Así corre el mundo y, aquí, en Santander, tratando de aprovecharnos. La ciudad se está convirtiendo en un puro piso turístico. ¡Oye, si dan el coñazo, por lo menos sacarles la pasta! Y que dure lo que dura dura.
Desde antiguo están reflejados en los textos aquellos que tienen por costumbre mirar la berza y coger el tocino.
martes, 4 de junio de 2024
Hormigas
De vez en cuando se planta un crucero gigantesco en la estación marítima y empieza a vomitar turistas. La mayoría deben de ser ingleses y, por la pinta que tienen, yo diría que la mayoría eran de entre la lower middle class y la upper lower class, aunque tampoco me extrañaría que algunos fuesen de la lower lower class -los ingleses afinan mucho con esto de las clases sociales-. En cualquier caso, la gente de aquí, por comparación, parecen lo que a nosotros nos parecían los ingleses de cuando aquel entonces. No cabe duda de que se han cambiado las tornas respecto de las pintas. En lo demás, vete tú a saber, porque en lo de andar de aquí para allá, como alma que lleva el diablo, no veo la menor diferencia. Venía yo de resolver unos asuntos por la seaside y aquello era lo más parecido a cuando un hormiguero se desparrama por los alrededores de su casa matriz. El número de los que iban en sillas de ruedas era considerable, el sobrepeso, generalizado, y las varices ostentosas menudeaban peligrosamente. Al pasar por delante de "Los Cien Montaditos", vi a un par de grupos sentados en la terraza bebiendo cerveza y comiendo patatas fritas. Cuando ya estaba llegando a casa vi que algunas hormigas se habían despistado y andaban por aquí estirando el cuello para no perderse ninguno de los indudables encantos que atesora este barrio. La verdad es que no llamaban mucho la atención porque por aquí los que ya empezamos a llamarla somos los aborígenes que nos hemos convertido en una minoría étnica.
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