sábado, 31 de mayo de 2025

Gigantes

La riqueza de El Quijote es casi tan infinita como la de la Biblia.  No hay cuestión de las que por los siglos de los siglos abrumaron al ser humano que no sea tratada en él. Yo diría que El Quijote es como El Criticón de Gracián, un exhaustivo tratado de la condición humana, pero desde la perspectiva de un hombre de acción. Cervantes, para reflexionar tiene que meterse en la piel de un hombre de acción que es lo que ha sido él toda su vida. Gracián, sin embargo, lo hace desde la perspectiva de un hombre de confesionario, es decir, que sus experiencias no son propias, sino por delegación. Hay una gran diferencia que se sustancia, sobre todo, en el sentido del humor. La acción, si algo enseña, eso es aprender a reírse de uno mismo. 

Dice Cervantes que, si le diesen a escoger, mil veces elegiría el haber perdido la mano a cambio de haber podido estar presente en la más alta ocasión que conocieron los siglos. Y muchas de las historias que intercala entre aventura y aventura de Don Quijote están basadas en sus propias experiencias de cuando de joven anduvo por la Berbería pasándolas canutas y salvándose por los pelos. Es un hombre que sabe lo que vale un peine y dar a las cosas de este mundo su verdadera importancia. Al respecto, nos deja meridianamente claro que la espada aventaja a la pluma, opinión, ésta, que cuestiona todo el montaje ideológico buenista que se ha venido construyendo desde que hace dos mil años un judío se subió a una peña y empezó a cantar alabanzas a los corderos. Lo de usar la pluma para decir lo que quieres, está muy bien, sí, desde luego, pero eso nunca lo podrías hacer si antes no te hubiese ganado ese derecho con la espada. 

Don Quijote es un hombre de letras que ha caído en la cuenta de que por ese camino solo se llega a la nada. Por eso decide agarrar la espada que es con lo único que se puede combatir a los gigantes que impiden la concordia entre los seres humanos. Esos gigantes que son producto del encantamiento. Por eso siempre se pierde contra ellos; pero no importa, el caso es que sepan que hay por ahí gente dispuesta a combatirlos. Algún día, quizá, serán sometidos; sin esa esperanza, apaga y vámonos. 

Siendo así las cosas,  ¿a quién pudiera extrañar esta relegación a la que ha sido sometido El Quijote en estos tiempos mierdosos del marxismo cultural? Un libro que es una pura incitación a coger la espada. Un precursor del Manifiesto Libertario de Murray Rothbard. ¿Qué vida es ésta si no vamos por ahí blandiendo El Quijote en una mano y en la otra una espada? O la Biblia y el fusil, que también sirven como metáfora. Por favor, ¡despierten de una vez y pónganse a combatir gigantes! 

viernes, 30 de mayo de 2025

El sarpullido

La falsa pandemia de hace ya cinco años fue el punto de inflexión para un sistema político basado en la mentira y la corrupción. A partir de ese momento la verdad que había sido celosamente ocultada empezó a desbordarse y anegar parcelas cada vez mayores de la sociedad. En la actualidad ya es tanto lo anegado que no queda títere con cabeza. Se diría que estamos a la espera del empujón final para que todo se desmorone y comience un nuevo ciclo. 

Viene a cuento esta diatriba por haber escuchado una entrevista que le hacen al ministro de sanidad estadounidense en la que entre otras cosas se ha dicho que The Lancet, New England Journal of Medicine, JAMA, las revistas que fueron algo así como la Biblia de la profesión médica, son un nido de corrupción. Están compradas por la industria farmacéutica y no pueden decir nada que contravenga los intereses de ésta. 

El que fuera editor jefe del New England, Dr. Marcia Angell, advirtió al público en general que el New England había dejado de ser una revista científica hace mucho tiempo. Quizá haya que haber sido médico para entender lo que esto significa: algo así como cuando los niños se enteran de que los reyes son los padres. Un desmoronamiento, en definitiva, de los pilares en los que se sustentaba todo el edificio de la ciencia médica. 

Es éste un mundo que se va quedando sin las referencias que habían servido los últimos cien años. Bien es verdad que eran todas referencias basadas en la soberbia, como cuando Lucifer se creyó que era Dios. ¡La Ciencia!, nos decían. Incluso se inventó una religión para glorificarla. ¡Hemos descubierto el origen del universo! Ya no necesitamos a Dios. Hasta el más tonto del pueblo sabía explicar qué cosa es eso del Big-Bang.  

Bueno, lo que es la cosa de la ciencia para esta gente que manda quedó muy clara cuando lo de la pandemia. Daba risa escucharles cuando acusaban de negacionistas a los que cuestionaban su verdad absoluta. A los pobrecillos no les daba para más el cacumen. No es que fuese mala gente, simplemente gente poco dotada que estaban en donde no les correspondía debido a la perversión del sistema que el demonio ha impuesto en el mundo. Ya saben, el demonio busca la destrucción de la humanidad por medio de promesas de paraíso. ¡No pasa nada, chavales, con la vacuna podréis seguir yendo a los bares!  

Y así estamos, con unos gobiernos que son un sainete. Al que no anda de putas, le pega su mujer y, si no, hacen senador a su caballo, como este Sánchez que ha hecho catedrática a su mujer, que no sirve ni para chacha. Y la gente aparenta que se la suda porque las estanterías de los supermercados siguen estando surtidas. Pero la procesión que va por dentro sale a cada instante a nada que se rasque. La vida, ahora, es un puro sarpullido. 

jueves, 29 de mayo de 2025

El chivo por antonomasia

 


El comportamiento de los seres humanos es un misterio cuyo imposible desciframiento ha sido el principal motor del pensamiento. Lucubramos sin cesar tratando de encontrar los mecanismos internos que conducen a comportamientos que, en principio, carecen de toda lógica. El decir que esos comportamientos son, simplemente, un equivocado instinto de conservación -pulsión suicida-, por más que en última instancia sea la verdad absoluta, no nos sirve para calmar el espíritu. Tiene que haber ahí, nos decimos, otras razones cuya comprensión nos podría ayudar a modificar esos comportamientos en un sentido más integrador. Así fue como se inventó esa seudociencia que llaman psicología que, si no para otra cosa, sirve, y muy bien, para que los psicólogos se ganen la vida. Porque, lo que es cambiar los comportamientos considerados inadecuados, o sosegar los espíritus perturbados, en eso, se me antoja que estamos en las mismas que se estaba en la noche de los tiempos. 

El caso es que, por el querer de los dioses, o por lo que sea, los seres humanos llevamos fatal la sensación de fracaso inherente a la imposible satisfacción de nuestros deseos. Y lo llevamos fatal, sobre todo, supongo, porque vemos que hay gente a nuestro alrededor que aparenta estar satisfaciendo deseos similares a los que nosotros nos vemos incapaces de satisfacer. A partir de ahí, viene la búsqueda de salidas que alivien esa sensación de fracaso. Y hay soluciones para todos los gustos, aunque no nos podemos engañar al respecto, la inmensa mayoría tira por la calle del chivo expiatorio. En el momento que encuentras un culpable de tus desdichas ya solo tienes que procurar su destrucción para alcanzar la plenitud. 

Supongo que eso que llaman educación podría servir para algo si como primera, y quizá única, medida se intentase grabar a fuego en las mentalidades la idea de autorresponsabilidad - uno es el único responsable de todo lo que le pasa en la vida-. Y punto. Sería maravilloso. Desaparecería la envidia. Y con ella el mito de la igualdad  que es el principal instrumento de que se sirve el demonio para sembrar la discordia sobre la tierra. Pero nada más lejos de la realidad: el demonio se ha apoderado del gobierno de todas las naciones y pone al frente de las escuelas a sus discípulos más aventajados. Tú, odia a los judíos y ya tienes conseguido medio cielo en la tierra. Y es que, hay que reconocer que es insoportable contemplar lo bien que les va a los judíos. Preguntarse por el porqué de que les vaya tan bien, eso, ni por asomo... sería destruir toda la teoría que sustenta el edificio. 

