Recuerdo que en las francachelas juveniles se solía cantar aquello de "beber, beber, beber es un gran placer". Yo, por no ser menos, seguía la corriente, pero sin entusiasmo porque mi constitución física se resentía más de lo que parecía habitual entre mis compinches. Supongo que eso influyó en que no me costase mucho cambiar el "beber, beber" por el "leer, leer". Desde muy joven tuve esa afición que con los años se convirtió en pasión. He vivido mucha vida a través de los libros. Mucha más, diría, que la inmensa mayoría de la gente que he conocido, lo cual, seguramente, ha sido la causa primera de no pocos problemas de integración que he arrastrado a lo largo de los años. A buen seguro, leí demasiados libros a los que no tenía derecho. Pero, en fin, fue como fue, y a lo hecho pecho; ahora no me queda más remedio que seguir en la brecha so pena de crever, como dicen los franceses... que es que, mira que es duro esto de la vejez a palo seco, todo el día por ahí formando parte de la insólita turba que acude a los actos culturales de la provincia... que son como el tercer círculo del infierno de La Divina Comedia.
El caso es que estoy otra vez sobre lo de Hamlet. Para mí Hamlet y El Quijote son la culminación del arte literario. A partir de ahí, solo hay decadencia. Bien es verdad que de vez en cuando se produce un respingo que atrae la atención, pero, en general, con respecto a lo que hubo antes, lo de después, me parece bien poca cosa a efectos de novedad... todo son recreaciones, más o menos logradas.
La versión que estoy leyendo es la que tengo en el kindle que la bajé de Proyecto Gutenberg hace ya bastantes años. Llegué a tener varias versiones en inglés y español, pero las he ido perdiendo por el camino. Recuerdo que Dani, un traductor que conocí en Salamanca y que luego frecuenté en Barcelona, me pasó una casete con la obra en inglés a la le di tantas vueltas que acabó por quemarse. Era cuando todavía andaba sobrado de energías intelectuales, por así decirlo. Leerlo ahora en inglés me costaría sudor y lágrimas, sin embargo, a medida que voy leyendo esta versión que tengo en el kindle me rechina muchas veces la traducción, porque recuerdo opciones que me parecen más afortunadas. P. ej.
"My words fly up, my thoughts remain below
Words without thoughts never to heaven go."
Yo nunca lo hubiese traducido así:
"Vuelan mis palabras, queda el pensamiento.
Palabras vacías no suben al cielo."
Me parece mucho mejor:
"Mis palabras vuelan altas, mis pensamientos permanecen bajos.
Palabras sin pensamientos nunca van al cielo."
En cualquier caso, ¡qué pobres suelen ser las traducciones! Y no te digo, ya, cuando son de poesía. De ahí que para cualquier lector empedernido -lletraferit- conocer idiomas sea un placer indescriptible. Leer a Houellebeq en francés, o a Pla en catalán, han sido de los mayores lujos que me he pegado en la vida. En fin, cada uno según sus posibilidades, como dicen los marxistas. Y es que por muy mala que sea la traducción de Hamlet seguro que su lectura es infinitamente más productiva que toda esa literatura para chachas que atiborra las estanterías de las bibliotecas públicas.
Por lo demás, ya voy dando fin al Walden de Thoreau. El hombre ha salido de pesca y le ha pillado la lluvia, así que ha corrido hacia una cabaña que recordaba abandonada. Pero al llegar allí se la encuentra ocupada por una familia irlandesa que, según su particular concepción de la vida, es un verdadero desastre. Así es que se decide a echarles una mano para que mejoren:
"... Intenté ayudarle con mi experiencia, diciéndole que era uno de mis vecinos más cercanos y que yo también, aunque pareciera un gandul que había venido a pescar por aquí, me ganaba la vida como él, que vivía en una casa impermeable y limpia, que no costaba más que la renta anual a la que ascendería una ruina como la suya y que, si quisiera, podría construirse en uno o dos meses un palacio propio; que yo no tomaba té, ni café, ni mantequilla, ni leche, ni carne fresca, de modo que no tenía que trabajar para conseguir todo eso y que, como no tenía que trabajar mucho, tampoco tenía que comer mucho, y que mi comida apenas me costaba nada; pero que como él empezaba con té, café, mantequilla, leche y carne de vaca, tenía que trabajar duro para pagarlo y que, como había trabajado mucho, tenía que comer mucho para reparar el gasto de energía, de modo que daba lo mismo, o no lo daba, pues estaba descontento y había malgastado su vida con el trato, aunque había creído que salía ganando al venir a América y poder conseguir aquí té, café y comida todos los días. Pero la única América verdadera es aquel país donde somos libres para seguir un modo de vida que nos capacite para pasarnos sin esas cosas y donde el estado no intente obligarte a mantener la esclavitud y la guerra y otros gastos superfluos que directa o indirectamente resultan del consumo de todo eso. Deliberadamente hablé con él como si fuera un filósofo o deseara serlo. Me alegraría que todos los pastizales de la tierra quedaran en estado salvaje si esa fuera la consecuencia de que los hombres empezaran a redimirse. Nadie necesita estudiar historia para averiguar qué es lo mejor para su cultura."
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