Andaba de gira con mi nieto por Castilla la Vieja y al entrar en Medina del Campo viniendo de Peñaranda de Bracamonte me encontré con el monumento dedicado a Bernal Díaz del Castillo. De inmediato le pedí a mi nieto que me tirase una foto; la que aquí ven.
En anteriores visitas a Medina me entretuve preguntado a algunos vecinos si había en el pueblo algo relacionado con Bernal y el que más sabía me dijo que era el nombre de una calle. Claro que hay que tener en cuenta que relacionados con Medina hay personajes de gran trascendencia histórica para dar y tomar, así que me imagino que la gente estará hasta el gorro de que les pregunten.
Desde que, hace ya como cuarenta años, cayó en mis manos La Verdadera Historia, Bernal se convirtió de inmediato en uno de mis referentes preferidos. A los dieciocho años o así ya estaba enrolado en las primeras expediciones a lo que hoy es México. No se perdió una, siempre en medio de todas las refriegas. Y aunque sea imposible precisar el grado de verosimilitud de sus relatos, la impresión que da es la de ser mucha, lo mismo que la de ser un tipo honesto a carta cabal y valiente como pocos.
Dada la precisión y minuciosidad con que cuenta todos los detalles de la conquista es de suponer que fuese tomando notas a todo lo largo de su vida, porque cuesta creer que todo haya sido fiado a la memoria como nos quiere dar a entender. En cualquier caso, hay que tener en cuenta que, como no era un hombre de estudios, aunque se nota que ha leído a los historiadores del mundo clásico, seguramente tenía mucho sitio en el disco de su memoria para gravar todo lo que vivía de primera mano.
Sea como sea, con su grado de exageración o no, o, incluso, su aquel de recordar a beneficio de inventario, lo que se hace evidente es que es difícil que pueda haber otro libro en el que se dé una idea más aproximada de lo que fue aquella empresa de titanes. Con sus luces y sombras, que Bernal no se corta un pelo, tanto para cantar las proezas como para denostar de las miserias, que de las unas y las otras hay a dojo, como dicen los catalanes. El afán de gloria de unos, mezclado con el afán de riquezas de otros, y las dos cosas a la vez en la mayoría. Así es que, tan pronto son héroes como pasan a ser gentuza en menos de lo que se tarda en decirlo. La condición humana, en definitiva, en carne viva, nunca mejor dicho, porque siempre estaban cosidos y recosidos por la cantidad de heridas que recibían.
Resumiendo, Bernal no es Cervantes, pero como él, mezcla la espada con la pluma, lo cual hace que en sus escrituras se note que no habla de oídas. Así que que ya saben a dónde tienen que acudir si quieren emociones fuertes por delegación.

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