En fin, digo judíos porque son el chivo más significativo desde la noche de los tiempos. Quizá su gran pecado para el resto de la humanidad sea haber sido fieles a su monoteísmo inicial. Ellos no tienen Vírgenes intercesoras ni mandangas por el estilo: temen a Dios y de ahí no se salen. O sea, que se lo curran lo de ser el chivo por antonomasia.   

miércoles, 28 de mayo de 2025

Espíritus encogidos

Cuando era niño, de las cosas que más me gustaban era ir a la herrería y que me dejasen dar vueltas a la manivela del fuelle mientras veía como entre Carlos, hijo, con la maza y Juan, padre, con el martillo, iban dando forma a cualquier trozo de hierro, intercalando golpes, recios el uno y finos el otro. También las carpinterías me fascinaban. Había unas cuantas en el pueblo. En realidad, en aquellos tiempos casi todo el mundo sabía hacer algo interesante. La gente tenía oficio. Íbamos al matadero a ver como Pin el Cariñoso daba un golpe certero con la pica en la cerviz del toro y el toro caía despatarrado como un muñeco de trapo. Luego lo descuartizaban con una rapidez y precisión alucinante. O te parabas a contemplar como Juan el Ovejo, tumbado de lado sobre un saco, picaba el dalle; era una música habitual que solía resonar en todo el valle en los atardeceres. Ahora, por lo que me cuentan, en el pueblo solo hay camareros. Muchos de los hijos y los nietos de aquellos artesanos se fueron a la ciudad a ejercer profesiones, desde las más sofisticadas a las más rastreras, pero, ya digo, en el pueblo, solo camareros. 

Así es que no me gusta ir por mi pueblo. Pasan años sin que lo pise. Y, cuando lo piso, me embarga la tristeza. Solo hay allí chusma poniéndolo todo muy bonito; es decir, con la idea que tiene la chusma de lo que es bonito. Santillanizándolo todo para que los turistas, la chusma por antonomasia, se quede boquiabierta cuando lo contempla. Lo que le gusta a la chusma es que parezca que todo está acabado, o sea, que, ya, para meterse en el ataúd y cerrar la tapa. Ahora anda encantada con eso de la inteligencia artificial porque cree que se lo va a solucionar todo en dos patadas. A esa pobre gente no se le alcanza que lo único que da sentido a la vida es vencer dificultades. 

En fin, no sé a cuento de qué les vengo con este rollo. Quizá me lo ha sugerido el vicio que tengo de pasarme horas mirando en YouTube como trabajan los pocos artesanos que van quedando por el mundo. Suelen ser viejos y mayormente chinos y japoneses. Sobre todo, lo de los carpinteros japoneses es per llogar-hi cadiras, que diría un catalán. No necesitan ni clavos ni colas para conseguir los más sólidos ensamblajes. Es todo puro ingenio geométrico. 

Resumiendo, lo que les quiero decir es que los humanos lo somos porque podemos aprender a hacer cosas sofisticadas. Y, a mi entender, tecnología mediante, cada vez hay menos necesidad de esforzarse para aprender a hacer esas cosas, lo cual encoge los espíritus. Y eso es lo que pasa que éste es un mundo de espíritus encogidos... o sea, sin ansias de conquista. Bueno, no sé, porque también hay por ahí gente empeñada en ir a Marte... muy criticada, por cierto.  

martes, 27 de mayo de 2025

Vencer y convencer

Venceréis, pero no convenceréis, dicen que dijo Unamuno en aquel famoso rifirrafe que tuvo con Millán Astray en el paraninfo de la universidad de Salamanca. Nunca sabremos lo que todo eso tiene de verdad y lo que tiene de leyenda urbana. Corren por ahí muchas teorías al respecto. 

Vencer y convencer son dos conceptos cuya clara diferenciación siempre ha atraído la atención de los intelectuales. Cervantes le dedica unas cuantas páginas cuando Don Quijote, en el episodio de la venta,  deja a todos pasmados con su disertación sobre las armas y las letras. Porque ese es el asunto, que se vence con las armas, pero se convence con las letras. Don Quijote lo tiene claro, y por eso insiste en la importancia que tiene el que el caballero andante no solo tenga fuerza en el brazo sino, también, en el entendimiento. El uno para vencer y el otro para convencer. 

Andábamos estos días lucubrando a propósito de estos temas: el relato, concluíamos, es la clave, O sea, las letras. El que consigue imponer su relato es el que a la postre vence. Y en este orden de cosas es el que se me revuelvan las tripas cuanto mi vista cae, por poner un ejemplo, sobre esa imagen icónica del Che Guevara. ¿Cómo consiguieron convencerme de que ese ser despreciable a todos los efectos era un tío guay, faro y guía de nuestros anhelos? Pues cómo va a ser, con un relato bien montado... es decir, a la medida de los deseos infantiles de la inmensa mayoría de los mortales: conseguirlo todo con la varita mágica: sin esfuerzo y, para redondear, sin temor de Dios, porque Dios no existe. 

Ayer andaba por un centro comercial de esos en los que cada dos por tres te asalta un joven guapo y muy simpático para proponerte una ganga. Quería el tipo que cambiase mi contrato telefónico por otro mucho más ventajoso para mí, no por nada, sino porque por dos perras más de lo que en la actualidad estoy pagando podría disfrutar de los relatos de Netflix. Por vacilar, le dije al chaval que yo prefería otros relatos que me parecen infinitamente mejores. ¿Cuáles son mejores?, me dijo con un mirada entre socarrona y escéptica. Entonces abrí la mochila y le enseñé El Quijote. Sí, me dijo, he oído hablar de ese libro; creo que es muy famoso. 

Y en esas estamos: el relato que propone Netflix atrae mil veces más que el que propone Cervantes. Es mucho más atractivo resolver los problemas con la varita mágica de Harry Potter que no recibir batacazos a cambio de resultados inciertos. Así todo, Netflix pasará en cuadro días y Don Quijote permanecerá por los siglos. Pero las cosas son como son y, como se suele decir, después de burro muerto, la cebada al rabo. Para que nos vamos a ocupar del más allá si nos han asegurado que Dios no existe. 

lunes, 26 de mayo de 2025

Lenguas

 

Hazlo, nada es imposible

"En español, la "doble negación" o "concordancia negativa" no cancela el sentido negativo, sino que lo refuerza. Esto significa que el uso de dos palabras o expresiones negativas en una frase no crea una afirmación, sino que simplemente enfatiza la negación."

Cuando empiezas a escribir, empiezas también a caer en la cuenta de las incongruencias del lenguaje. Un ejemplo sangrante es el de la doble negación en el idioma español. Contradice de plano la lógica matemática: negativo sobre negativo da positivo. Así que, por mucho que la concordancia negativa, por costumbre, refuerce la negación, eso, no deja de producir una cierta ambigüedad que es incompatible con, por ejemplo, el lenguaje jurídico que, por su propia naturaleza, debe tender a evitar las posibilidades de dobles interpretaciones.  

Andábamos ayer comentando una vez más lo de las lenguas. Claro, yo suelo conversar con personas que en su vida cotidiana utilizan lenguas aprendidas en la edad adulta y son conscientes del handicap que ello les supone. La lengua materna es sagrada, dice uno. El otro asiente. Y yo les entiendo perfectamente porque he vivido muchos años en un lugar en el que las lenguas se utilizaban como armas arrojadizas. Es decir, como armas de dominación de unos sobre otros. Ya saben, la cosa esa tan asquerosa de los nacionalismos. 

Pero a lo que quería ir yo es a eso de que son sagradas. ¿Qué se entiende por sagrado en este caso? ¿Relacionado con la divinidad? O sea, que la lengua materna es con la que hablas con Dios. Sí, eso está muy bien, pero por encima de todo hay que comer. Y no todas las lenguas facilitan del mismo modo esa necesidad vital, porque hay algunas que te reducen mucho el ámbito de las posibilidades. Y otras que te lo expanden. No por otro motivo es por el que nos esforzamos tanto por aprender determinadas lenguas. Al fin y al cabo, las lenguas son vehículos que trasportan ideas. Y hay lenguas que son como biscuters y otras como rolls-royces. Son muy diferentes las posibilidades de alcanzar destinos que tienen unas y otras; con unas solo puedes andar por casa y con otras abarcas el mundo. 

Escuchaba ayer un vídeo en el que se analizaban los resultados académicos desglosados por comunidades. Curiosamente, comunidades como Extremadura o Andalucía, obtienen resultados cinco veces mejores que otras supuestamente superiores en todo, como pudieran ser  Cataluña, Pais Vasco, Comunidad Valencina... y es que, según el youtuber que comentaba la jugada, en estas comunidades, supuestamente elitistas, la muchachada anda con la picha hecha un lío a causa de las lenguas. Hay una mayoría que se ve obligada a estudiar en una lengua que no es la que utiliza en su casa. Claro, con una lengua aprendida es más complicado entender los conceptos a nada que se sofistiquen mínimamente.

