jueves, 6 de junio de 2024

El cielo está enteriñado

Ayer soplaba una brisa de nordeste que no llegaba a molesta, pero tampoco se agradecía. El cielo estaba un poco enteriñado y el sol calentaba lo justo. Tomamos la barca de Somo y anduvimos por allí unas horas; fuimos hasta Loredo por el bosque solitario y, tras un breve descanso tendidos en la arena, regresamos por el arco de ballesta de la playa que, por comparación con lo que suele ser, estaba bastante solitaria. El típico grupo de surfistas, esta vez franceses, el inacabable goteo de peregrinos a Santiago, algún paseador de perros... diría yo que aquello me produce melancolía. Por eso quizá sea que ya casi no voy. Aunque también puede ser que en vez de melancolía sea simplemente cansancio. Y es que uno, a veces, no se hace a la idea de su verdadera situación: se mire por donde se mire soy un anciano. Bien conservado y tal, pero anciano... sobre todo cuando me olvido de que lo soy. 

La melancolía, dulce tristura que la llamó el poeta, o el cansancio, pueden ser sumamente placenteros cuando encuentran su lugar para recrearse, sentado en el reclinable Ikea, escuchando música country y haciendo solitarios mientras la luz del día se va apagando. Cogí por un momento Los Monederos Falsos, pero se me cayó de las manos. Luego, cuando me metí en la cama fue un visto y no visto hasta que las urgencias propias del caso me despertaron. Es un verdadero placer no tener que estar dando vueltas y más vueltas hasta que te quedas frito. 

La ciudad dormía todavía cuando me he levantado. Quizá fueron los primeros trenes los que me han despertado. Serían las cinco o así. He desayunado y vuelta al reclinable Ikea, pero esta vez con todas las energías renovadas. Ahora, no me siento anciano y hago proyectos. Me queda una gran tarea por hacer. Las primeras luces me pillan con estas reflexiones. Luego vendrá Sonia a limpiar y tendré que ahuecar el ala. Aprovecharé para hacer las gestiones que tengo pendientes... papeleo, siempre papeleo. ¡Qué vida ésta! En lo que ha venido a dar la especie... ¿no podría haber sido todo un poco más sencillo? Nos mata la ambición de seguridad. ¡Mas tontos y no nacemos!

No hay comentarios:

Publicar un comentario