"Cuando veas que para producir necesitas permiso de quienes no producen nada... sabrás que tu sociedad está condenada."
Esto lo dijo Ayn Rand en su novela La Rebelión de Atlas. Ayn sabía lo que decía porque llegó de niña a EEUU huyendo del régimen soviético que se había instalado en Rusia.
Como todo el mundo sabe, New York es una ciudad símbolo. Cualquier cosa que empieza en New York, tarde o temprano se traslada a las demás ciudades de Occidente. Éste mismo barrio en el que ahora vivo, en una pequeña ciudad de provincias, se parece por su multietnia a lo que tantas veces hemos visto en las películas ambientadas en la "Gran Manzana". Así es que, debido a los últimos acontecimientos ocurridos en aquella ciudad emblemática se ha empezado a producir en todo occidente una especie de paranoia ante un futuro que parece inevitable: el del triunfo incontestable de la envidia. Es decir, el odio que siente el que es incapaz de producir hacia el que produce. Ese odio, o envidia, o resentimiento, o como quieran llamarlo, que hace que a la gente no le importa que le saquen un ojo con tal de que al odiado le saquen los dos. Así es la condición humana y con ello hay que contar so pena de que acabe pasando lo que pasó en Rusia, en Cuba, en Venezuela y, ahora, amaga en New York.
Para mí que tal deriva suicida tiene en gran parte su origen en el hecho de que los que producen están tan absortos en su tarea que se olvidan de cómo es el mundo en el que viven. Es un error fatal. Llegan a creerse que su esfuerzo merece recompensa en forma de lujo, que no por otro motivo es que nuestras costas estén llenas de puertos deportivos en donde se pudren los beneficios del esfuerzo emprendedor que debieran haber ido a la innovación. Eso, al envidioso le saca de sus casillas y no ve llegar la hora de su venganza: no le importa quedarse sin trabajo con tal que al que se lo da le quiten de en medio. Esto es más viejo que los pedos y, digamos que, cuando llego aquel que dijo que antes pasaría un camello por el ojo de una aguja que un rico pudiese entrar en el reino de los cielos... bueno, pues ya la envidia se institucionalizó y ya solo quedaba poner manos a la obra. Fue Marx el que dio la vuelta de tuerca que faltaba para que comenzase la fiesta... como está ahora la chusma en New York, quemando banderas de EEUU y cosas así que, por lo visto, le da mucho gusto.
Como les iba diciendo, el mundo está en un punto de inflexión como hubo pocos a lo largo de la historia. La explosión tecnológica en curso nos ha puesto las cosas muy difíciles. A las mujeres, desde que dejaron de bajar al río a lavar la ropa, no hay Dios que las aguante. Hasta que no han suplantado a los hombres en sus tareas, feminizándolas de paso, no han parado. Así es como se ha llegado a este pasteleo que es la seña de identidad por antonomasia del feminismo. En definitiva, por decirlo al modo bíblico, se ha instaurado como norma en occidente todo lo que Dios reprueba... lo que toca ahora es que nos pase la factura.
En fin, vamos a ver, porque también parece que esto que ha pasado en New York está despertando muchas conciencias dormidas. Como decía María Zambrano, solo puede despertar el que está dormido; parece una perogrullada, pero quizá no lo sea, porque hay demasiada gente que está dormida sin saber que lo está.
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