En resumidas cuentas, que hay que dejar que cada cual se entienda con Dios de la manera que le de la gana... o, como decía Voltaire, que vaya al cielo por el camino que más le guste. O más le convenga, digo yo.  

domingo, 25 de mayo de 2025

La casa de mi padre



LA CASA DE MI PADRE

Gabriel Aresti , 1963



                                    Defenderé
                                    la casa de mi padre.
                                    Contra los lobos,
                                    contra la sequía,
                                    contra la usura,
                                    contra la justicia,
                                    defenderé
                                    la casa
                                    de mi padre.
                                    Perderé
                                    los ganados,
                                    los huertos,
                                    los pinares;
                                    perderé
                                    los intereses,
                                    las rentas,
                                    los dividendos,
                                    pero defenderé la casa de mi padre.
                                    Me quitarán las armas
                                    y con las manos defenderé
                                    la casa de mi padre;
                                    me cortarán las manos
                                    y con los brazos defenderé
                                    la casa de mi padre;
                                    me dejarán
                                    sin brazos,
                                    sin hombros
                                    y sin pechos,
                                    y con el alma defenderé
                                    la casa de mi padre.
                                    Me moriré,
                                    se perderá mi alma,
                                    se perderá mi prole,
                                    pero la casa de mi padre
                                    seguirá
                                    en pie.


Ayer les decía que, el que pasada la adolescencia no salía corriendo de la casa de sus padres era porque algo le fallaba en la cabeza. Alguien lo leyó y consideró oportuno mandarme el poema que he transcrito al inicio de este post. De un tal Gabriel Aresti que, por lo visto, es lo más de lo más de la poesía en lengua vasca. Claro, debemos de suponer que cuando el bueno de Gabriel habla de la casa de su padre, no se está refiriendo a la casa de sus padres biológicos, sino a ese concepto abstracto que los ingleses llaman fatherland, la tierra del padre, patria para que nos entendamos. 

Con lo de la patria, como con todas las abstracciones, cada cual hace de su capa un sayo a la medida de sus gustos, deseos o necesidades. Todo el mundo nace en algún lugar por una mera cuestión de azar. La importancia que le des a esa casualidad depende de infinidad de circunstancias que sería muy penoso ponerse a enumerar. En cualquier caso hay que andarse con mucho cuidado con esa importancia porque a algunos se les va la mano y luego pasa lo que pasa. 

Ese poema de marras, sin ir más lejos, a mi inmodesto juicio no quiere decir otra cosa que el que el tal Gabriel Aresti andaba un poco pasado de vueltas. ¡Madre mía, porque tampoco es para tanto el haber nacido en un sitio u otro! Claro que puede ser un sitio que te quiere bien y te incita a quedarte, pero no siempre es ese el caso y, entonces, te vas a pacer a otro prado, que ya sabe que, a la postre, somos más de donde pacemos que de donde nacemos. Servidor, sin ir más lejos, es de una familia de vascos que, por lo que fuese, hace cuatro o cinco generaciones consideró oportuno irse a pacer a otros prados. ¡Oye, y no pasó nada! Aquí estamos, entroncados ya con nigerianos, jamaicanos, británicos y yo qué sé cuántas cosas más. El caso es que ni de coña se nos ocurre ponernos a matar gente por una abstracción tan tonta como el sentido de pertenencia a una pureza imaginaria. 

Sí señor, el dolor y la podredumbre que pueden llegar a causar los poetas pasados de vueltas es incalculable. Solo hace falta que sus poesías caigan en manos inadecuadas. Chavales que andan desnortados a la búsqueda de sensaciones fuertes. ¿Y cuál más fuerte que matar gente por una causa que imaginas que es justa? Solo hay que remitirse a los hechos para verificar que lo que les estoy diciendo no es una lucubración sin sentido. Venimos de padecer una plaga causada por esos sentimientos patológicos; llámenlos delirios si mejor quieren. 

Todo lo cual no quita para que uno se sienta ligado sentimentalmente al lugar en el que pasó la infancia. Al fin y al cabo, la infancia es la única oportunidad de paraíso que tenemos en la vida. Pero de ahí a quedar colgado de eso... 

sábado, 24 de mayo de 2025

¡Cosas veredes!

Por lo que me han contado, ese festival tan carajonero que llaman Eurovisión, este año ha tenido un impulso inusitado gracias al manifiesto de apoyo al grupo terrorista Hamas y la condena de Israel que, previo al festival, hizo el gobierno de España. Todos los festivales son por naturaleza instrumentos de la política, incluidos, por supuesto, esos de rock a los que van los jóvenes rebeldes como corderitos para ser debidamente adoctrinados. Todo muy sutil. Sutileza comunista, bien entendido. Las mayorías tienen la razón siempre y cuando, claro está, sea yo el que las pastorea. O el que las vende droga, lo que vendría a ser lo mismo.

El caso es que esa táctica del gobierno español es muy intuitiva, como se dice ahora -todo el puto día están los opinadores profesionales con lo intuitivo y lo contraintuitivo-; hay que tener en cuenta que en el mundo hay unos dos mil millones de musulmanes y unos quince millones de judíos. Así que la cosa va de soi, porque, cuando vives de vender droga, la cantidad es infinitamente más importante que la calidad. Ya digo, muy intuitivo.

Como dice el profesor Bastos, el comunismo es muy intuitivo. Porque es como vivir eternamente en casa de tus padres: cuando tienes hambre vas a la nevera y coges lo que te apetece. En la casa del padre siempre, por definición, está la nevera llena de toda clase de manjares. Lo que pasa es que, también hay que reconocer, que hay que ser muy mierda para poder vivir con los padres más allá de la adolescencia. Así que, a la postre, el ser humano siempre se está debatiendo entre lo intuitivo y lo contraintuitivo, que vendría a ser el pensárselo dos veces. Claro, si tienes capacidad para pensártelo dos veces, sales escopetado de casa de tus padres. 

Sea como sea, parece ser que la juventud actual le está cogiendo el punto a lo contraintuitivo. Y así fue que, en las votaciones habidas, le prestaron apoyo masivo a los quince millones de judíos frente a los dos mil millones de la morangada. Un verdadero shock para los devotos de lo intuitivo que, dicho de otra forma, vendrían a ser los consumidores de droga... ¿a ver si va a ser que estamos fuera de onda?, se han preguntado algunos. 

En fin, cosas veredes, amigo Sancho, que farán fablar las piedras.     

viernes, 23 de mayo de 2025

Divagaciones sobre El Quijote

Como ya les he dicho, ando leyendo El Quijote. Hacía casi tres años desde la última vez que lo leí y, a efectos prácticos, es como si hiciese un siglo. Siempre que lo he leído he tenido la sensación de ser la primera vez. Ahora ando por la comedia de enredo que es el episodio de la venta en el que confluyen todos los personajes que ha ido perfilando pacienzudamente a lo largo de trescientas páginas. Son un montón de dramas que tienen una resolución feliz en un espacio de tiempo  mínimo. Es una auténtica apoteosis en la que se intercalan elementos chuscos -las putadas que le hacen a Don Quijote, los pícaros que quieren aprovechar la confusión del entusiasmo general para largarse sin pagar- para atemperar el empalago de tanta dicha. El caso es que iba el otro día leyéndolo en el tren y me salté dos estaciones. Este tipo de cosas solo me han pasado cuando en la infancia leía las aventuras de Guillermo Brown. También entonces se me iba el santo al cielo y me olvidaba hasta de comer. Guillermo, en realidad, es un remedo infantil de Don Quijote. Quizá todos los niños lo sean.

Andaba de tertulia no hace mucho y salió a colación Guillermo. Decía uno que se dedica al cine que había estado barajando hacer un guion sacado de los libros de Guillermo, de los que había sido forofo en su infancia. Se había puesto a la tarea y había tenido que desistir a la primera de cambio. Los pequeños quijotes no sirven para estos tiempos de magos triunfadores. Ni los pequeños ni, al parecer, tampoco los grandes. Demasiado realismo para generaciones criadas a los pechos del idealismo marxista. La gente dice que son lecturas muy difíciles. Demasiado intelectuales. En estas estamos. 

