domingo, 10 de noviembre de 2024

Riadas

Todo parece indicar que lo que ha pasado en Valencia nos retrotrae a los tiempos del tercermundismo. Estamos acostumbrados a ver las repercusiones que tienen los terremotos de similar magnitud en diferentes países. En el conocido como primer mundo ya hace mucho que casi ni se despeinan cuando les sobreviene uno de la máxima intensidad. Simplemente, han utilizado su inteligencia para contrarrestar en lo posible, que es bastante, los poderes de la naturaleza. Por contra, en el tercer mundo, es decir, donde no hay inteligencia, se confía en los dioses para que les salvaguarde de todo mal. Eso sí, mientras los dioses les salvaguardan se dedican a pecar todo lo que pueden, olvidándose de pagar el tributo -el temor- que a los dioses se debe. Así es que a los dioses se les inflan las pelotas y mandan de vez en cuando un regalito para que la gente sepa lo que vale un peine. Esto, claro, les parecerá, con razón, una explicación de los fenómenos naturales basada en la superstición, pero, si leen los libros de historia encontrarán mil ejemplos de que hasta casi ayer así ha sido interpretada la realidad... y, al parecer, en la región de Valencia así la siguen interpretando. 

Lo que ha pasado allí no es algo que no se pudiese prever. Algo así como lo del fumador empedernido que se lamenta de que le sobrevenga un cáncer de pulmón. Ya ven, con lo fácil que es no fumar. Lo mismo que es fácil no construir en las riberas de los ríos y mantener limpios sus cauces. Ya, pero es propio de la falta de inteligencia no acordarse de Santa Bárbara hasta que truena. Y así es que, ahora, recién humillados por los dioses, siguen haciendo gala de esa carencia y se dedican con denuedo a armarse zancadillas los unos a los otros cayendo todos ellos con más daño que escarmiento: justo lo que define al tercer mundo.  

Hay que ver, ¡con todo lo que nos reímos de Franco cuando dijo aquello de que no se nos podía dejar solos! Que se lo pregunten a los valencianos lo que hubiesen dado ellos ahora por tener un Franco previsor. Porque el caso es que en la comunidad valenciana hay gente que ha demostrado hasta la saciedad tener una inteligencia más que notable. ¿Por qué no echan mano de esa gente para solucionar ese problema recurrente de las riadas? Un Joan Roig, por ejemplo, en cuatro días te habría montado un equipo de técnicos y empresarios que en dos patadas lo dejan todo niquelado. 

¿Joan Roig, dices? ¡Antes me dejo arrastrar por la riada!, gritarían las masas enfebrecidas. Es lo que tiene la falta de inteligencia, que convierte a las personas en masa. Y la masa adora la democracia porque es la única forma de organización política que la permite resarcirse del resentimiento que produce el sentirse inferior.  ¡Y qué le vamos a hacer si el ser humano es así! Tendremos que seguir con las riadas hasta que llegue otro Paco con otra rebaja.

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