sábado, 15 de junio de 2024

Peripatetismo

Toda la vida he tenido una tendencia, digamos que exasperante, a la inestabilidad emocional. Es decir, a los continuos cambios de los estados de ánimo: paso del sentirme miserable al creerme un tipo más que pasable sin que sea capaz de encontrar motivo alguno que lo justifique. Siempre he pensado que tiene que ser una cuestión puramente química. Por lo que sea, una corriente de aire, un contratiempo imperceptible, una buena vibración, se desencadena la segregación de alguna de esas sustancias que desconocemos y, ya, eres otro. Entonces, todos los proyectos de corto alcance que pudieras haber hecho unos momentos antes, se van al garete. Y vuelta a empezar. Así, como comprenderán, es muy difícil hacer eso que llaman vida social. 
Por eso será, supongo, que los que estamos sujetos a este tipo de fenómenos tengamos una tendencia irrefrenable al aislamiento. Y, también, una propensión a inventarnos pasiones que, a modo de cayado, nos ayudan a sustentarnos frente a los embates de la vida. Así que, como ven, todo tiene una explicación si eres lo suficientemente voluntarioso para buscarla y hábil para encontrarla. Uno es como es por las razones apuntadas y nada se puede hacer contra la biología; reconocido lo cual ya solo queda abandonarse al designio de los dioses para, si no ser feliz, que eso es un imposible metafísico en cualquier caso, sí tener un aceptable pasar por la vida sin dar excesivo coñazo a los que te rodean. ¡Qué más se puede pedir! 
Vida social o pasiones. Tampoco es que se tengan que excluir la una con las otras, pero mucho me temo que en la mayoría de los casos es así por una mera cuestión de economía energética. La vida social es un puro dispendio que no por otra causa debe ser que esté asociada al consumo de todo tipo de sustancias estimulantes. Ya lo dijo Erasmo, que, en los banquetes, si no bebes, mejor te vas. En cualquier caso, llegado a casa tras una sesión de  masaje social, tendrías que ser un titan para poner a cultivar cualquier jardín. Mi experiencia al respecto es que tras un episodio de vida social necesito tiempo para digerir, o calmar las neuronas. Por lo general, lo comentado me sigue dando vueltas por la cabeza muchas horas después. Falta de costumbre, quizá, que ya saben que la costumbre es la reina del cielo. 
Les dejo, que me han llamado los amigos para ir a dar una vuelta. Una sesión de peripatetismo, que es la relación social que mejor tolero. 

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