domingo, 26 de marzo de 2023

Omar Khayyam

Curiosamente, al único autor al que Pessoa le dedica alguna atención es al poeta iraní Omar Khayyam. Dice:

"El tedio de Khayyam no es el tedio de quien no sabe lo que hace, porque la verdad es que nada pudo o supo hacer. Ese es el tedio de los que nacieron muertos, y de los que legítimamente se orientan hacia la morfina o la cocaína. Es más profundo y más noble el tedio del sabio persa. Es el tedio de quien pensó con claridad y vio que todo era oscuro, de quien pasó por todas las religiones y todas las filosofías y después dijo, como Salomón: <<Vi que todo era vanidad y aflicciones del ánimo>>, o como, al despedirse del poder y del mundo, otro rey, que era emperador, Septimio Severo: <<Lo fui todo; nada vale la pena>>.

De ahí la insistencia del persa en el recurso al vino. ¡Bebe! ¡Bebe! Esa es toda su filosofía práctica."

Indiscutiblemente, Khayyam tuvo un buen discípulo en Pessoa, porque lo que es en el beber, por lo visto, nadie le dejaba atrás. El mismo cuenta una anécdota al respecto de lo más esclarecedora. Al salir un día de la casa de comidas a la que acudía a diario, el camarero le dijo: Vaya con Dios, Don Fernando, y que se mejore. El camarero se había dado cuenta de que no estaba bien porque había dejado la botella de vino por la mitad. 

De todas formas, es curiosa esa necesidad de subterfugios que tenemos los humanos para justificar nuestras adicciones. Porque, en la práctica, ¿qué diferencia hay entre la adicción a la cocaína o morfina de los muertos vivientes y la que tiene Pessoa al alcohol? Quizá, solo, la aceptación social del medio para un mismo fin: modificar la conciencia de sí mismo. 

Y continúa justificándose:

"Omar tenía una personalidad; yo, feliz o infelizmente, no tengo ninguna. De lo que soy en un momento, me aparto al momento siguiente; de lo que fui en un día, al día siguiente lo olvidé. Quien, como Omar, es quien es, vive en un único mundo, que es el exterior; quien, como yo, no es quien es, vive no solo en el mundo exterior, sino en un sucesivo y diverso mundo interior. Su filosofía, aunque quiera ser la misma que la de Omar, forzosamente no podrá serlo. Así, sin de veras quererlo, tengo dentro de mí, como si fueran almas, las filosofías que critiqué; Omar podría rechazarlas todas, pues eran externas a él; yo no las puedo rechazar, porque son yo."

Y así es como hemos pasado de ser un muerto viviente a estar lleno de almas. La verdad es que también son ganas; con lo fácil que sería reconocer que la curiosidad te llevó hasta un baile de vampiros y allí alguien te mordió. Y, desde entonces, no te desagrada pertenecer a un club en el que admiten socios como tú. De hecho, lo realmente extraordinario es no pertenecer a ese club. ¿Conocen ustedes a alguien que no pertenezca? El de los muertos vivientes. 

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