parece una treta satánica. En fin, allá cada cual, que yo me vine para casa zumbando a seguir con lo mío que son las las expectativas a largo plazo, o por así decirlo, imposibles... las que producen una frustración difusa que apenas duele. 

Las navidades: ni hago regalos ni quiero que me los hagan. Me parece una práctica degradante. Lo mismo que festejar sin tener motivos para ello. Todo lo más dar gracias a los dioses por haberme concedido otro año sin sobresaltos. 

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