"Acepto cualquier tipo de ayuda". Así reza el cartel que exhibe uno de los mendigos que jalonan las dos principales calles del barrio. Acepta cualquier tipo, o sea, que el tipo no es selectivo, no hace remilgos. Porque no se crean, que la rumana que monta guardia a la puerta del Eroski de aquí abajo el otro día me dijo cuando le di un paquete de garbanzos que otra vez le diese no sé qué que no la entendí, y es que no es para menos que ande crecida ya que todos los días se lleva un carrito de la compra hasta arriba, sin necesidad de trapasar las puertas, más el cash que probablemente supere a lo que ganan las cajeras que aguantan seis horas a pie firme. Sea como sea, el caso es que la mendicidad va reconfigurando poco a poco el paisaje de la ciudad. Su número crece como los hongos... ayer había en la puerta de Mercadona un chico joven con pinta cuanto menos de universitario que estaba preparando su cartel y aluciné con la perfección de las letras que hacía. No cabe duda de que, esa gente, si no ha leído Guzmán de Alfarache al menos han llegado a sus mismas conclusiones: la mendicidad es un buen negocio. Mucho mejor, en cualquier caso, que todos esos oficiuchos que después de matarte de cansancio apenas dan para vivir.
Desde luego que las modalidades son variopintas, pero el de perro y porro se lleva la palma. Nunca verán perros más sosegados. Quizá sea porque aspiran involutariamente los efluvios que salen de las bocas de sus dueños. El otro día una pareja con dos perrazos había colocado su cama a menos de dos metros de donde se arremolina a diario la clientela de la taberna que nos perfuma la calle con los humos de su cocina. Allí estaban haciendo sus cosas como si tal cosa, valga la redundancia. Tambien la maleta escacharrada da resultado, porque da la impresión de que van de camino. Un eslavo viejo y voluminoso se coloca en un banco aquí al lado con un maletón delante sobre el que coloca un platillo. A veces le acompaña una mujer igual de voluminosa. Me ha dicho un vecino que viven unas calles más allá y que en absoluto son pobres. ¡Vete a saber! Modelos hay para dar y tomar, porque esto ha sido como lo de rana que le van calentando el agua y no se entera hasta que está frita. Aquí han ido aumentando los mendigos sin que nos diésemos cuenta y ahora mi impresión es que son legión. Y eso que todavía, según dicen algunos, no ha llegado lo peor.
En resumidas cuentas, los mendicidad puede que sea un indicador de la actividad ecónomica tan fiable como cualquiera de esos indices que utilizan los avezados economistas, pero, sobre todo es una opción de vida que cada vez contemplo con menos aprehensión. Ventajas no le faltan. Para empezar puedes prescindir de todo tipo de papeles. También de horarios. Desde luego que de todas las formas de organizarse la vida que se conocen quizá sea la que más se aproxima al concepto de libertad. Y, luego, que siempre tienen a mano todas esas instituciones filantrópicas que les aseguran una mano en caso de estar en aprietos.
No, no es una mala opción. Esto se sabe de antiguo. En el manual para mendigos que circulaba por la Italia del XVII, sobresaliendo entre otras recomendaciones estaba la de no degradar a los hijos haciendo que aprendiesen un oficio. Porque de mendigos se ganarían la vida mucho mejor y gozarían de mayor libertad e incluso de prestigio. Hay que tener en cuenta que su labor social, cuando se considera desde una perspectiva freudiana, es clave para mantener a la gente con una cierta autoestima. La gente se siente mejor gente cuando les da algo. Y por otra parte proporcionan la oportunidad de salir eufórico cuando comparas tu situación con la suya. Y, para colmo, hasta óperas les dedican. The Beggar.
En Madrid , esto de los mendigos está tremendo. Son mafias organizadas,y las rumanas tienen mucha mala follá..Se te acercan a la mesa , y si no les das nada, se ponen violentas , piden cigarrillos o lo que sea. Suelen ir descalzas ,y los pinreles los llevan más negros que el tizón.. Me acuerdo siempre de los Podemitas, que antes de meterse en política eran también mendigos, pobres de pedir o becarios. Hay mendigos por todos los lados
ResponderEliminarEs que es muy rentable. Además ahora ya no tienen que aprender a trocar ala trascandón como en los tiempos de Guzmán de Alfarache.
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