Todo el mundo parece coincidir en que a Keith Starmer, el actual premier británico, lo que en realidad le van son las pollas grandes. Big cocks, como dicen los ingleses. Al menos, esta es la conclusión a la que se puede llegar si echas una somera ojeada a los titulares de los videos de YouTube. Un tema que se ha hecho, por lo visto, viral, es decir, la comidilla de las porterías. Claro, esto de las porterías la gente joven no lo entenderá porque ya apenas quedan porterías que no sean las del futbol en donde por razones obvias uno no se puede demorar a intercambiar dimes y diretes. Anyway, porterías o no, no creo que sea bueno para Keith estar en boca de muchos por tan personal, o íntimo, asunto. Y, más, teniendo en cuenta que Keith ha suprimido las subvenciones que se daban a los viejos para que se pudiesen calentar durante el frío invierno de por aquellas latitudes. En fin, cosas de la política.
El caso es que al lado del titular de las grandes pollas había otro en el que Ayn Rand promete explicar las razones por las que una persona es de izquierdas. Por supuesto que ni ciego de grifa se me ocurriría mirar cualquiera de los dos videos. Con saber que el de las pollas grandes en una semana tiene casi un millón de visitas y el de Ayn Rand en dos años media docena de millones, ya me hago una idea de por donde van los tiros: hay una marcha silenciosa hacia el cambio de paradigma, por decirlo de la forma más cursi posible. La gente está harta de los políticos y todo lo que les denigre es bien recibido. Y, ya, si son de eso que dicen izquierdas, el delirio.
Pero, pelillos a la mar, que tal y como veo las cosas, el problema que tiene el mundo actual es que, mientras los gobernantes están pensando en pollas grandes, el populus ya está purgado de veleidades. Hoy día el mundo es, por así decirlo, como cuando aquella Italia del Renacimiento en la que la gente se mataba por conseguir una entrada al anfiteatro en el que iba a haber una disputa entre matemáticos. Cardano y todos aquellos que marcaron como nadie el despertar del mundo hacia la modernidad. Tendrían que haber visto como estaba el otro día el aula del MIT en la que Gilbert Stang, a sus 88 años, se despedía de su actividad docente con una clase magistral de álgebra lineal. Por no hablar de Sal Khan, al que hasta en esta España, pretendidamente garrula, se le ha concedido el más alto galardón. Y es que, se enteren o no los políticos, da igual que sean mariquitas o no, el verdadero motor del cambio que se avecina en el mundo es la explosión de interés por las matemáticas a nivel mundial. A mi juicio, es la cosa más natural que podía pasar una vez que se han puesto al alcance de todos. Porque las matemáticas son como una droga: las pruebas y ya no puedes parar.
Esa es la cuestión, que es una droga que, sin meter ruido, va barriendo la estulticia del mundo. Las matemáticas son lógica, pensar bien, o simplemente mejor, en definitiva. Y miles de millones están en el mundo drogándose a diario con tal droga. No creo que nunca haya habido una revolución de tal alcance. Así que, olvídense de Sánchez, de Stamer y demás mindundis; el mundo avanza imparable hacia el nuevo paradigma, el de matemáticas para todos, es decir, que se va a vacunar de lo que sea tu puta madre que yo ya me las ingeniaré por mi cuenta.
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