Escribe Valle: "En aquel amanecer de mi vocación literaria hallé una extrema dificultad para expresar el secreto de las cosas, para fijar en palabras su sentido esotérico, aquel recuerdo borroso de algo que fueron, y aquella aspiración inconcreta de algo que quieren ser."
Me puse a leer, mejor dicho a releer, "La Lámpara Maravillosa". Es un libro intenso donde los haya. Poco saqué en limpio en aquel primer intento y no he tardado en comprender que poco voy a sacar en éste si primero no voy a las fuentes. Y las fuentes de la Lámpara no son otras que "La guía Espiritual" de Miguel de Molinos que también leí en su día con no sé qué tanto de aprovechamiento... aunque pudiera ser que más del que sospecho.
Sea como sea a uno no le queda más opción que la de insistir en la búsqueda del ansiado sosiego. ¿Por qué será que se nos hurta tanto? ¿Acaso por lo del pecado original? El que traemos al nacer. Alguien nos debiera haber explicado mejor estas cosas cuando todavía el tronco era maleable. Pero así es la vida, una sucesión de torpezas de las que pensamos, o mejor creemos, haber salido al fin para darnos al poco cuenta de que estamos en otra de no menor calado. No hay escapatoria. Por lo menos para mí.
Como no la hay para José, el protagonista de "El Torbellino del Mundo". Baroja ahí se pasa cantidad haciendo alarde de lecturas. José, es él, camuflado tras una fabulación sin pretensiones. La desconfianza en el mundo que le rodea es total; solo comparable a la que parece tener de sí mismo. Shopenhauer se le sale por las orejas.
Y menos mal que nos queda el quietismo como último recurso. De lo contrario, esto sería insoportable.
Vicenteta estate quieta, el mejor quietismo. https://www.youtube.com/watch?v=0EX93O4YT8o
ResponderEliminarEl monologo de Ferrandis es de antología.
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