En resumidas cuentas, que allá cada cual con sus particulares percepciones de la jugada. Porque a la postre lo que cuenta es tener o no tener la sensación de estar perdiéndote algo importante. Y yo no veo que la gente a mi alrededor tenga esa sensación por no leer El Quijote. En todo caso la tienen si no leen lo que está de moda en su círculo de amistades. Lo mismo que si no viajan al sitio del que todos hablan o no frecuentan los ambientes de los que se hacen eco las páginas de sociedad de los medios locales. El mundo es ansí, que decía Baroja.

jueves, 22 de mayo de 2025

Padre Astete

 

Si atacas a Israel, Israel no va a leer tu manual de instrucciones sobre cómo se debe responder 


Esa es la madre de todo este asunto, que no todo el mundo tiene la misma idea de cómo hay que responder cuando te atacan. Los hay que con orquestar un victimismo vomitivo parecen conformarse: ese fue el modelo que se eligió en España cuando un grupo de psicópatas vacos se pusieron a matar gente porque sí. Y lo mismo cuando le tocó el turno a otros psicópatas venidos de la Berbería. Entonces, hicimos honor a aquellos versos que aparecen en La Vida Es Sueño de Calderón: Y tanto placer había/ en quejarse, un sabio decía/ que a trueco de quejarse/ habían las desdichas de buscarse. Porque, desengáñense al respecto: una desdicha le puede llegar a cualquiera, en cualquier momento, por muy temeroso de Dios que sea, pero cuando vienen hiladas, in a row, que dicen los ingleses, no es solo porque las buscas, es más bien porque las provocas con tu necedad. 

El caso es que Israel se las está poniendo a todas las plañideras del mundo mundial como se las ponían a Fernando VII para que se puedan entregar a su deleite favorito por los siglos de los siglos: demonizar a los judíos. Me he pasado toda la vida preguntándome por el porqué de esa inquina secular hacia los judíos. Siempre me pareció un misterio, hasta que, de pronto, a edad muy provecta ya, he caído en la cuenta, bien que ayudado por mentes esclarecidas como la de Sowel, de que es la cosa más tonta que uno se puede imaginar: no es más que la natural envidia que tienen los perdedores -la inmensa mayoría de la humanidad- hacia quienes les va bien. Y es que a los judíos, allí donde estén, les suele ir bien en la vida por el simple hecho de que son temerosos de Dios sin componendas. 

Así es que ahora se ha desatado una cantinela universal por lo que está pasando en Gaza. Sí, desde luego que es terrible lo que les está pasando a los niños y, ya puestos, a las mujeres también, pero nadie podrá negar que todas ellas son desdichas buscadas con tozudez de poseso. Como esa gente son, fundamentalmente, unos putos vagos, no les queda otra solución para cohesionarse y, de paso, suscitar la compasión, que inventarse un enemigo atroz que es la causa de todos sus males. Es de primera página de libro acerca de la condición humana. Ellos, viven así del cuento y, de paso, dan pábulo para que todas las malas conciencias del mundo tengan un leit motiv que les ayude a distraer sus buscadas angustias. 

En fin, que así son las cosas de este mundo porque así quiere Dios que sean. Si bien se considera, todo ello no es más que la consecuencia de la eterna lucha entre las virtudes teologales y los pecados capitales. Pero, claro, como los niños ya no estudian el catecismo del Padre Astete, pues, luego resulta que de mayores no se enteran de qué va la fiesta. 

miércoles, 21 de mayo de 2025

Los pañitos del altar

Retomábamos esta mañana el tema de ayer: las mujeres. Llegábamos a la conclusión de que, cuando hablamos de marxismo cultural, de lo que en realidad estamos hablando es de feminización de la sociedad. Es decir, hacer prevalecer los valores femeninos sobre los masculinos. No hace falta señalar, no se vaya a ofender alguien, cuales son esos valores: todo el mundo los conoce

Dos caballos de Troya se han utilizado para infiltrar esos valores: la enseñanza y la sanidad, ambas dos públicas, como las rameras. El 90 o el 99% de los maestros son mujeres que de inmediato van a separar a los niños que se están zurrando en el patio durante los recreos. La dichosa paz por encima de la justicia o la libertad. ¿Es que hay algo más femenino? 

Pero, donde ya la trampa alcanza tintes homéricos es con la sanidad. Hoy es cuchaba a Warren Buffett decir que todo el sistema sanitario es A Total Scam (una total estafa). De los años sesenta, cuando comenzó la marxistización de los EEUU, al presente, la porción del PIB dedicado a la sanidad ha pasado del 5 al 18%. Ese aumento, curiosamente ha ido parejo con el de mujeres médicos que hay en el sistema, rozando ya el 50%. En España, ya vamos por el setenta y pico por ciento. Por cierto que en España se ha pasado de un medico cada 2.000 personas en los años sesenta a uno cada 150 en la actualidad... es casi imposible morirse y, menos todavía, sufrir padecimientos. ¡Pues buenas son las mujeres como para soportar ver sufrir a alguien! ¡Con la de remedios que ellas saben!

Hay muy pocos frenos a toda esta estafa -que dice Warren Buffett- que ha venido a cristalizar en esa ideología que llaman woke (conciencia de injusticia social), es decir, rencor, cobardía y pereza: el trípode que sustenta la decadencia. Ellos saben como pescar truchas sin mojarse el culo y cruzar la mar sin arriesgarse. Se lo ha enseñado su mamá. 

En fin, menos mal que el Vaticano, de momento, pone pie en pared y no deja que las mujeres puedan consagrar. Para ellos es mucho mejor que sigan ocupándose de los pañitos del altar. Pienso que están acertados.  

martes, 20 de mayo de 2025

El demonio

 


Estábamos esta mañana desmintiendo la letra de aquel famoso tango que dice que "de las mujeres mejor no hay que hablar". Claro, eso es una pretensión muy despechada, porque, ¿cómo no vamos a hablar de algo que no se nos va de la cabeza como no sea por alguna anomalía biológica? El caso es que, como somos muy leídos, basábamos nuestro argumentario, por un lado, en la literatura y, por otro, en la sabiduría popular. Decía mi contertulio, que su abuela, verdulera de profesión, sostenía que el mundo se estaba viniendo abajo debido a que las mujeres se habían puesto a mandar fuera de su casa. Respecto de la literatura traíamos a colación Las Mil y Una Noche, un libro concebido para advertir a los hombres de la verdadera naturaleza de las mujeres. De su perversidad intrínseca, para que nos entendamos. ¡Armas de mujer! O se salen con la suya o lo mejor que puedes hacer, si no estás por la labor, es poner tierra por medio. 

Y es que la mujer y la sartén en la cocina están bien. Y no hay ninguna minusvaloración en este refrán. Al fin y al cabo, quien está al mando de la cocina, tiene la sartén por el mango, que es como decir que en esta casa se cuece lo que a mí me da la gana. Si mandar en los hogares les parece poco poder es que han perdido la cabeza. Mandar en los hogares es ser medianera de todo, o sea, como la Virgen María. 

Y hablando de la Virgen María, fíjense ustedes en la Iglesia, una institución que lleva dos mil años con su poderío más o menos intacto. ¿Cuál es su secreto para tan casi milagrosa consecución? Pues ese, mantener a la mujer en su papel de medianera -el culto a María- y, ni por asomo, ponerla a los mandos como quiere el diablo que siempre está infiltrado por todas las partes. Pusieran a la mujer a decir misa y no duraba el invento ni dos telediarios. ¡Es elemental! ¿Es que algún hombre puede ver a una mujer sin que el pensamiento se le vaya automáticamente a lo que tiene entre las piernas?  

Yo no digo que no pueda haberse dado algún caso de mujer dotada para decir misa; ahí han tenido no hace mucho a la Thatcher, que consagraba divinamente, o la Meloni, que parece que también sabe lo que hace, pero son las excepciones que tiene toda regla para poder ser tal. En términos generales, no nos engañemos, para gobernar son un desastre por la sencilla razón de que la biología es la que es y ha reservado a la mujer un papel tan importante que es absurdo pretender que le vayan a quedar muchas neuronas para cuestiones de menor monta. 

Miren esa foto con la que inicio esta reflexión. ¿Sería creíble o, mejor, tendría algún gancho, si en vez de poner un hombre hubiesen puesto a una mujer? ¡Suelta a los rehenes o sufre las consecuencias? El hombre, por biología también, sabe ser inflexible. Y es que una cosa es poder hacer niños y otra saber salvaguardarlos. Y esta verdad incuestionable es la que el diablo ha conseguido emborronar en su infatigable lucha por destruirnos. Pero me parece a mí que va a tener que cambiar de táctica porque cada día más gente le está descubriendo el truco y ya son más los chistes que se hacen sobre él que el miedo que se le tiene. 

lunes, 19 de mayo de 2025

Franco II

Cuando leo lo que he escrito el día anterior es raro que quede satisfecho; o ya no pienso lo mismo que pensaba o, más frecuente, siento que determinada idea la podría haber matizado mucho mejor. Y es que si hay algo que haga honor al adagio "todo cambia, nada permanece", eso es el pensamiento. Así es que cuando escuchas a una persona decir: yo soy de los que siempre he dicho... puedes estar seguro de que tienes un necio delante. 

