Sostiene Aristóteles que hay formas puras y hay formas impuras de gobierno. El gobierno de uno para el bien común, dictadura. El gobierno de uno para el mal común, tiranía. Gobierno de pocos para el bien común, aristocracia. Gobierno de pocos para el mal común, oligarquía. Gobierno de muchos para el bien común, república. Gobierno de muchos para el bien de pocos, demagogia o democracia.
Si hay algo en lo que coincidan la mayoría de las personas que han destacado a lo largo de los siglos por lo afilado de su juicio, eso es que el ser humano que más ha influido en la evolución de la humanidad es Aristóteles. Por algo será, guste o no guste a los de siempre; ya saben a quienes me refiero, los idealistas concretamente... los del wishful thinking para que nos entendamos, pero dejémoslos que ya tienen bastante con la leña que les da el profesor García Maestro.
El caso es que, con esto de lo democracia, los que se lo montan divinamente son los idealistas avant la lettre. Ellos están convencidos de la bondad del invento porque se han dado cuenta de que esa es la única forma que tienen de salir adelante. Fíjense en esa chica, que está de pan y moja y que por eso llegó a ministra; decía el otro día, desde su posición fantásticamente remunerada, que ella va a trabajar para que las mujeres no se tengan que acostar con sus jefes para ascender. El que ella haya ascendido por ese mismo procedimiento no cuenta para el caso. Ella dice eso y todas las feas se ponen de inmediato de su parte. Porque la inmensa mayoría de las feas no son conscientes de que ellas no ascienden precisamente por eso, porque son feas. Pero eso es la democracia, vender una ilusión. Demagogia lo llaman otros. Porque antes se congelará el infierno que no que las guapas dejen de acostarse con sus jefes para redorar sus blasones: del polvo con el jefe a jefa de negociado solo hay un paso. Así ha sido siempre, así es y así será por los siglos de los siglos.
¡Jo! Ayer me enteraba de que había ministro que le daba contratos institucionales a un empresario a cambio de que éste pagase, no solo las clases de piano de la hija del ministro, sino, también, un chalé en la playa y un piso en la capital a la querida del ministro... desde luego que estas cosas con Franco no pasaban y, si pasaban, los mindundis no nos enterábamos, lo cual era como si no pasasen. Ahí tienen un ejemplo práctico de las diferencias entre una democracia y una dictadura: la discreción.
Por lo demás, estoy completamente de acuerdo con el profesor García Maestro en que no hay desgracia mayor, tanto a nivel personal como colectivo, que el decantarse por el idealismo. El mejor antídoto contra semejante aberración, añade el maestro, es la lectura continuada de El Quijote... que es Aristóteles por otro procedimiento.
En fin, quién me mandará a mí meterme en estos berenjenales.
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