sábado, 8 de noviembre de 2025

Trascendencia

 



Dice Juan: "Este tipo de ecuaciones no las resuelve nadie. Y cuando digo nadie es que es nadie, cero, nadie. Es una ecuación trascendente; no se puede resolver por medios algebraicos... pero hay cierta música en esta ecuación... y hay que saber escucharla...".  

Trascendente es una palabra con un campo semántico muy amplio. Quizá, quien más preparado esté para agotar todos sus significados sea un teólogo. Y es que la teología vendría a ser algo así como la metafísica de Dios. Dios es la trascendencia en estado puro y, nosotros, los humanos, al estar hechos a su imagen y semejanza, tenemos un afán innato de trascendernos, es decir, de sobrepasar nuestros límites por medio del esfuerzo. A veces, ese afán es tan poderoso que, para poder darle rienda, es necesario pactar con el diablo. Es lo que hizo Adrián Leverkusen, el protagonista de la novela Doctor Faustus de Thomas Mann. Adrián se ayudó de ese pacto para revolucionar la música, pero, antes, para comprender la necesidad de ese pacto, había estudiado teología. 

En fin, quizá fuera necesario el prestarle un poco más de atención a la teología para saber un poco más de nosotros mismos. Y es que se da el caso de que más de uno, por no decir la inmensa mayoría, por aquello de alcanzar una notoriedad por encima de sus méritos, pacta con el diablo sin tener la menor conciencia de haberlo hecho. Y de ahí, tanto sufrimiento después, al no poder, como le paso a Melmot, deshacer el pacto... y mira que lo intentó por todos los medios, pero es que eso, deshacer el pacto, es lo único que no te concede el demonio por mucho que insistas. Y es que hay pactos y pactos... pero éste es otro asunto que mejor no meneallo so pena de sufrir otra oleada de vergüenza.  

En cualquier caso, Juan se trasciende por sus propios méritos. Y, bueno, tampoco hay que dejar de lado la pajarita... toda ayuda para atraer la atención de los educandos es bien venida... algunos exageran en esto, como Walter Lewin, que a veces aparecía en clase con un huevo frito a modo de insignia en el lado izquierdo del pecho, sobre el corazón. Digamos que tanto la pajarita como el huevo frito son pequeñas velas que se ponen al diablo por aquello de no olvidar que siempre está ahí acechando. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario