"Las guerras y las revoluciones - hay siempre una u otra en curso - llegan, en la lectura sobre sus efectos, a causar no horror sino tedio. No es la crueldad de todos aquellos muertos y heridos, el sacrificio de todos los que mueren batiéndose, o son muertos sin haberse batido, lo que pesa duramente en el alma: es la estupidez que sacrifica vida y haberes a cualquier cosa inevitablemente inútil. Todos los ideales y todas las ambiciones son un desvarío de comadres hombres. No hay imperio que merezca que por él se destroce una muñeca de niña. No hay ideal que valga el sacrificio de un tren de hojalata."
Había días en los que Pessoa se levantaba con ganas de escribir para que le entendiesen todos. Aunque nunca tuviese tantas como para no dejar una nota de incertidumbre flotando a la deriva. Desvarío de comadres hombres: ¿a quienes se está refiriendo con eso de comadres hombres? ¿hombres afeminados, acaso? Y alcahuetos por demás.
La guerra, esa cosa que tiene que ver con la insaciabilidad. La insaciabilidad, el más femenino, quizá, de todos los defectos. O es que hubiese sido posible un Macbeth sin una lady corruptora a su lado. Por qué no pudo conformarse aquella mujer con todo lo que tenía. Es como si ese nunca tener bastante fuese la consecuencia natural de la inseguridad que a las personalidades neuróticas les produce el tener hijos. Algo así como una necesidad imperiosa de asegurarles el futuro hasta los confines de la historia. Como si hubiesen parido seres inútiles incapaces de valerse por sí mismos. En fin, cosas de la naturaleza humana por las que los estudiosos de la psique se desgañitan sin que por ello nunca puedan llegar a algo más allá de la pura conjetura. Pero, sí, para mí que está muy bien traído eso de hombres comadres, o comadres hombres, si mejor quieren, por aquello de que el nombre prima sobre el adjetivo.
El caso es que hay una guerra ahora por ahí que, como no podría ser menos, está dando mucho que hablar por la sencilla razón de que todos queremos siempre encontrarle tres pies al gato. Palabras inútiles en cualquier caso porque mientras no aprendamos a comprender que el tener más no soluciona nada estaremos siempre en las mismas. ¡Maldita insaciabilidad! ¡Maldita Lady Macbeth!
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