lunes, 10 de junio de 2024

L´acheslón

En la casa de enfrente hay una mujer, sin duda venida de ultramar, que, treinta, cuarenta, cincuenta veces al día, se asoma a la ventana para fumar un cigarrillo. Los escasos quince metros, o así, que me separan de ella, me permiten apreciar la delectación que le produce el sentir como el humo se desliza árbol bronquial abajo. Porque, por si no lo saben el árbol bronquial es lo más parecido a un árbol invertido... a no ser que estén ustedes todo el rato haciendo el pino. Bien es verdad que es un árbol hueco revestido por dentro por un tejido delicado compuesto mayormente por dos tipos de células que guardan entre ellas una relación de una a diez. La una, segrega moco, las diez tienen unos pelitos en su superficie que van echando hacia afuera las motas de polvo que al ser aspiradas quedan pegadas al moco. El invento funciona a la perfección si no se le somete a situaciones de stress, es decir, si no se ve obligado a combatir contra cantidades excepcionales de polvo. Lo que pasa en tales ocasiones es que las células segregadoras de moco se ven obligadas a reproducirse a toda mecha para poder atrapar el exceso polvo antes de que lleguen a los alveolos, que serían el equivalente a las hojas del árbol, es decir, donde se produce el intercambio entre el aire y la savia, que es la sangre del árbol. Bien es verdad que en los alveolos y las hojas el intercambio de gases es inverso, porque las hojas absorben dióxido de carbono y expelen oxígeno y en los alveolos es justo lo contrario. El caso es, que esa multiplicación de células productoras de moco se hace a expensas de las células con pelitos expulsores, y así se puede ver que las personas que aspiran crónicamente humos tienen mucho moco para retener las partículas de ese humo, pero carecen de células con pelitos, ciliadas que les dicen, suficientes para expulsar ese moco cargado de impurezas. Consecuencia de ello es la acumulación de moco en las paredes del árbol que dificulta el paso del aire por él. Pero como en la naturaleza a problema puesto remedio inventado, el árbol bronquial se inventó el mecanismo de la tos para desembarazarse de la sobreproducción de moco. Por eso los fumadores acaban tosiendo tanto. El problema es que el mecanismo de la tos deja de funcionar con el sueño, lo cual lleva a una acumulación excesiva de moco que tiende a infectarse con la consecuente rotura de todos los equilibrios. Así es que los fumadores van de infección en infección hasta que dejan el árbol hecho unos zorros. Entonces, aparte de una producción gigantesca de gargajos, los alveolos son incapaces de intercambiar adecuadamente los gases lo que lleva a una acumulación de dióxido de carbono, así como una disminución del oxígeno, en la sangre. Les podría contar muchas más cosas sobre el particular, pero no quiero porque siempre me pareció que la divulgación, digamos que científica, suele tener unos efectos nefastos. Pero este es otro tema. 

Aunque, cuando observo a mi vecina tengo in mente todos esos fenómenos que les he relatado, también, puedo darme cuenta del placer que está sintiendo al aspirar el humo. Como Sara Montiel cuando estaba tumbada en l´acheslón. Se la ve a la señora sumida en ensoñaciones que sin duda la trasportan a mundos de leyenda. Y esa es la cuestión, suicidarse lentamente mientras viajas por las esferas siderales. No creo que sea una mala fórmula de vida... aunque le cueste mucho dinero a la seguridad social. 

En fin, cosas de la vida... voy a ver si hago algo práctico. 

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