Lichtemberg fue un matemático y físico alemán que nació dos siglos antes que yo -en julio de 1742- y que es recordado más que nada por las citas que de sus escritos hacen gente tan poco sospechosa de pusilanimidad como puedan ser Goethe, Nietzsche o Shopenhauer. La obsesión de Lichtember era el arte de pensar, el espíritu crítico, el veneno de la curiosidad. Y eso, más que las propias matemáticas o física, era lo que trataba de inculcar a sus alumnos de la universidad de Gotinga. ¡Perdón por esta erudición! ¡Olvídenla Ya!
Les traigo esto a colación porque leyendo un texto de Shopenhauer sobre el arte de pensar me he encontrado con una cita al tal Lichtemberg en la que se reflexiona sobre un asunto que siempre me ha traído de cabeza por su apestosa incidencia en los ambientes sociales que se suelen considerar, o más bien autoconsiderar, como cultos: me refiero a la erudición del conocimiento, es decir, a esa diarrea de datos irrelevantes, que no aportan nada sino embarullamiento de la mente y de la que están llenas las conversaciones de salón, los programas televisivos "científicos", conferencias y demás actos a los que acuden los que viven en perpetua huida de sí mismos. Dice Lichtemberg:
"Creo que, en nuestros días, se trata la historia de las ciencias de una manera demasiado minuciosa, con gran desventaja de la ciencia misma. Se leen con placer estas historias, pero, sin dejar la cabeza positivamente vacía, en realidad, no le aportan fuerza real, precisamente porque la llenan demasiado.
Quien haya sentido alguna vez el deseo, no de llenar su cabeza, sino de fortalecerla, de desarrollar sus facultades y aptitudes, de ampliar su capacidad, habrá encontrado que no hay nada tan debilitante como una conversación con un intelectual sobre una materia de ciencia que él mismo no ha profundizado, pero, a propósito de la cual, conoce mil pequeños hechos histórico-literarios. Es como si se leyese un libro de cocina a un individuo con mucha hambre..."
Ese es el asunto, tener la cabeza llena de mierda e ir por el mundo soltándola al primero que se te cruza. Incluso existe gente que hace de ese soltar mierda un arte que le da para vivir. Y es que la pereza mental, tan extendida por el mundo, es una condición del espíritu que si por algo se caracteriza es por su avidez por absorber mierda. Así es que se publican por ahí libros, pongamos El Universo en un Tablón, que son una estragante recopilación de nimiedades, y de inmediato se convierten en bestsellers... Dios te libre de toparte con alguien que lo acaba de leer: tiene la mierda fresca y se muere por echártela encima.
En fin, qué otra cosa podemos hacer que no sea ponernos a resguardo.
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