El caso es que ayer emití juicios de los que hoy estoy arrepentido, como lo que dije de Iván Espinosa de los Monteros, que seguramente no tiene tanto Estado en la cabeza como el que le achaqué. Le escuché por la tarde en una entrevista y me pareció mucho más anarcocapitalista de lo que le suponía. Esto, por un lado; por otro, lo que dije del franquismo, que suscribo en general, me doy cuenta de que está descrito con rasgos tan gruesos que, si no los matizas algo más, difícilmente es inteligible. 

Para empezar, antes de decir que Franco nos empobreció espiritualmente tendría que haber especificado que primero nos libró de la mayor plaga que conocieron los siglos: el comunismo. Sí, porque era el comunismo a la soviética lo que se estaba intentando implantar en España y, el que niegue eso, una de dos, o es un ignorante o es un sinvergüenza. Y es que para todo hay grados y lo que va de la miseria espiritual inherente al comunismo soviético de la que produce el comunismo socialdemócrata, es un gran trecho: el comunismo socialdemócrata deja ciertas parcelas de la vida social en manos de la iniciativa privada, lo cual hace que una pequeña parte de la población se salve de los estragos del pastoreo intensivo. 

Una pequeña parte de la población salvaguardó un cierto grado de pensamiento crítico, aunque, no hay que hacerse ilusiones: todos los esfuerzos del sistema estaban encaminados a minar esa pequeña porción de autonomía mental. Y bien que lo consiguió, porque, después, cuando muerto el autócrata, se pasó a lo que denominaron democracia, todo el mundo se tragó la milonga sin darse cuenta de que lo nuevo no era en realidad otra cosa que un perfeccionamiento de las técnicas de pastoreo. 

El pastoreo lo infiltra todo. Todo el mundo necesita un monitor para cualquier cosa que quiera hacer para aliviar el dolor del ocio. Los chavales necesitan monitor hasta para aprender a surfear olas, lo cual, por más normal que le parezca a la mayoría, no es sino la prueba fehaciente del grado de discapacidad mental al que conducen las técnicas de pastoreo. Todo el mundo parece anclado en la edad infantil... sujetos a los protocolos hasta para cagar. 

Franco creó la primera clase media digna de tal nombre que hubo en España. Su gran logro, dicen. Tendrían que explicarnos un poco mejor eso. Porque, ¿qué quiere decir clase media? ¿Media de qué? Pues muy sencillo, media de aquello que vimos cuando lo de la plandemia. Media de borreguería, de ausencia absoluta de pensamiento crítico. Sé de lo que hablo, porque debido a los muchos años que tengo pude vivir tiempos en los que el pastoreo era incipiente y la mayoría de la gente vivía a su bola recurriendo al ingenio para sobrevivir. Por así decirlo, hemos pasado, socialdemocracia mediante, del libre albedrío de aquellas clases bajas a la predestinación de estas clases medias. O dicho de otra forma: del catolicismo al protestantismo. Y parece ser que mucha gente se está dando cuenta de que con el cambio no ha hecho más que perder y, por eso será, según he oído por ahí, que está habiendo conversiones masivas, sobre todo entre los jóvenes, al catolicismo.  

En fin, no sé si me he explicado un poco más que ayer, pero, en cualquier caso, el asunto es demasiado complicado como para despacharlo en cuatro párrafos. 

domingo, 18 de mayo de 2025

Franco

La vejez te puede dar perspectiva. Para ello, entre otras cosas, habrás tenido que dejar de leer periódicos y ver telediarios que vendrían a ser la proximidad dionisiaca que todo lo emborrona. Y es que la perspectiva la da el alejamiento, cosa que de joven es imposible conseguir por muchos libros de historia que hayas leído. Lo sé por la propia experiencia, porque leí muchos libros de esos y dejé hace bastantes años ya de leer periódicos y ver telediarios y, sin embargo, no ha sido hasta hace cuatro días que me di cuenta de que el verdadero destructor de España fue Franco. Sí, sí, Franco. Por favor, lector, no precipite el juicio y escuche mis argumentos. 

Cuando yo era niño, la gente, en general, se ocupaba de su propia vida. Lo cual incluía, como piedra angular que sostenía todo el edificio, el ahorro. Se ahorraba para la vejez y, también, por si alguno de la familia se ponía enfermo, o para pagar los estudios de algún hijo que salía espabilado y, también, para invertir en bienes de equipo. Claro que había gente desastre, pero estaban señalados, precisamente por ser la excepción. Pues bien, todo eso es lo que Franco, siguiendo las modas del momento, se cargó. Ya no tenéis que ahorrar, les dijo a los españoles: yo os daré una pensión cuando seáis viejos, os curaré si os ponéis enfermos y pagaré los estudios de vuestros hijos; vosotros lo único que tenéis que hacer es gastar hasta el último céntimo de lo que ganéis en diversión porque así el dinero correrá y se redistribuirá. En definitiva, Franco supuso para los españoles bienestar material y miseria espiritual... socialdemocracia en vena, para que nos entendamos. 

Pensaba en estas cosas esta mañana mientras escuchaba una entrevista a Iván Espinosa de los Monteros, al que muchos consideran el político más esclarecido que ha habido en España en estos últimos años. Pues bien, todo lo esclarecido que ustedes quieran, pero la impresión que me da es que tiene la idea del Estado omnipotente metida hasta los tuétanos. Él tiene soluciones para los grandes problemas que parecen lógicas, pero siempre con el Estado por medio. Las pensiones, por ejemplo, que según él debieran de ser de capitalización... y por qué, me pregunto yo, si vas a capitalizar tus ahorros, necesitas que el Estado meta sus narices ahí. Y lo mismo con la sanidad. Acaso no pueden la inmensa mayoría de los españoles pagarse una mutua médica con menos de la mitad de lo que gastan cada mes en bares. ¿Qué coño pinta el Estado ahí, entonces? Y de la educación podría decir lo mismo, y más, ahora, con las oportunidades que proporciona el Internet. 

Esa es la cuestión, que hasta los más esclarecidos tienen metida, Franco mediante, la idea socialdemócrata hasta los tuétanos y por eso se necesita un Moisés que venga a sacarnos de está esclavitud y nos tenga cuarenta años vagando por el desierto mientras nos vamos haciendo a la idea de libertad... que no es fácil, por cierto, porque pasar de cobarde a valiente no es cosa de hoy para mañana.

sábado, 17 de mayo de 2025

Exotéricos y esotéricos.

 



A veces los conspiranoicos, si no en el clavo, dan con una curiosa coincidencia que de inmediato los lleva a suponer que Satán anda por medio. Es el caso que les muestro: ponen en el traductor automático de latín a inglés de Google a stra ze neca y el resultado es a road to death (el camino hacia la muerte) No me negarán que la cosa tiene su miga, porque, uniendo dos a dos esas palabras latinas, te da el nombre de un laboratorio farmacéutico de funesto recuerdo para miles, o millones, que no se sabe, de personas. 

De hecho, la naturaleza está llena de curiosas coincidencias por descubrir. Las matemáticas, el lenguaje de la naturaleza que las dicen, no son otra cosa que curiosas coincidencias que se fueron descubriendo a lo largo de los siglos. Y, a veces parece como si ese campo estuviese completamente rastreado, pero no me cabe la menor duda de que el tiempo se irá encargando de demostrar que faltan por descubrir otras tantas, o más, de las ya descubiertas. Y, como las matemáticas, cualquier otra cosa de esas que llaman ciencias. Porque ciencia es eso, el arte de descubrir curiosas coincidencias que, una vez descubiertas, unas veces suelen tener alguna utilidad y, otras, se quedan en eso, simple curiosidad cuya comprensión puede proporcionar un cierto placer estético... aunque nunca se sabe, porque en las matemáticas hubo muchos descubrimientos que quedaron arrumbados en un cajón por no haberles encontrado utilidad y, sin embargo, al cabo de los siglos, se dieron cuenta de que venían como de molde para, por ejemplo, encriptar las cuentas bancarias.  

