Ayer acompañé a María hasta el cine, la dichosa filmoteca, y me vine para casa por las calles tristonas, propias de una tarde de domingo -así las veía Baroja y a mí se me pegó-. A las diez ya estaba en la cama durmiendo como un lirón. Hoy por la mañana veo que María me mandó un mensaje diciendo que se tuvo que salir del cine porque la película le daba dolor de cabeza. Y remata: es muy difícil acertar hoy día. He contestado que, sobre todo cuando se insiste en sacar de donde no hay nada.
La filmoteca, una más de las tantas milongas socialdemócratas. Es el truco del entretenimiento con dinero público. La sanidad, la enseñanza, la seguridad, todo eso que se supone es la justificación del Megaestado que nos asfixia, no son más que una pantalla que oculta la verdadera razón de ser del tinglado: entretener a las masas. Vayas por donde vayas hay grupos de almas en pena esperando a ser entretenidas por un monitor a sueldo del Estado. Es lo típico de los finales de los imperios. Pan y circo; el pan se acabará, pero el circo seguirá hasta el último suspiro.
Yo comprendo que cada cual es cada cual y por eso hay gente pa to, hasta para ser adicto a la filmoteca, o a las conferencias de un ateneo de provincias. Pero no me engaño al respecto, cuando la vida tiene sentido se muere con las botas puestas y si viene alguien con intención de entretenerme le mando a freír espárragos. Mi entretenimiento me lo fabrico yo que para eso me dieron al nacer una cosa que se llama imaginación; una cosa que, como el músculo, si no la ejercitas, se atrofia, lo que viene a ser la muerte en vida.
La imaginación es lo que nos constituye como individuos únicos y, por tanto, libres. Pierdes la imaginación y pierdes la libertad. Y ahí es donde reside el quid de toda esta insistencia de los Estados decadentes por entretenernos: lo único que buscan con ello es robarnos la imaginación para convertirnos en esclavos.
Sí, mis queridos, la imaginación es una cosa que se alimenta con el aburrimiento. Abúrrete y acabarás dando con la teoría de la relatividad o cosa por el estilo. Por eso es tan fundamental en cualquier educación promover el aburrimiento. ¡Dejad que los niños inventen sus juegos! ¡Por favor, no les pongan parques infantiles! Vigílenlos a distancia. Así es como se hacen las verdaderas revoluciones.
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