Perdonen que insista, pero es que, en mi opinión, hasta que no salga a la luz toda la verdad, y nada más que la verdad, de lo que pasó hace cinco años, será imposible que el mundo sosiegue, y no por nada, sino porque empeñarse en vivir en la ficción es la madre de todos los desastres. Ya sé que son mayoría los que piensan que lo que estoy diciendo es paranoia; que lo que pasó hace cinco años fue que hubo una pandemia que las autoridades políticas, de la mano de los laboratorios farmacéuticos, la solucionaron divinamente... y aquí paz y después gloria. Pues no, en mi opinión, y en la de muy bien amuebladas cabezas, no hubo tal cosa como una pandemia, sino, más bien, un ensayo a la desesperada de someter a las poblaciones por medio del miedo... algo muy viejo, por cierto, por más que la utilización de las nuevas tecnologías para encubrir el engaño lo hiciera parecer novedoso. En realidad, fue todo tan burdo que no es extraño que la masa amorfa no quiera saber nada para evitarse así reconocerse en lo que realmente es: masa amorfa. Porque, digamos, aquello, sin proponérselo, fue un test de lo que cada uno era y es... la verdad es que me llevé muchas sorpresas y aún hoy es el día en el que todavía no he salido del asombro.
Pero, como dice la sentencia, no se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo. Y en estos cinco años, que se diría de vagar por el desierto, la verdad se ha ido organizando silenciosamente y, ya, está empezando a dar sus frutos: The Covid Index es uno de ellos. Ustedes pueden acceder a ese portal y ver todos los artículos referentes al asunto de marras que, desde el primer día, el poder en curso censuró. Y esa es la cuestión, que no puede haber prueba más fehaciente del engaño que la censura. Hasta el más tonto de la clase sabe eso y, sin embargo, coló por la única y sencilla razón de que el mundo está lleno de los más tontos de la clase... así que, allá cada cual con su conciencia, pero que nadie se llame a engaño porque a todos, por aquellos días, se nos vio el plumero y eso no se olvida fácilmente.
Si echasen un vistazo a ese Index, cosa que, obviamente, no harán, se darían cuenta de cómo, desde el primer día, el engaño estuvo cantado. Así que, la felonía cuajó, no porque la gente fuese cobarde, que puede ser que también, sino, simple y llanamente, porque, por razones que convendría analizar, la inmensa mayoría de la gente no sabe informarse. Se ha creado una sociedad crédula y acomodaticia que lo único que quiere es que la pastoreen... haciendo oídos sordos y ojos ciegos a la realidad de que todo pastoreo acaba indefectiblemente en el matadero. Porque todos esos artículos en los que se exponía el engaño estaban censurados, sí, pero solo en los grandes medios y en las tradicionales revistas de prestigio científico -a donde el brazo del poder alcanzaba, en definitiva-, pero, a Dios Gracias, el poder nunca ha podido controlar los recovecos que todo sistema tiene y, precisamente ahí es en donde, el que quería, se podía informar. Y muchos se informaron y así fue como comenzó esta guerra larvada entre la verdad y la mentira que está ya a punto de resolverse con el triunfo de la verdad, como siempre ha sido, por otra parte.
Y en esas estamos, saliendo de una y metiéndonos en otra. Ahora toca la identificación digital, una catástrofe de proporciones homéricas, que la inmensa mayoría se niega a ver... a mí que me den pan y que me llamen alfombra: no hay manera de salir de tal filosofía de vida. O sea, justo lo que Dios reprueba. Y es que para eso no se hubiera tomado la molestia de hacernos a imagen y semejanza suya. En fin, qué quieren que les diga si no es que, por favor, sean desobedientes hasta que hayan conseguido informarse de ideas contrapuestas y hayan podido sacar sus conclusiones... que no para otra cosa nos hizo Dios como nos hizo.
Si, Pedro . Nos la metieron doblada, como casio siempre. Nunca terminas de aprender, manda huevos
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