El caso es que, las ciencias, unas son exotéricas y otras son esotéricas. Las exotérica son de fácil comprensión. Las esotéricas están reservadas a pequeños grupos de iniciados, lo cual, como es fácil de comprender, se presta a muy fundadas sospechas de camelo. Exotéricas, por ejemplo, serían las matemáticas. Pongamos el teorema de Pitágoras; una curiosa coincidencia donde las haya. Tuvo que ser un puntazo su descubrimiento, allá, en la remota antigüedad sumeria o, vete a saber dónde. Pero, en realidad, es algo muy simple: utilizas cada lado de un triangulo rectángulo para construir un cuadrado, luego sacas un metro y mides la superficie de esos cuadrados y, ¡oh sorpresa!, la suma de la superficie de los dos cuadrados pequeños es igual a la superficie del cuadrado grande. No hay, entonces, el menor misterio. Sin embargo lo esotérico, nada que ver. Todo eso que llaman la cábala, buscando coincidencias entre números y letras en las páginas de un libro. Siempre se encuentra algo; a partir de ahí solo hace falta un hombre del carromato, es decir, un especialista en vender humo, profesión que, por cierto, está entre las más numerosas dado lo poco que hay que esforzarse para sacar el título acreditativo y lo muy rentable que es. 

Por eso hay que andarse con tanto cuidado en este mundo, porque por cada profesional de lo exotérico hay mil de lo esotérico. Y es que, además, de esos mil de lo esotérico, novecientos noventa y nueve van disfrazados de exotéricos. Así que, ojo al parche, porque muy pocas cosas son lo que parecen. Muchas, so capa de vender el bien -Astra Zeneka- son un camino hacia el infierno, como nos demuestra el traductor automático de Google... así que, de Satán, nada de nada, es el simple y llano modus vivendi de los sinvergüenzas.  

viernes, 16 de mayo de 2025

Recover the Sense of Mystery" in the Liturgy

 

 

El recién elegido Papa, un americano de Chicago, ha dicho que lo más urgente que tiene que hacer la Iglesia si es que quiere volver por sus fueros es recuperar el sentido de misterio en la liturgia. Es algo tan elemental que lo que sorprende es que se haya llegado al punto de que una parte de la jerarquía eclesiástica, por lo visto, quiere sustituir la misa por esas reuniones con guitarra en las que no se sabe si se está en la iglesia o en una excursión campestre. Supongo que es la consecuencia de la infiltración marxista que es una ideología que blasona de científica, algo que hasta el más tonto de la clase sabe que es un imposible metafísico, un oxímoron, o, simplemente una tontería morrocotuda: ¿cómo va a ser científico algo tan etéreo como una ideología? Una ideología, por definición, es wishful thinking, es decir, pensamiento mágico. O infantil, si mejor quieren. 

Resumiendo, que ha llegado un Papa con dos dedos de frente. Nada extraño, por otra parte, ya que el sujeto de sus estudios juveniles fueron las matemáticas. Y es que, aquí, en lo de las matemáticas, tenemos otra de las grandes confusiones que nos ha traído la ideología científica; las matemáticas, señoras y señores, sirven como herramienta auxiliar para construir puentes y todo tipo de cachivaches, pero en su concepción originaria eran una gimnasia para el músculo cerebral. Durante veintitrés siglos se estuvieron utilizando los Elementos de Euclides como texto obligatorio para el aprendizaje del recto razonar... hasta que llegó el marxismo y mandó parar. ¡Cuánto mejor aprender jugando que no esforzándose! ¡Cómo no iba a calar! Que me lo digan a mí, que me lo tragué todo de pe a pa.   

En fin, para mí que el Espíritu Santo estaba que ya no podía más y ha tomado cartas en el asunto. Y por eso tenemos un Papa matemático. Un Papa que sabe pensar y, por tanto, sabe diferenciar lo que es de Dios y lo que es del Cesar. Dios es un misterio y el Cesar algo de carne y hueso. Por eso no son intercambiables como se ha estado pretendiendo de hace un siglo para acá... que, de ahí, de esa confusión, todo este desbarajuste que nos está señoreando. 

Se lo explico. ¿Ven esa foto que les muestro al inicio? Mírenla bien, porque ahí se ven claramente cuales son las consecuencias del haberse creído el Cesar que era Dios. Esa pobre gente anda de gira por California en el intento de hacer visible lo que al parecer nadie quiere ver por molesto: ¡Oye, yo me salvé por los pelos y, al que Dios se la dio, que San Pedro se la bendiga!, dice la gente haciendo gala de esa miseria moral que caracteriza a los infiltrados de marxismo. Pues sí, señoras y señores, esos pobres desgraciados no hicieron otra cosa diferente a lo que hicieron muchos de ustedes: obedecer al Cesar travestido de Dios; se inyectaron la pócima milagrosa y Dios se la dio y ahora San Pedro no se la quiere bendecir. . 

¿Ven ya por qué es tan importante estudiar matemáticas?  Porque no hay nada que ayude tanto a comprender que estar hecho a imagen y semejanza no es lo mismo que ser Dios. Desde luego que comprendiendo esa diferencia es muy difícil que alguien se meta una pócima milagrosa... y no por nada, sino porque, como decían en aquella Asturias en la que viví unos cuantos años, misterios hay muchos, pero milagros, ninguno. ¡Sí Señor, hay que recuperar el misterio en la liturgia! 

jueves, 15 de mayo de 2025

Vanidad

Eso que llaman inteligencia emocional supongo que debe ser ponerse a tocar la guitarra delante de un auditorio y tocarla exactamente igual que cuando estás a solas en tu gabinete. Es decir, que para nada te afecte el entorno. O, si mejor quieren, tener el completo control de tus emociones. De ser así, la mía debe ser cero patatero. Y de ahí, quizá, esta tendencia irreprimible a aislarme del mundo que me fue ganando a medida que los años se me iban echando encima. Es una condición humana que, como otra cualquiera, tiene sus ventajas e inconvenientes y el negocio consiste en tener la suficiente inteligencia de la otra para saber aprovecharse de las ventajas. Gracián dice, que todo el mundo tiene su realce rey, es decir, una especial disposición para algo, y que, la gracia del asunto consiste en, por un lado, descubrir ese realce o disposición y, por otro, tener la voluntad o disciplina para cultivarlo. 

Estaba tratando de estos asuntos con un amigo, gran músico él, que me hacía notar su bajada de rendimiento tan pronto se ponía a tocar delante de una cámara. Paco de Lucía, también, por lo visto, padecía de esa bajada de rendimiento cuando se ponía delante de un auditorio; de hecho, decía que nunca había conseguido sentirse satisfecho de cómo había tocado tras acabar un concierto. Claro que, cuando la bajada parte de un nivel sublime, lo que queda es tanto que los profanos ni lo notan, lo cual no quita para que el sufrimiento interior del interprete esté ahí hasta que el reconocimiento de los profanos viene a aliviarle. Es eso que llamamos vanidad, motor indiscutible de muchas grandes consecuciones humanas y, también, de todas las grandes tonterías. 

Así es que, la vanidad, se supone que se alimenta del reconocimiento ajeno. No sé hasta qué punto eso es así, porque existe, sin lugar a muchas dudas, esa satisfacción íntima que produce la conciencia de haber culminado con éxito una tarea complicada. ¿Es que, acaso, esa satisfacción íntima no es también vanidad? En todo caso, vendría a aliviar la frustración que la falta de reconocimiento ajeno pudiera haber producido.

En fin, como ven, todo es pajeo mental tratando de quitar importancia a las propias limitaciones; porque ese es el punto y la madre de todo este negocio, que diría Don Quijote, que es muy difícil asumir las propias limitaciones sin caer en la tentación de hacer mil tonterías con la finalidad de disimularlas sin, por supuesto, conseguirlo. 


miércoles, 14 de mayo de 2025

Soberanía

 



 Conviene hacerse de vez en cuando un test para ver cómo estás de soberanía individual. Porque, aunque nadie te lo suela decir, no hay enfermedad más penosa que el andar con niveles bajos de esa soberanía. Es una enfermedad insidiosa que te empuja a salir de casa a todas las horas en busca de consuelo. Y es que, no es para menos, porque no hay nada más angustioso que mirarte en los espejos que tienes en casa y no verte. Y no te ves porque, sencillamente, sin soberanía individual, no existes a efectos prácticos. 

