viernes, 24 de marzo de 2023

Volumnia y Sócrates

 Como el otro día les comentaba acerca de Coriolano, es de justicia, so pena de hacer un feo a las vidas paralelas de Plutarco, que les cuente algo de Alcibíades, por más que a Shakespeare le pareciese que no merecía la pena: que yo recuerde no le dedicó ni una línea. 

Lo que a mi juicio pudiera justificar esa actitud shakespeariana es esa cuestión, podríamos decir que freudiana, de la relación con la madre. Coriolano, a lo que se vio, fue incapaz de salirse de las faldas de Volumnia, su madre. Alcibíades, sin embargo, como si no la hubiera tenido. Y claro, de Edipo para acá, hay que ver el interés que aporta a cualquier historia meter a la madre por medio, lo cual que tampoco es muy difícil de entender a poco observador que sea, porque seguramente pocas cosas marcan tanto a un hombre como la edad a la que fue destetado por su madre. 

Pero ésta es otra cuestión en la que no vamos a entrar ahora porque, por lo que cuentan de Alcibíades, como digo, no aparece madre por ningún lado y, sí, desde muy joven, le vemos en compañía de Sócrates, y no solo en los banquetes, sino también en la guerra. Porque, aunque hoy día parezca algo impensable, en la antigüedad clásica también los filósofos iban a la guerra y, en el caso de Sócrates, en primera línea. 

Quizá, ahí esté la clave de los tan dispares caracteres de Coriolano y Alcibíades, que, aunque les llevaron a hacer cosas muy parecidas, respecto a la forma de hacerlas había un abismo. Coriolano era austero, rudo y antipático a más no poder, mientras que Alcibíades era manirroto, simpático y se moría por que se hablase de él. Así que, yo que Plutarco, más que emparejar a Coriolano con Alcibíades, hubiese preferido divergir a la madre del uno con el educador del otro... aunque, a la postre bien que convergieron en lo de conseguir una muerte trágica para los dos educandos. Y es que si la madre del uno era una castradora, el educador del otro tenía mucho de chisgarabís, que bien que lo vio desde el principio el comediógrafo Aristófanes. 

En fin, lecciones que da la historia y que, a lo que se ve, muy pocos las reciben, porque, se mire como se mire, la humanidad está en las mismas que estaba quinientos años antes de nuestra era. Las madres castradoras abundan más que las moscas en un pueblo ganadero un día de verano y, respecto de los maestros chisgarabíses, como de las mujeres del tango, mejor no hay que hablar.  

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