lunes, 18 de noviembre de 2024

Sobre la lectura

Ayer comentábamos sobre la lectura. Para algunas personas la lectura es uno de los elementos más importantes de su vida. Para mí, por ejemplo, lo confieso. Quizá me haya pasado tantas horas leyendo como durmiendo, cosas, ambas dos, que, según y cómo, vienen a ser muy parecidas, si no es que son lo mismo. De chaval, agarraba una novela y me pasaba toda la noche fuera de mí, navegando por los mares del sur o cosas por el estilo. Dice el maestro: cuando leemos, otro piensa por nosotros; repetimos, simplemente, su proceso mental; la lectura nos libera, en buena parte, del trabajo de pensar. Por eso sentimos un gran alivio cuando nos ponemos a leer. Mientras estamos leyendo, nuestra cabeza es, en realidad, un campo de juego de pensamientos ajenos. Y, cuando estos se retiran, ¿qué es lo que queda? Por esta razón, sucede que quien lee mucho, y en los intervalos se ocupa de actividades que no requieren reflexión, gradualmente pierde la capacidad de pensar por sí mismo. Tal es el caso de muchas personas muy cultas. Acaban siendo incultas de tanto leer. 

Sin embargo, el acceso a la lectura ha sido en gran parte el motor del desarrollo humano. La invención de la escritura primero, la de la imprenta, después, y, por último, el internet, son los tres momentos más estelares de la humanidad porque los tres multiplicaron las posibilidades de acceder al conocimiento, lo que, a la postre, resultó en ganancia de cuotas de libertad individual. O ser a semejanza de los dioses, si lo quieren considerar así... aunque haya que tener mucho cuidado con esto.  

Lo que dice el maestro, tiene mucho sentido, y en mi caso particular, que supongo será el de muchos lectores, fue tal cual dice hasta que, hacia los cuarenta o así, di con el portillo del caer en la cuenta y salté por él. No estaba sacando en limpio otra cosa que el mero entretenimiento, es decir, pasar por la vida como el típico muerto viviente. Entre leer por leer y leer por sacar algo más allá de ese letal mero entretenimiento, media la reflexión. 

La reflexión, pensar, es algo sumamente complicado. Tanto que, los que no estamos muy dotados, necesitamos herramientas para poder tirar hacia delante con ese empeño. Yo no conozco otra herramienta de reflexión que no sea la escritura. Para mí, escribir es reflexionar. Por eso, a partir de los cuarenta o así, tomé la costumbre de interrumpir mis lecturas para ponerme a escribir sobre lo leído. No sé lo que habré sacado en limpio de todo ello. Pero sí sé que cada vez disfruto más el poco tiempo que dedico a leer. Me saturo, entonces, de ideas que me obligan a parar y recurrir al papel y lápiz para tratar de ponerlas en limpio. Seguramente, este ha sido el procedimiento que me ha llevado a restringir mi biblioteca a menos del centenar de títulos y a no cansarme nunca de leerlos y releerlos. Son los libros que resistieron el paso de los siglos, el mejor juez que existe respecto de la calidad.  

En fin, cual es cada cual; yo solo hablo de mi experiencia al respecto porque, como diría Ortega, soy la persona que mejor conozco. 

1 comentario:

  1. Sí, Pedro, esto de la lectura es como la jodienda, sin enmienda. Ahora estoy compaginado lo de "La verdadera…"(Consejo tuyo, por cierto) con los cuentos de Chéjov, que , leo , con interrupciones, desde mi más tierna juventud. Me resulta curioso, descubrir siempre algo nuevo y fascinante, en relatos que he machacado mil veces . Muy actual , se puede extrapolar sin problemas a la sociedad, esta en la que nos dicen que penamos.

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