Sales a la calle, ¿a qué?, pues a qué va a ser, a contar tus penas al primero que se te cruza por aquello que dicen de que penas contadas, penas aliviadas. Así es que te sientas por ahí con cualquiera y, a la que te descuidas ya te está contando sus padecimientos. Y, si hay varios en la conversación, se quitan la palabra los unos a los otros para contar los suyos porque, a lo que se ve, todo el mundo tiene un buen lote de ellos. Y es que los padecimientos son el último clavo ardiendo al que poder agarrarse para recuperar la sensación de vida que la pérdida de soberanía individual te ha arrebatado.  

No sé si ustedes lo recordaran, pero hace cuatro o cinco años las circunstancias nos dieron la oportunidad de testarnos la soberanía individual por el simple procedimiento de dejarse o no dejarse meter un palito por la nariz... bueno, algunos preferían que se lo metiesen por el culo. ¿Qué es lo que se puso de manifiesto con ese test?:

1º.- Pensamiento crítico. ¿Cuánta gente estabas viendo morir a tu alrededor? ¿Conocías a alguien que le hubiese pasado algo al respecto? ¿Escuchabas o no escuchabas a otros expertos que no fuesen los oficiales del régimen? ¡Contéstate tú mismo y ponte la puntuación!

2º.- Autonomía corporal. ¿Acaso hay algo más sagrado que el propio cuerpo? ¿No vas a procurar informarte, y pensártelo dos veces después, antes de dejarte meter cualquier cosa por él? Porque, qué nadie me diga que no había informaciones alternativas a la oficial porque con ello está demostrando su miseria intelectual. En fin, daba todo más risa que la etiqueta del Anís del Mono: soy el mejor, la ciencia lo dice y yo no miento. 

3º.- Decir tu verdad. Tu verdad contrastada con la de los mejores y no con la de la chusma atemorizada. ¿Acaso no teníamos internet para saber lo que decía Luc Montagnier sobre el virus o Alexandra Henrion-Caude sobre las terapias génicas? No hay excusas al respecto. 

4º.- El regalo del discernimiento. Tirar ese regalo, el más valioso que nos hicieron los cielos, por el desagüe, es la mayor ofensa que nos podemos hacer a nosotros mismos. Negarse a pensar por uno mismo en aras de que te den un carné para poder entrar en los bares es el colmo de la miseria moral. 

5º.- Resistir a la tiranía. ¿Es que podía haber alguien tan sumamente cobarde como para no ser consciente de que le estaban robando sus más elementales derechos? En mis ochenta años de vida nunca había visto cosa semejante... y eso que durante mis cuarenta primeros viví en lo que se decía era una tiranía. Visto lo visto, ahora dudo mucho de que lo fuese. 

6º.- Defender a los hijos. Desde el primer momento traté de poner en guardia a mi descendencia. Si tuve éxito o no, ese es otro asunto; lo que cuenta para mí es que lo intenté y que los cielos son testigos de ello.

7º.- Distanciarse del sistema social. Cada vez que oigo la palabra socializar, salgo corriendo. ¿Es que puede haber algo más demoledor para la propia soberanía que necesitar la aquiescencia de los demás?  El ir por libre siempre ha sido y será la clave de una vida cumplida. 

En fin, allá cada cual con su conciencia, que yo ya tengo bastante con la mía.

martes, 13 de mayo de 2025

Del usted al tú

Cuando era estudiante en Valladolid, terminando los años cincuenta y comenzando los sesenta del siglo pasado, tuve ocasión de presenciar en repetidas ocasiones la relación padre-hijo que se estilaba en la Castilla rural. Para empezar, los hijos siempre trataban a sus padres de usted. Claro, hoy día esto del usted ni siquiera se entiende qué cosa pueda ser eso. Así es que, para que se entienda, conviene hacer unas consideraciones de orden ético, moral, o lo que ustedes quieran, respecto de la perdida de esa costumbre, que, en cualquier caso, reconocerán conmigo, supone una difuminación del campo de las competencias. Marcar distancias, que es lo que hacía aquel trato de usted, también suponía marcar las obligaciones. Y no se engañen al respecto, difuminar las obligaciones tiene sus repercusiones en el normal funcionamiento de cualquier institución. 

Seguramente, la decadencia de cualquier civilización tiene mucho que ver con esa difuminación de competencias. Esa frase tan simpática que tanto emplean hoy día los responsables de las diferentes instituciones, "acercarse al pueblo", para mí que es una bomba de relojería. Porque, ¿qué quiere decir "acercarse al pueblo"? Se lo diré sin ambages, quiere decir contagiarse de su zafiedad. Porque ese es el punto, que pueblo zafio viene a ser un pleonasmo. O es que acaso puede haber mayor zafiedad que la que se contiene en la convicción reina del populacho: "nadie es más que nadie". Bueno, respecto de esta letal convicción ya se encargó don Quijote de desmentir a Sancho: "Nadie es más que nadie, amigo Sancho, si no hace más que nadie". 

El caso es que, por poner un ejemplo, la Iglesia hizo un concilio por aquellos años sesenta del siglo pasado con la intención de acercarse al pueblo. De resultas, la Iglesia se fue, como quien dice, al carajo. De inmediato cayó en el barraganismo medieval que tan bien describe el Arcipreste de Hita y que vino a corregir la reforma de Cisneros. Por así decirlo, dejó al pueblo huérfano de orientación espiritual y el pueblo, como siempre pasa en tales casos, se puso a adorar ídolos que es en lo que andamos, y andaremos, hasta que Moisés baje de nuevo del monte con las tablas y las estampane contra las multitudes enchusmatizadas. O, dicho de otra forma, venga Paco con la rebaja y se cepille a unos cuantos socialistas, que vendrían a ser los sacerdotes de esta religión idolátrica que nos está matando. 

En fin, aquí estamos a la espera de que llegue, ya sea Moisés, ya Paco, y obliguen a los hijos a tratar de nuevo a sus padres de usted, que les parecerá una chorrada, pero no vean ustedes que notas sacaban aquellos chavales castellanos... ¡por algo sería!   

 

lunes, 12 de mayo de 2025

El mito de la creación


 

Podrá haber toda la mierda que ustedes quieran por ahí, pero también existe la belleza que emana de las inteligencias privilegiadas. Sérgio Assad compuso una pieza para mí, nos dice Stephanie Jones, y nos la toca, como corresponde a la pieza, delante del ara de los sacrificios con un Pantócrator de fondo. 

La composición se llama Tupi Guarani Tales y consta de tres movimientos. Así la describe el propio Sérgio Assad:


"Esta pieza es un homenaje a los indígenas Tupi Guaraní de Brasil y describe a través de tres contrastadas secciones su mito de la creación. Abre con una atmósfera etérea que introducirá al Dios supremo Tupa. La segunda sección, llamada Jardín Primordial, muy lírica, describe a esa gente y su mundo perfecto. La tercera, y final, sección, es una referencia a sus rituales de animismo panteísta y canibalismo."

Yo solo les puedo decir que si tuviese que escoger la composición -dentro de mis limitados conocimientos en la materia- que mejor represente la contemporaneidad, sin duda escogería ésta, oficiando de sacerdotisa Stephanie, bien sure. No ha habido pueblo sobre la tierra que haya podido constituirse como tal sin haber fabricado primero su mito de la creación. Ya sea el Génesis judío, la Teogonía griega, Enuma Elis babilónico, Enki y Ninmah sumerio, siempre estamos en las mismas, la relación del hombre con lo sagrado a la búsqueda de una explicación que ponga orden en el caos que tiene en la cabeza. En este caso, Sérgio Assad, inspirado por la sacerdotisa Stephanie, ha recurrido al mito primigenio de la tierra en la que nació en un intento de poner orden en la suya. Del éxito de la empresa, juzguen ustedes.   

domingo, 11 de mayo de 2025

Metafísica barata

De una de las traducciones del Eclesiastes:  "Perversi difficile corriguntur et stultorum infinitus est numerus" (los perversos difícilmente se corrigen y el número de los tontos es infinito). Quizá el autor haya incluido estas dos posibles condiciones del ser humano en una misma frase porque las considere primas hermanas. Aunque se suele pensar que los malvados son muy inteligentes, yo diría que lo son solo para hacer el mal, una de las cosas más fáciles que hay en esta vida. Un inteligente de verdad no suele recurrir a triquiñuelas porque la cabeza le da para saber que, por lo general, son pan para hoy y hambre para mañana. Por eso tiendo a pensar que detrás de la maldad hay como una especie de vengarse de los cielos por su injusticia en el reparto de dones. Pero, bueno, todo esto no es más que metafísica, es decir, un intento de aproximación a la realidad que, como les decía ayer, nunca, por la propia naturaleza de las cosas, podrá llegar a consumarse. 

