jueves, 30 de marzo de 2023

La vida no sigue igual

Puede que un clavo saque otro clavo, pero con una guerra no se consigue tapar otra. Se pueden desgañitar los medios y los gobiernos contándonos lo de Ucrania, una reyerta de taberna entre clanes hermanos, pero es inútil: la verdadera guerra sigue su curso y, si los gobiernos y medios de comunicación no la pierden, todo se habrá ido al carajo. 

Sí, ya sé que la inmensa mayoría es miserable. 


"No busques amigo en esta feria. No busques

un refugio seguro. Con alma firme acoge el dolor

y olvídate de buscar un remedio que no encontrarás.

En el infortunio, sonríe. No pidas a nadie que te sonría.

Perderías el tiempo."

 

Pero siempre hubo una minoría que fue la que ganó todas las guerras. Las verdaderas. Las subterráneas. La que ahora se está librando sin que por ella cierren las farmacias, ni los bares, ni se coarte el turismo. Porque los futuros perdedores quieren que, por encima de todo, el suministro del "soma" no decaiga. Olvidan los muy necios, que las minorías lo son, precisamente, por no abusar de esa droga que adormece las conciencias. 

Sí, allá cada cual con el lado del que se pone. ¡Pobres imbéciles los que no recuerdan que Dios no necesitó castigar a Caín! Porque Dios sabía se sobra que el mayor castigo es el que se infringe uno a sí mismo por haber sido cobarde.

No, no se dejen engañar: la vida no seguirá igual hasta que los culpables paguen. De un modo u otro.


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