viernes, 21 de noviembre de 2025

Amén


¿Por qué las vacunas se han convertido en una religión?

¿Cómo las vacunas llegaron a ser el agua bendita de la civilización?

Todo empezó en el siglo XVIII, cuando una escritora inglesa, que vivía a la sazón en Turquía, se dio cuenta de que las mujeres que ordeñaban las vacas nunca enfermaban de viruela. Y es que las vacas tienen una forma liviana de viruela de la que se contagiaban aquellas mujeres quedando con ello inmunizadas. Aquella observación dio algo que hablar y fue de inmediato demonizada por la ciencia médica del momento. Pero hubo algunos médicos que no la echaron en saco roto e hicieron sus experimentos. Pocos años después, apenas iniciado el siglo XIX, un tal Jenner, médico inglés, publicó sus hallazgos al respecto y fue una de las mayores bombas en la historia de la medicina. No habían pasado un par de años de la publicación y ya la corona de España envió un barco lleno de niños infectados con la viruela de la vaca al continente americano. Pocas actuaciones médicas habrán sido tan exitosas como aquella expedición. Hay que tener en cuenta que, por entonces, la viruela era el mayor azote de la humanidad: mataba millones todos los años. Recuerdo que, recién iniciados mis estudios de medicina, en unas vacaciones, mi padre me encargó la vacunación de todo el pueblo. Se hacía una pequeña escarificación en la piel del hombro con una lanceta previamente impregnada con la pócima milagrosa. Nunca hubo invento que funcionase mejor. Ya hace bastantes años que se dio por extinguida la viruela. Luego, hacia mediados del siglo pasado, se inventó la vacuna contra la poliomielitis que, a la sazón, era el mayor quebradero de cabeza que tenía la ciencia médica. Hay que ser muy mayor para tener el recuerdo de la cantidad de gente coja que, a causa de esa enfermedad, había por el mundo.
A partir de logros tan espectaculares, es lógico que se pensase que se podían conseguir vacunas para todas las enfermedades infecciosas. Y los laboratorios se pusieron a la tarea y pronto empezaron a salir al mercado vacunas para esto, para lo otro y para lo de más allá. Así se ha llegado a la grotesca situación de que a los niños de los EEUU de América les endilgan en la niñez hasta setenta y tantos tipos de vacuna... hasta para el picor de nariz. Por no hablar de los viejos a los que anualmente se les inyecta la vacuna de la gripe como si de un ritual religioso se tratase. Yo también sucumbí durante años a tamaña necedad.

El caso es que, como se suele decir, a rey muerto, rey puesto. O, si mejor quieren, a enfermedad controlada, enfermedad despendolada. Y por el camino, los laboratorios farmacéuticos se han convertido en los auténticos poderes en la sombra que controlan el mundo. No hace ni cuatro años que lo ha podido comprobar cualquier persona que conserve un par de neuronas funcionantes... cosa no fácil, por cierto, dado el grado de intoxicación, tanto química como mediática. a la que vivimos sometidos.

Porque el caso es ese, que por mucha vacuna que haya la morbilidad de la sociedad no decrece sino, más bien, todo lo contrario. Cuando más se vacuna la gente más enfermedades tiene y, de rebote, más negocio para los laboratorios. En los EEUU de América, uno de cada treintaiún niños tiene autismo, y, uno de cada dos, tiene una enfermedad crónica. ¿Tendrá algo que ver en ello tanta vacunación? ¡Vade retro! Ni se te ocurra mentarlo: vas directamente a la hoguera. Y eso por más que se sepa que en las comunidades que no vacunan a sus hijos no existe tal problema. Al final lo que tenemos es una nueva religión con sus talibanes siempre al acecho por si hay que quemar a algún hereje.

En realidad, no hay nada nuevo bajo el cielo. Cualquiera que se haya molestado en leer algo sobre la historia de la medicina sabrá que desde la noche de los tiempos se cometieron barbaridades en nombre de la ciencia con la misma convicción de estar haciendo lo correcto que la que se tiene ahora respecto de las vacunas y tantas otras terapias de, en el mejor de los casos, dudosa efectividad. Cuando yo empecé a ejercer, hace ya casi sesenta años, todavía se praticaban las sangrías, una terapia sagrada durante centurias, o milenios, que seguro produjo más muertes que la viruela y poliomielitis juntas. Y todavía recuerdo cuando en el quirófano de al lado del que yo estaba ayudando a sacar
quistes de los pulmones, estaba el Dr. Barón rebanando estómagos a cualquier desgraciado con malas digestiones. ¿Quién hubiese osado dudar en aquellos tiempos de que se estaba haciendo lo correcto? En fin, ya ven lo en serio que hay que tomarse todas estas cosas de la ciencia médica -un oxímoron-. 

Por cierto, un pequeño detalle: está archicomprobado que la gente que se vacuna de la gripe tiene el doble de probabilidades de pillarla que el que no se vacuna. Y, sin embargo, como dice el bolero, te quiero. ¿Por qué será? Les trascribo unas reflexiones al respecto por si pudiesen servirles de ayuda.


Note: propaganda is a tool that is used to convince the population that something which goes against their interests and cannot be logically justified is actually “good for them.” For this reason, propaganda is emotional rather than logical in nature, and frequently will use emotional arguments that on the surface appear logical but once you peer deeper are not.

(Nota: la propaganda es una herramienta que es usada para convencer a la gente de que algo que va contra sus intereses y no puede ser justificado lógicamente es en realidad "bueno para ellos".  Por esta razón, la propaganda es de naturaleza emocional en vez de lógica, y, frecuentemente, usa argumentos emocionales que en su superficie parecen lógicos, pero que, una vez considerados en profundidad se descubre que no lo son.) 

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