Es tremendo que el ser humano se niegue a reconocer algo tan sencillo como que nunca podrá estar en posesión de la verdad absoluta. Juraría que detrás de esta tozudez está la razón última de todas las querellas. Sin ir más lejos, todas las que, a lo largo de los siglos, se fundamentaron en el obstinarse los unos en que los seres humanos están predestinados y, los otros, que disponen de libre albedrio. ¡Semejante estupidez! ¿Quién con dos dedos de frente no va a saber que no hay una línea clara que separe lo que hizo por propia decisión y lo que hizo arrastrado por fuerzas telúricas? Es elemental y, sin embargo, ya ven, ahí sigue la humanidad en sus trincheras sin querer ceder un ápice de sus estultas razones. 

Claro que, una cosa sería reconocer las fuerzas telúricas que nos arrastran y, otra, cómo gestionarlas para que la vida en sociedad sea posible. Aquí si que no hay que andarse en contemplaciones: el que la hace la paga; ojo por ojo. Al fin y al cabo, todos tenemos esa porción de libre albedrío que justificaría, al menos en parte, el castigo; y la parte de injusticia que en ello pudiera haber se lo achacaremos a la natural imperfección de todas las obras humanas... pretender lo contrario no nos lo perdonaría el cielo. 

En resumidas cuentas, que hay lo que hay porque no puede ser de otra manera y, además es imposible. Si todos tenemos un punto de estultos será porque los dioses consideran que es bueno para el normal desarrollo de las cosas... que ya sabemos que les gusta escribir recto con renglones torcidos.

sábado, 10 de mayo de 2025

Asíntotas

 



Las asíntotas son una cosa muy curiosa, porque, por más que insistas nunca, a no ser que creas en un lejano infinito, conseguirás que una función lineal y otra racional lleguen a tocarse en un plano cartesiano, que seria una representación de la realidad. Están en un constante proceso de aproximación, pero nunca culminan el intento, ya digo, hasta ese hipotético infinito que es una de entre las más atrevidas abstracciones salidas de la mente humana.

Digamos, jugando con las palabras, que la función lineal es la verdad y la función racional es el recto razonar; pues bien, por mucho que el recto razonar se empeñe a lo más que puede aspirar es a un estar aproximándose a la verdad sin nunca conseguirlo del todo. ¡Y qué le vamos a hacer si la naturaleza nos impuso esa limitación! Afortunadamente, nos dio las matemáticas para que podamos comprenderlo.

Pensaba ayer en estas cosas porque me he pasado, y me sigo pasando, la vida creyendo que ya estaba, o estoy, tocando la verdad y, como diría San Agustín, parlando con liviandad de mancebo de muchas cosas dudosas como si fuesen averiguadas. Pongamos por caso el tema del papado, ahora que tenemos nuevo papa, dado lo cual, ayer me aventuré a decir la mía sobre el particular en este blog. El papa León XIV, que hemos de suponer que tomó ese nombre en un intento de hacernos recordar al papa León XIII, famoso por haber escrito una encíclica llamada Rerum Novarum (Sobre la situación de los obreros). Pues bien, cuántas veces no habré escuchado opiniones sobre esa encíclica a livianos mancebos que, sin, lugar a dudas, no se habían tomado la molestia de leerla. ¿Para qué, si ya sabemos lo que son las cosas de la Iglesia? ¡La doctrina social de la Iglesia! ¡Puafff! ¡Puro reaccionarismo!  

Ayer, incitado por un video de Juan Ramon Rallo, decidí leerla. ¡Menuda sorpresa! No es que sea el Manifiesto libertario de Rothbard, pero tiene un aire a él. Para mí que está muy inspirada en la Escuela de Salamanca. Son las ideas extraídas del derecho natural, la libertad individual, la propiedad privada, la familia, el ahorro -léase austeridad- como mecanismo de liberación, la filantropía... en definitiva, el muy limitado papel subsidiario del Estado en las situaciones límite. No es de extrañar que el marxismo cultural imperante haya tratado por todos los medios, cuando no de ocultarnos, sí de desprestigiar todo lo que huela a Rerum Novarum y los demás escritos que la pudieran haber inspirado. La libertad -el libre albedrío- del individuo para escoger el camino por el que quiere llegar al paraíso es como echar agua en el fuego marxista.

Resumiendo, uno lee la Rerum Novarum y cree que ha dado un nuevo paso para acercarse a la verdad, esa entelequia que nunca podré tocar porque está, allí, en ese hipotético infinito que es la muerte.  

viernes, 9 de mayo de 2025

Papas y Césares

Lo que realmente diferencia al ser humano del resto de los animales es que es el único que tropieza dos veces en la misma piedra. Digo dos y lo mismo podría decir dos mil. Es la contumacia que produce la estulticia. Porque, por falta de conocimiento no es. De hecho, todo lo importante se sabe desde la noche de los tiempos. Pongamos por caso, que el mal siempre viene disfrazado de bien. ¿Cuántas páginas no se habrán escrito para advertirnos de esta realidad incuestionable? Pero como quien oye llover cuando está bajo un techo confortable. ¡Ay el confort, como nos infantiliza! 

Estaba ayer por la tarde dedicado a mis ensoñaciones habituales cuando, de pronto, un repique de campanas me sacó de ellas. No tardé en enterarme de que se acababa de elegir una nuevo papa. No alcanzo a comprender la trascendencia real que pueda tener semejante acontecimiento. En cualquier caso, la institución del pontificado se creó pensando en que sería bueno para el funcionamiento del mundo que las cosas de Dios estuviesen separadas de las cosas del césar. Sin duda, a juzgar por la experiencia habida, la idea era tan buena como impracticable. 

Impracticable por cuestiones elementales: nadie va a hacer caso al que promete el paraíso en la otra vida si enfrente hay otro que lo promete en ésta. Así es que a los papas no les queda más remedio que jugar a ser césares. Eso del sacrificio está bien, pero no para alcanzar la vida eterna, sino para poder ir de veraneo a Benidorm -ven y duerme-. 

En fin, Papas montoneros, lo que la gente pide: promesas de paraíso en esta tierra. Y es que el bien disfrazado de mal es muy duro de tragar... sacrificar a los dioses no vende, luego seamos césares camuflados de papas y ¡a vender ilusiones!

jueves, 8 de mayo de 2025

Del monte, en la ladera

Vivir apartado del mundo es condición sine qua non para poder dormir sin tomar pastillas. A nada que bajas a cualquier plaza a conversar te empiezas a enterar de los mil males que nos amenazan desde todos los ángulos. Entonces, es imposible no desquiciarse. Para mí que esos males de los que todo el mundo habla son los de siempre, incluso atenuados -no hay más que darse una vuelta por cualquier supermercado para darse cuenta-, pero, ¡ay, los perinquinosos peros!, la gente en general tiene tanto tiempo para mirarse el ombligo que no puede evitar ver allí dentro lo que realmente hay: excrementos. Y se desespera y trata de remediarse pasando a los demás una parte de su mal. Un mal realmente terrible, porque, además, es un mal con el que nos hemos topado persiguiendo el bien supremo: tenerlo todo resuelto con el mínimo esfuerzo. Y no habrá sido porque no estábamos advertidos. Solo hay que ir a los primeros textos escritos y allí te lo explican: nada complica tanto la vida como inventar  cosas para facilitártela. Y hemos inventado tantos cachivaches milagrosos que esto es un verdadero asco. 

Es un asco sin paliativos. Ciudades enteras especializadas en entretener a las mesnadas ansiosas. Oficios de mierda, que apenas exigen del concurso de la cabeza para llevarlos a cabo. Así es que nadie está a lo que está porque es imposible estar a algo que no es nada. No es extraño, entonces, que el espectro de la muerte en forma de malos augurios nos este siempre sobrevolando. Y de ahí lo que les digo, que hay que apartarse del mundo si quieres vivir sin tomar pastillas.

Es lo que decía Fray Luis, que, del monte, en la ladera, tenía un huerto, que, con la primavera, de bella flor cubierto, ya mostraba en esperanza el fruto cierto. Ese es el punto, que trabajar en un huerto apartado es lo único que genera esperanza, ese estado de ánimo que nos aleja el espectro de la muerte. 

Así que, señoras y señores, no me esperen por las plazas públicas. Prefiero estar en el huerto que tengo en la ladera del monte.