lunes, 3 de noviembre de 2025

Maremoto de evidencias


Que la historia se repite lo sabe todo el que no está ciego de soberbia como consecuencia de haber acumulado poder por procedimientos que no son los del mérito... algo muy común, por cierto. Por así decirlo, estamos otra vez en las mismas que estuvo Galileo con motivo de haber escrito un libro indicando que era la Tierra la que giraba alrededor del Sol y no el Sol alrededor de la Tierra. Las pruebas que daba eran irrefutables, pero eso de nada servía frente a los intereses de un poder ciego de soberbia y corrupción... aquellos curas que follaban más que el Gallo de la Pasión, como nos cuenta Francisco Delicado en su Lozana Andaluza. Una cosa es la verdad física y otra es la verdad teológica, le dijo el papa a Galileo cuando bajó a visitarle a los calabozos del Vaticano en los que le tenía encerrado. Los idiotas, como lo estamos viendo ahora con los socialistas de todos los partidos, creen que pueden solucionar los problemas jugando con el lenguaje. Le escribe Galileo a Kleper, el que, como supongo saben, utilizando las observaciones astronómicas de Tycho Brahe, había dejado niqueladas las circunvoluciones de la Tierra alrededor del Sol:

"Mi querido Kepler, desearía que pudiéramos reírnos de la notable estupidez de la gente común. ¿Qué tienes que decir sobre los principales filósofos de esta academia, que están llenos de la terquedad de un asno y no quieren mirar ni los planetas, ni la luna, ni el telescopio, aunque les he ofrecido libre y deliberadamente la oportunidad mil veces? En verdad, así como el asno se tapa los oídos, estos filósofos cierran los ojos a la luz de la verdad".

Pues ahora, cuatro siglos después, estamos en exactamente en las mismas respecto de las vacunas y la ciencia médica en general. Da igual el maremoto de evidencias que está arrasando la verdad, por así decirlo, institucional; las instituciones del Estado, secuestradas por las mafias políticas, han optado por sostenella y no enmendalla por aquello de que su ignorancia los lleva a creer que, cuando un principal reconoce su error, de inmediato se tambalea su poder... poder espurio, habría que añadir, es decir, conseguido no por méritos sino por artimañas de rufián. 

El caso es que en los EEUU de América han pasado en menos de un siglo de tener un niño autista cada ciento cincuenta mil, a tener uno cada treinta y uno. Como es natural, un hecho tan alarmante ha suscitado la curiosidad de no pocos investigadores que, a través de sus pesquisas, han llegado a sugerir que bien pudiera ser que las vacunas estuviesen detrás de esa catástrofe sin precedentes. No lo han asegurado, solamente lo han sugerido y, de paso, solicitado de las autoridades competentes que se inicien estudios serios que puedan afirmar o desmentir la suposición. Y en esto llega el señor Kennedy a la cabeza del ministerio de sanidad y decide iniciar esos estudios. ¡Para qué quieres más! De inmediato se ha iniciado una campaña por tierra mar y aire para ridiculizar al señor Kennedy y a todo el que ponga en cuestión la seguridad de las vacunas. Así es que estás escuchando en YouTube un video, pongamos que de Alexandra Whittinghan y Stephanie Jones interpretando Helping Hands de Sergio Assad, y, de pronto, se interrumpe y aparecen un par de payos con una pinta muy digna que empiezan a cantar alabanzas a las vacunas y a ridiculizar a los que las cuestionan. ¿Quién está pagando todo ese inútil esfuerzo de propaganda? Mira que hay que ser necio para intentar contrarrestar la verdad científica, que, por su propia naturaleza, siempre es transitoria -y más en las ciencias consideradas blandas- con propaganda. En fin, ahí están las instituciones estatales de la mano de los laboratorios farmacéuticos echando el resto para que la verdad no salga a la luz. Exactamente igual que lo que hizo la iglesia católica cuando se empezó a desmontar el punto de vista geocéntrico aristotélico de que la Tierra era el centro del Universo... y por eso, precisamente, era que Dios nos hubiese puesto aquí: ¡todo cuadraba a la perfección! ¡Cómo no se iban a volver locos ante el desmontaje de su chiringuito que suponía la teoría heliocéntrica! Ya ven de qué les sirvió matar a tanta gente para frenar la verdad. 

Pues sí, ahora hay un maremoto de evidencias de que las vacunas, unas más que otras, no son de fiar. Tengan en cuenta que, a los niños estadounidenses les ponen, por mandato imperativo, más de setenta vacunas. Es el gran negocio del siglo. Por eso es que se dé esa connivencia entre los laboratorios farmacéuticos y el poder político; a estas alturas ya no se sabe quién manda a quién. ¡Poderoso caballero es Don Dinero! Sin embargo, por mucho que esos señores lo quieran ignorar, el dinero es poderoso a corto plazo; a medio plazo ya se empieza a tambalear; y, a largo, siempre es arrasado por la verdad. ¿Quién pudiera pensar ahora que la Tierra es el centro del Universo? Hasta el más ignorante le tomaría por loco. Pues con las vacunas... ¡vamos a ver! Pero para mí que no va a durar mucho el chiringuito. 

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