Por eso será, supongo, que los que estamos sujetos a este tipo de fenómenos tengamos una tendencia irrefrenable al aislamiento. Y, también, una propensión a inventarnos pasiones que, a modo de cayado, nos ayudan a sustentarnos frente a los embates de la vida. Así que, como ven, todo tiene una explicación si eres lo suficientemente voluntarioso para buscarla y hábil para encontrarla. Uno es como es por las razones apuntadas y nada se puede hacer contra la biología; reconocido lo cual ya solo queda abandonarse al designio de los dioses para, si no ser feliz, que eso es un imposible metafísico en cualquier caso, sí tener un aceptable pasar por la vida sin dar excesivo coñazo a los que te rodean. ¡Qué más se puede pedir!
Vida social o pasiones. Tampoco es que se tengan que excluir la una con las otras, pero mucho me temo que en la mayoría de los casos es así por una mera cuestión de economía energética. La vida social es un puro dispendio que no por otra causa debe ser que esté asociada al consumo de todo tipo de sustancias estimulantes. Ya lo dijo Erasmo, que, en los banquetes, si no bebes, mejor te vas. En cualquier caso, llegado a casa tras una sesión de masaje social, tendrías que ser un titan para poner a cultivar cualquier jardín. Mi experiencia al respecto es que tras un episodio de vida social necesito tiempo para digerir, o calmar las neuronas. Por lo general, lo comentado me sigue dando vueltas por la cabeza muchas horas después. Falta de costumbre, quizá, que ya saben que la costumbre es la reina del cielo.
Les dejo, que me han llamado los amigos para ir a dar una vuelta. Una sesión de peripatetismo, que es la relación social que mejor tolero.
No hay comentarios:
Publicar un comentario