sábado, 16 de noviembre de 2024

Donde da la vuelta el aire

Me envían un vídeo en el que se ve a Trump anunciando que, su primera medida, el primer día de su mandato, va a consistir en cortar de raíz todas operaciones de cambio de sexo. Ya solo por eso ha merecido la pena elegirle, porque no creo que haya nada que represente mejor la barbarie a la que nos ha llevado el marxismo que esas operaciones. A mí, al menos, no me entra en la cabeza que alguien en su sano juicio se pueda prestar a realizarlas. Me imagino al médico en el quirófano, con el bisturí en la mano, como aquellos papas mexicas, chorreantes de sangre, que en lo alto de los cues sacaban el corazón a las víctimas y luego se los daban a algún mandamás para que se lo comiese. No sé yo qué harán ahora con los miembros que arrancan a los niños, pero, en cualquier caso, el refinamiento de la barbarie, a mi juico, supera al de los mexicas. 

Mal que le pese a toda la chusma marxistoide que viene señoreando el mundo de hace ya más de un siglo para acá, se ha producido el punto de inflexión que anuncia su declive imparable. Torrente, tan poeta como era, llamó a eso "donde da la vuelta el aire". Aquella novela, Los Gozos y las Sombras, cuenta el tortuoso tránsito de la sociedad tradicional, aristocrática, a la modernidad burguesa. Tan inevitable como lo es ahora pasar del burocratismo estatal al ¡viva la libertad, carajo!

En el punto de inflexión de aquella novela había mucha nostalgia por los valores perdidos. La aristocracia era tan elegante como inefectiva. Por contra la burguesía emergente se hacía perdonar su macarrería por medio de su efectividad. La elegancia no da de comer. Podría ser ese el resumen de todos los puntos de inflexión de que se compone la Historia. Ahora estamos en las mismas. En la novela hay un hito decisivo, cuando el burgués malvado, arriesga su vida para salvar a los pescadores que faenaban en las anticuadas naves de la aristócrata del pueblo. El hito de ahora lo marcó Elon Musk el día que compró Twiter y suprimió todos los algoritmos de censura que tenía la plataforma. De entonces para acá, todo el mundo ha tenido voz y eso ha desatado las furias. A los viejos burócratas ya solo les queda el recurso a la queja y la maledicencia. 

En cualquier caso, yo ya me estoy regodeando. Sé que vienen tiempos tortuosos, pero el niño ya asoma la cabeza y todo indica que será sano y fuerte. Y, como los valientes, solo temerá a Dios, el que todo lo ve y todo lo premia o lo castiga sin dar voces. El regreso a la civilización olvidada, en definitiva.  

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